Domingo 05 de Julio de 2020
—¿Cuál es tu actividad empresarial en este momento y cómo te pudiste adaptar a las reglas impuestas por la pandemia?
—Mi actividad tiene un costado profesional. Ejerzo la contabilidad de forma tradicional a través de un estudio compuesto por varios socios y colaboradores. En materia empresarial tengo una empresa de desarrollos inmobiliarios en Rosario, el sur del país y Uruguay. También poseo algunos eslabones en la actividad portuaria, y últimamente he incorporado tareas en materia de sociedad civil, organizaciones de tercer sector, dirijo la fundación Gran Gala Rosario que es de carácter filantrópico y presido el Foro Regional Rosario. Hago de todo un poco. Respecto a cómo me afectó todo esto, en un primer aspecto general, como a todos, tuvo que ver con el encierro. Sin embargo este tipo de situaciones al principio me impactan, pero rápidamente empiezo a pensar en la salida y como reposicionarme. Venimos de una sociedad donde estos escenarios lamentablemente, con distintas particularidades, se han vivido en múltiples ocasiones. Creo que si uno llegó hasta acá, lo hizo por haber estructurados sus cosas con redes de contención ante este tipo de circunstancias. Siempre repito lo que le transmito en la consultoría de empresas a mis clientes, o en los momentos que puedo compartir un rato de docencia a mis alumnos: hay que estar permanentemente previendo cuáles son las vías de salida posibles frente a una situación que altere tu planificación inicial. En los desarrollos inmobiliarios que han tenido que ver con hotelería o propiedades horizontales de carácter urbano, lo que más me complicó en todos los análisis fue el Plaza Real, porque en un principio era la única posibilidad que había. Cuando desarrollé hoteles que tenían la posibilidad de convertirse en una salida de propiedad horizontal o alquiler temporario, siempre me dejaba más tranquilo. Fue allá por el 2001 que tuve que debutar en una actividad que no tenía múltiples alternativas que sirvan como contención o sistemas para enfrentar crisis. Esta crisis tiene la particularidad de tener un carácter muy general. Impacta no solo al país, sino a todo el mundo con distintos grados. Algo que me hizo muy bien fue siempre ir a las fuentes científicas y evitar prensa amarilla, busqué seriedad. Lo hice en principio con la información medicinal, y luego también con la económica y política. Es fundamental no prenderse en todo lo que hay. Soy una persona con alto nivel de actividad en redes sociales y detecté que hoy, lamentablemente, están llenas de porquería.
—Tenés una vida pública muy activa y en muchas oportunidades trabajas con fundaciones en lo que es la relación Estado-sociedad. ¿Cómo viste al Estado provincial moviéndose en esta pandemia en relación al sector empresario?
—Te lo puedo decir muy bien porque integro un Comité de Crisis que lo forman cuarenta y siete instituciones de la provincia. Notamos al Estado provincial un poco lejos, todavía no hemos tenido una reunión con el ministro de Producción. Si nos atendieron, pero entendemos que la gravedad de la situación requiere de una presencia más completa. El Comité lo que hace es ponerse a disposición de las autoridades provinciales para trabajar codo a codo. Nosotros decimos que el problema grave no son los sesenta días que pasaron, sino lo que viene del día sesenta y uno para adelante cuando empezás a recoger los heridos. Y ahí necesitas fluidez en que todos los sistemas de ayuda sean oportunos en cómo le llegan a la gente. Si esto no ocurre nos vamos a llevar puestas un montón de empresas, no porque no existen los programas para asistirlas, sino porque no se ejecutan a tiempo. Hay un primer momento donde incluso tengo mi crítica al sistema financiero institucional por ser muy lento y pesado. No hay duda que le terminaba prestando a quienes no lo necesitaban y estaba lejos de asistir a quienes transitaban la crisis. Ahí te tengo que remarcar lo que vimos, lentitud en la provincia. Ahora parecería que se empieza a reactivar un poco. Esta situación que te marco no la notamos ni el marco nacional, ni en el municipal. Ambos actuaron rápidamente y pusieron todo a disposición. La intervención a nivel nacional la hicimos a través del ministro Rossi, porque a nivel de lobby es la persona más alta que existe en la región, aunque sus funciones no se entrelacen directamente. En lo municipal fue el intendente Javkin en persona, y en la provincia todavía nos ha costado tener ese interlocutor. En estos grados de complejidad, si bien Nación es muy importante, la provincia está en segundo lugar.
—Si te tocara resumir, ¿Qué está reclamando hoy el empresariado santafesino y rosarino para la acción del Estado provincial y municipal?
