Economía

La pobreza y el escaso acceso al agua potable

Académicos nacionales y del exterior analizaron la problemática en un encuentro en la Cámara de Diputados de la Nación.

Domingo 22 de Marzo de 2015

Días atrás, la Cátedra del Agua de la Universidad Nacional de Rosario (Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales) celebró el "Día Mundial del Agua" con una actividad interesante e innovadora: se realizó el primer conversatorio: "Donde hay pobreza. No hay agua", dentro del contexto de la actividad internacional "Declaremos ilegal la pobreza" (DIP) ante la ONU. Tuvo lugar en la Cámara de Diputados de la Nación. Este mecanismo novedoso de participación contó con distintas personalidades académicas, periodistas, religiosos, sociales, gremiales, políticos y de derechos humanos de distintos lugares del país. Casi todos miembros del Consejo de la DIP Argentina. Presidíamos este ámbito el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez, el pensador internacional Leonardo Boff, Eduardo Barcesat y el que suscribe.

El debate fue muy sustancioso, pero fundamentalmente profundo. Los aportes de Leonardo Boff permitieron tener una visión más trascendental que superara no sólo a la cotidianidad mercantilizada de la vida sino también para poder modificar situaciones sistémicas actuales en pos de la lucha contra la pobreza y a favor del derecho humano del agua para todos.

Una de las cuestiones directrices que se hablaron fue la necesariedad de desmantelar lo dado, lo obvio, por ende, romper con los procesos de naturalizaciones. Obvio, según el diccionario de la Real Academia Española, entre otros significados, es lo que se encuentra o pone delante de los ojos. Nosotros muchas veces por ver en repeticiones infinitas pobreza y no acceso al agua en el barrio, en una zona o en el mundo, lo "normalizamos" lo incorporamos en el inconsciente colectivo de que es así.

El resultado de este proceso, es cuando obtiene una legitimación pasiva, ¿qué es la legitimación pasiva?, es cuando decimos pasivamente que no se puede cambiar esa realidad. Confundimos un proceso que puede ser lento con lo eterno, es decir lo legitimamos con que siempre serán las cosas de ésa manera. Lo más funcional a un sistema de indiferencia, desidia e injusticia, es cuando dejamos de pensar y sólo razonamos para las operaciones diarias de supervivencia individual. Cuando dejamos de pensar en sentido de bien común y en comunidad nos acercamos inexorablemente a un problema irreversible sobre la Tierra, por un consumismo insustentable, una injusticia social y ambiental atroz y una contaminación que hipoteca futuro de vida. Estados Unidos y China tienen mucho para reparar y siguen sin hacerlo.

Biocidio. Un biocidio camina sobre la Tierra: 3 .000 millones de personas son pobres relativos (u$s 2,50 diarios por día y per capita), 1.400 millones de pobres absolutos (u$s 1 por día per capita) 1.100 mil millones de personas no acceden a agua sana, 2.600 millones de personas no acceden a servicios sanitarios, 842 millones de personas desnutridas, 4.000 niños mueren en el mundo por día por no acceder a agua saludable, 2 millones de personas adultas mueren por año por no acceder a agua segura y 1.200 millones de personas no acceden a la electricidad. El 80 por ciento de la humanidad, es decir cerca de 6.000 millones de personas, vive por debajo de u$s 10 por día. El cambio climático que padecemos podrá ocasionar el desplazamiento de más de 100 millones de persona por las inundaciones entre otros factores.

Según la FAO se estima que en el 2035 cerca de 5.000 millones de personas estarán afectadas por la escasez del agua. Según Unicef 30 millones de niños en los países ricos, viven la pobreza. En los países en desarrollo 270 millones de niños no pueden acceder a asistencia sanitaria. La crisis del 2008 arrojó a la pobreza absoluta a cerca de 64 millones de personas. Hoy 753 personas físicas controlan los medios de vivencia del 80 por ciento de la Tierra. El 60 por ciento del crecimiento poblacional, que se calcula aproximadamente en el 2050 en 10.000 millones de personas, se producirá en los países en desarrollo, o sea que el crecimiento poblacional agudizará la desigualdad social. Que de suyo se traducirá en pobreza absoluta, relativa, y no accesibilidad al agua y a los servicios sanitarios.

Todos estos datos nos marcan una gravísima desigualdad, que se torna en la apropiación de la vida de la Tierra de muchos por unos pocos. El fantasma real del biocidio recorre el planeta.

Biocivilización. Como dijo Boff Boff, "ha llegado el tiempo de poner límite a un sistema depredador de vida de los seres humanos y de la vida en general. Ha llegado el tiempo de atrapar la razón cartesiana de la producción y el mercado infinitos, de poner fin a la pobreza consuetudinaria y naturalizada". Necesitamos de la biocivilización, esto es, necesitamos de más bien común, de más bienes naturales y elaborados, también del bien agua segura para todos y de los bienes elementales para todos. Son bienes y no recursos, recursos son los elementos mercantilizados, los bienes son como dicen los pueblos originarios las bondades de la naturaleza.

Un informe de principios de los años 70"del siglo XX del Club de Roma, planteaba de alguna manera que el crecimiento de la "desigualdad" tiene que tener un límite, sin ése límite se convertiría en una nociva metástasis. La carencia de agua segura, la carencia de los alimentos básicos y servicios esenciales y el no acceso a la igualdad inclusiva genera situaciones negativas irreversibles.

(*) Director de la Cátedra del Agua (UNR)

 

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