Economía

La violencia laboral: cuando el trabajo enferma

Conclusiones de las 1ª jornadas argentino venezolanas sobre la salud laboral organizadas por la Asociación de Abogados Laboralistas de Rosario.

Domingo 29 de Septiembre de 2013

Entre violencia e injusticia no hay diferencia sustancial u ontológica porque en ambos conceptos subyace el dominio del fuerte sobre el débil". Con este concepto, el presidente de la Asociación de Abogados Laboralistas de Rosario (AALR), Jorge Elizondo, inauguró las primeras jornadas argentino- venezolanas sobre violencia laboral. Con la presencia de letrados de la Asociación Venezolana de Abogados Laboralistas (Aval) y decenas de profesionales locales, en el encuentro se repasó la situación nacional en torno a la problemática de la violencia y salud en el trabajo a través de estudios, normativas y legislación vigente en ambos países sudamericanos. Además, se adelantó la intención de trabajar un derecho laboral del Mercosur.

"La violencia laboral, es una forma de abuso de poder que tiene por finalidad excluir o someter al otro. Puede manifestarse como agresión física, acoso sexual o violencia psicológica, tanto en sentido vertical (del patrón al empleado, ascendente o descendente) como entre pares. Este maltrato puede ejercerse por acción u omisión y tiene efectos directos en la salud el bienestar de las personas que trabajan. Es fundamental entenderlo como una violación a los derechos humanos y laborales", consideró Marisa Fiorillo, miembro de AALR y del Instituto del Derecho del Seguro del Colegio de Abogados.

La letrada profundizó acerca de los factores de riesgo psicosociales (FRPS) que pueden devenir en alteraciones de la salud de los trabajadores, basándose en datos de la primera encuesta nacional de trabajo, empleo, condiciones y medioambiente laboral y salud, realizada en 2009 y publicada en abril de este año por la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT).

Según la misma, tres de cada diez trabajadores sufrieron situaciones de violencia laboral y un 25 por ciento manifestó estar expuesto, al menos, a un factor de riesgo derivado de la organización del trabajo, principalmente jornadas de trabajo que no le permiten descansar adecuadamente, sea por extensión, falta de pausas in situ y/o francos, etcétera.

La encuesta se efectuó en base al testimonio de 7.195 trabajadores y trabajadoras, representativos de un universo de 3.432.653 ocupados de sectores registrados en la seguridad social, exceptuando al sector primario y estatal. Si bien la metodología es apropiada y los datos son contundentes, vale resaltar que dejó afuera a parte de los sectores más vulnerables en lo que a relación laboral respecta: los trabajadores en negro, los vinculados a actividades extractivas y quienes tienen de patrón y árbitro al Estado.

Para el análisis, la SRT tomó dos grandes grupos de factores de riesgo: los derivados de la violencia laboral (FRVT), que incluye amenazas de diversa índole, agresiones de jefes, compañeros y personas externas a la empresa, acosos, etcétera; y los derivados de la organización del trabajo (Frot), que abarca lo respectivo a jornadas laborales, capacidad de autonomía en la forma de desarrollar el trabajo y las pausas, si se realiza trabajo nocturno, y otros.

Además, se estableció la categoría de "doble exposición" para aquellos trabajadores que sufren simultáneamente al menos un riesgo de cada uno de los dos grupos mencionados.

El elemento dominante en factores de violencia fue la "agresión del público/clientes/alumnos/pacientes" (19,8 por ciento), que superó ampliamente la "agresión de superiores" (7,4 por ciento). De hecho, sorprendió que un 40 por ciento de los profesionales, se consideraran expuestos al maltrato de personas ajenas al establecimiento. Para la Superintendencia este hecho "tiene estrecha relación con el modo en que se gestiona la organización del proceso de trabajo por parte del empleador. La diagramación del modo en que se vinculan los trabajadores con las personas que no trabajan en el establecimiento es potestad del empleador, pudiendo modificarse".