— Concretamente tiene que ver con impuestos y retenciones, el ingreso bruto es un tema importante. Los vencimientos también son un foco y si bien se estiraron y ahora saldrá un nuevo plan, no hay duda que la moratoria que terminó hace perder la necesidad de otro auxilio. Lo segundo tiene que ver con la ayuda que puede aportar financieramente el Banco Santa Fe, que hoy está ausente. No hay que olvidarse que es un banco que tiene la mayoría de los depósitos judiciales en sus arcas, y podría de alguna manera tener programas de trabajo en complemento con las necesidades que cubren el Banco Nación u otras instituciones bancarias. El tercer punto lo vincularía con empresas de servicios como Aguas Santafesinas y la EPE, donde es necesario por ejemplo que esta última revise la compra de cupos de energía para todo el sistema industrial. Si bien ya se habla de que se está modificando, tiene que llegar enérgicamente al efecto de que vos estés pagando hoy cuando todas las industrias están en subocupación de su capacidad instalada, y eso está actuando prácticamente como un impuesto. Esta adecuación se necesita rápido. Y lo último en materia provincial lo vinculo a la reunión que tuvimos con Claudio Mossuz, el secretario de Industria. El dijo de cierta manera que “estábamos saliendo y que muchas empresas ya estaban abriendo”. Ojo con la vuelta a la apertura porque acá nos podemos equivocar, y lo digo como alguien que mueve relaciones con sectores productivos, comercial y de servicios. Volver a abrir es estar en el 20 o 30 por ciento de lo que era anterior al 19 de marzo. O sea, la mera apertura no significa vuelta a la normalidad.
—¿Cómo ves a Rosario saliendo de la pandemia? ¿Qué le faltaría al gobierno municipal para empujar un poco más la actividad económica?
— Estas paulatinas aperturas que va teniendo la ciudad muestran que la gente lentamente se empieza a sumar. Todavía la fluencia no es grande porque hay temor. En los últimos días aparecieron datos de casos positivos en la provincia y eso por supuesto genera desconfianza. Sin embargo veo sólida a la ciudad, el rosarino es una persona cuidadosa. Si bien existen situaciones de reducción de personal, no se ven tantos cierres. Lo que tiene que venir tanto de la provincia como del municipio, son estímulos para que quienes invirtamos lo hagamos rápidamente, hay que tirar señales claras. Acá hemos hablado con el intendente porque está la idea de separar a Rosario en distritos, estimulando alturas más importantes en virtud de invertir para la construcción. Alguna vez hay que pensar que al capital hay que coquetearlo un poco y tratar de seducirlo para que aparezca lo más rápido posible.
— Salís ahora de la oficina, te lo encontrás a Alberto Fernández y te pide un consejo, ¿Qué le dirías?
—Número uno que focalice en el día después de la salida. Creo que cuando lleguemos a un punto en el que, no quiero hablar de dominio ni mucho menos, pero sí claridad respecto a ciertas cuestiones de la enfermedad, tiene que dejar de ocurrir lo que vivimos de cargar la agenda política y económica de cuestiones sin sentido, que te aseguro que pasó. Acá me refiero por ejemplo a un paper que circuló por parte del ministro Kulfas, y Alberto tendría que tomarlo como un compromiso porque eso haría muy bien al marco de deuda y que vuelva a haber un espíritu para que quienes emprendemos nos comprometamos con esto y le metamos para adelante. Haría muy bien que el sector más dinámico de la economía se sienta tranquilo y no piense que está hoy sembrando el trigo y no sabe con qué se encontrará cuando esto siga pasando. Vendría muy bien también para que quienes están atravesando momentos críticos no teman perder los derechos de propiedad. Le diría eso, no es momento de tensionar como pasó las primeras tres semanas con el tipo de cambio al que accedía el importador, situaciones como el famoso “Bono Guzmán” en las retenciones o el caso Vicentin. Todos estos golpes una vez por semana cuando vos estás sacando la cabeza para respirar y ver para donde querés ir, solo le hacen mal a la economía, a la política y al país en su conjunto.
—¿Cómo te distraes de todo esto? ¿Tenés algún hobby?
— Me gusta mucho la pesca pero lamentablemente fue otro de los deportes que se suprimió en este tiempo, recién ahora comienza a haber alguna apertura. Con esta cuestión virtual estoy participando en muchas reuniones con gente de otros países donde intercambiamos experiencias y eso se me hace muy bien. Lo otro que me reconforta son los contactos que todo esto generó. En mi caso volví a estudiar y eso me pone muy contento. Me estoy formando en Agroeducación.