Divididos por rama de actividad, los sectores más expuestos a FRVT fueron electricidad (37 por ciento), comercio (33 por ciento), servicios sociales (31 por ciento) y transporte (30 por ciento). Si bien en todos prevalece por amplia mayoría la "agresión del público/clientes/etc", en industria y transporte se destacan las amenazas no vinculadas al despido. El sector de comercio muestra más altos niveles de agresión de presidentes y jefes que en el resto de las ramas, pero en materia de amenaza de despido y agresión y presiones de los propios compañeros, el sector industria se destaca sobre los demás.

Dinámicas insanas. Los hechos de violencia directa, generan diversos efectos en la salud. Desde cansancio, dolores musculares y óseos hasta cuadros depresivos con intentos de suicidio pueden ser respuestas a la agresión psicológica.

Además y como bien se sabe, cada trabajo tiene sus "gajes": condiciones físicas, químicas y/o biológicas que inciden en la salud corporal, a los que se suman repercusiones nocivas por cómo se organiza el trabajo. "Actualmente todo se centra en la performance y se cuida el puesto laboral compitiendo con los demás, lo que a su vez genera situaciones de profunda soledad para quienes no se interrelacionan en el lugar de empleo, pudiendo generar hasta situaciones de suicidio", apuntó Fiorillo. El actual modelo organizativo del trabajo empuja también a que esa soledad aparezca como traba a la hora de pedir una mejora de algún aspecto de la relación laboral.

"La ley 26.773 de riesgos de trabajo, mejoró lo que estaba pero en materia de la reparación, no de la prevención. Nos falta la constitución obligatoria de los comités mixtos de salud y seguridad en el trabajo", destacó al respecto Elizondo, quien consideró a su vez que los fenómenos de violencia tienen estrecha vinculación con la forma de administrar la organización del trabajo y el ambiente físico en que se desenvuelve.

Según indicó la encuesta de la SRT, un tercio de los consultados señaló que existe alguna situación entre regular y mala respecto a los factores de riegos físicos presentes en su lugar de trabajo. "En materia de daños a la salud, al menos 686.000 trabajadores dijeron haber sufrido algún problema de salud con relación al trabajo. Casi una quinta parte de los encuestados (19 por ciento) dijo haber sufrido algún accidente en su vida laboral y 8 por ciento en el trayecto a su trabajo. El 80 por ciento de los trabajadores atribuyó los accidentes a "insuficiencias edilicias, de maquinarias o herramientas defectuosas".

Sin dudas, entre los que peor la pasan, están aquellos que se desempeñan en establecimientos con más de 500 trabajadores, donde se registraron mayor índice de agresiones de presidentes y jefes, amenazas en general y amenaza de despido. A su vez en estas empresas, es llamativo cómo se disparan los riesgos derivados de la organización del trabajo. En comparación a lugares de menor cantidad de empleados, en éstos existen bajos niveles de autonomía (para orden, ritmo y método de trabajo y pausas), alta carga mental (cuantitativa y cualitativa), trabajo nocturno y acelerados ritmos de trabajo. Se desprende que los trabajadores de grandes establecimientos, son víctimas catalogadas de "doble exposición".

Respecto a las ramas más vulnerables a Frot, construcción va a la cabeza, con el 50 por ciento de los empleados expuestos. A su vez, sobre el total de afectados por estos factores, el 41 por ciento se encuentra sometido a una diagramación de jornadas laborales que le impiden tener el requerido tiempo de descanso y recuperación.

Justamente, entre los elementos que incrementaron dramáticamente la cantidad de accidentes, están el trabajo nocturno, el ritmo acelerado de trabajo (duplican la cantidad de accidentados), las jornadas extendidas, no gozar de autonomía y soportar fuertes cargas mentales (incrementan en más de un 50 por ciento los trabajadores accidentados en relación con los que no se accidentaron).

Al dividir a los encuestados por calificación, origen y sexo, los datos son más que interesantes. En primera instancia, los trabajadores menos calificados tuvieron mayor cantidad de enfermedades y accidentes, mientras que los más calificados registraron más casos de los síntomas de salud general y las visitas al médico. En segunda instancia, los trabajadores inmigrantes reportaron peores indicadores de salud en todas las variables en comparación con sus pares argentinos, excepto en la de salud mental. Respecto al sexo, se identificó que los hombres tienen mayor cantidad de accidentes que las mujeres, pero que éstas, en cambio, dijeron haber padecido más enfermedades laborales.

Respecto a los efectos físico-psíquicos, la Superintendencia apuntó que en Argentina, "entre los trabajadores que perciben que el trabajo afecta su salud, se destacó la presencia de síntomas vinculados con trastornos musculoesqueléticos, alergias, trastornos cardiovasculares, agotamiento y depresión".

Cuestión de democracia. A lo largo de la historia, los derechos fueron conquistados colectivamente y, en este sentido, es alarmante otro dato arrojado por la SRT: sólo el 32,6 por ciento de los trabajadores afirmaron que en esa empresa existía representación sindical. Más allá de haber un gremio representativo, éste no existe en el cotidiano dentro de la fábrica, marcando un déficit político de los sindicatos que colabora a la exposición de los y las empleadas a factores de riesgo psicosociales. "Lamentablemente la burocracia sindical ha sido cómplice, porque en Argentina tenemos bajísimos porcentajes de trabajadores organizados dentro de la empresa, por más que tenemos altos niveles de afiliación sindical", denunció el presidente de AALR.

Parecería necesario racionalizar que, para quienes viven del trabajo propio, el lugar de empleo es quizá el que mayor cantidad de horas habitan cotidianamente. La violación de los derechos laborales, son un enemigo agazapado que, a nivel social, "consolida la discriminación, favorece el descreimiento en las instituciones y en la justicia", definió Fiorillo.

En perspectiva de modificar la situación, el dirigente de los laboralistas locales, evaluó que "nos vemos obligados a construir un nuevo derecho, que no será copia, sino creación heroica de nuestros pueblos, de nuestros trabajadores y de nuestros juristas. Todo en función de un debate amplio y constructivo que necesariamente debe profundizarse en nuestra sociedad, si queremos aportar a la transformación democrática de la misma".

Por eso, estas primeras jornadas argentino - venezolanas realizadas en la Casa del Foro buscaron dar el puntapié para pensar en un derecho laboral del Mercosur tomando los aspectos más avanzados de la legislación de cada país, e incluso aquellos casos que han sentado jurisprudencia en diversas áreas del trabajo que, en muchas ocasiones, son más contundentes que las mismas leyes.

"Nosotros en su momento fuimos el país más avanzado en la materia de América latina, pero hoy la legislación está alejada de la realidad de las empresas y las formas de relación con los patrones, que en muchos casos siquiera se los conoce", apuntó Elizondo.

Entre los puntos a trabajar, figuraría la reivindicación histórica de la reducción de la jornada de trabajo y algunos abordajes comunes en torno a los riesgos laborales que se repiten en diversos territorios, dado el carácter trasnacional de las metodologías organizativas empresariales. De hecho, muchos casos de agresión a la saludo psicofísica se dan en empresas trasnacionalizadas, donde prima lo impersonal, la gran escala, la sensación de descarte fácil y hasta la imprudencia en proteger la integridad de los empleados pues hay otros dispuestos a su reemplazo.

En este sentido, Fiorillo eligió coronar su presentación con las palabras de Cristophe Dejóurs, Profesor del Conservatorio Nacional de Artes y Oficios y director del Laboratorio de Psicología del Trabajo de Francia: "Trabajar no es sólo producir, es vivir juntos. Las defensas colectivas y la cooperación son condiciones para la salud mental. Un trabajo fundado en reglas colectivas es el mediador más común del vivir juntos en democracia, porque las personas tienen más espacio para pensar y pueden beneficiarse de la ayuda y la solidaridad de los otros. Por tanto, es la condición de la salud mental".•

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