Economía

La industria cultural, un nuevo motor del empleo

La fisonomía de las grandes ciudades cambian y las actividades productivas que motivaron el crecimiento de esas urbes ceden el paso a otros sectores más vinculados a los servicios.

Domingo 11 de Mayo de 2014

La fisonomía de las grandes ciudades cambian y las actividades productivas que motivaron el crecimiento de esas urbes ceden el paso a otros sectores más vinculados a los servicios. Es ahí que aparecen con fuerza las economías creativas. “Todas las ciudades tienden a perder sus sectores tradicionales porque hay un recambio de la matriz productiva, las grandes industrias se van buscando mayor superficie y normas ambientales más laxas y naturalmente hay un recambio de economías basadas en los servicios y las industrias creativas son muy relevantes por la agregación de valor que tienen”, advirtió Enrique Avogadro, subsecretario de Economía Creativa del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba), durante su paso por Rosario.

   Las industrias culturales —representadas por la música, las artes visuales y escénicas, el diseño, videojuegos y los libros— representan el 3,8% del Producto Interno Bruto (PIB) argentino y dan trabajo a más de 200.000 personas pero tiene aún mucho más para dar.

   En el marco del Programa de Cooperación de Políticas Públicas Innovadoras del Ministerio de Gobierno porteño, el funcionario visitó Rosario y contó cuáles son las principales políticas innovadoras implementadas por el gobierno de la Caba. “Buenos Aires y Rosario tienen una relación de intercambio histórica que nos gustaría que sea más intensa en términos de intercambio vinculado a la economía creativa. Por eso, no sólo venimos a contar lo que hacemos allá, sino también a conocer lo que se está haciendo en Rosario”, señaló Avogadro durante su presentación en la Casa de la Ciudad de Buenos Aires en Rosario.

   —¿Qué lugar ocupan las industrias creativas dentro del entramado económico-productivo?

   —Cuando hablamos de industrias creativas estamos hablando de las que tienen al talento como insumo principal. El cine, la publicidad, la televisión, la animación, videojuegos, la industria editorial, de la música, el diseño, la economía digital como desarrolladores web o de aplicaciones móviles. Es un segmento muy amplio y muy interesante desde el punto de vista económico. En Buenos Aires alrededor del 10% del PBI y del empleo tienen que ver con esto.

   —Algunos actores no llegan a dimensionar la importancia de estas actividades, cómo actuar frente a esto?

   —Es un sector que está un poco a caballo entre cultura y economía. Siempre está esa duda, no sólo es en Argentina sino a nivel mundial. Hay enfoques donde está más vinculada a nivel económico, pero en la región está anclada en cultura y para mi el problema que tiene eso es que te perdés una dimensión muy relevante que es que son industrias que generan alto valor agregado y empleo. El fondo de la discusión es que todas las ciudades tienden a perder sus sectores tradicionales porque hay un recambio de la matriz productiva. Las grandes industrias se van, buscando mayor superficie y normas ambientales más laxas, y naturalmente, hay un recambio de economías basadas en los servicios y las industrias creativas que son muy relevantes por la agregación de valor que tienen. En Buenos Aires hay unas 60 mil personas vinculadas a la industria audiovisual, en forma directa e indirecta, estamos hablando de directores, actores y también la gente que trabaja en el catering, hoteles, restaurantes.

   —¿Qué políticas hay que llevar adelante desde la esfera pública?

   —Hay que entender que en el origen hay una valor simbólico cultural muy relevante pero que a la vez es muy importante trabajar en estos sectores para que sean sustentables. Prefiero separarlo del Ministerio de Cultura porque a la cultura hay que apoyarla en sí misma y sobre todo la que no es rentable. Cuando hablamos de industrias creativas tomás la decisión como Estado y lo hacés porque pretendés que esa gente después genere un efecto de creación de empleo. Vale la pena apostar a estos sectores, las cifras lo avalan.

   —¿Cuáles son los problemas que enfrentan quienes son parte de una industria creativa?

   —Tienen una serie de déficits y por eso nos enfocamos en capacitar en gestión. Los estudiantes salen con una formación muy sólida desde el punto de vista creativo pero le falta la gestión. Nos metemos en las escuelas a través de contenidos que fomenten el emprendedorismo. Tenemos que hacer que chicos que antes estudiaban de memoria ahora empiecen a incorporar habilidades. Están estudiando para trabajos que no sabemos cuáles van a ser en el futuro. Ser desarrollador de IOS, el sistema de Apple, no existía hace cinco años y hoy es un porcentaje grande de la torta.

   —¿Cuál sería otro punto a trabajar desde las políticas públicas?

   —Estamos tratando de capacitar a los creativos en negocios pero en paralelo hay un tema que es cómo capacitar a los especialistas de negocios en temas creativos. Lo ideal es una alianza de estas dos cosas. Es difícil que el creativo se ocupe de las finanzas, lo ideal es que tenga una base para que no lo estafen pero es mucho mejor que después tenga un socio que se ocupe de la otra parte.

   —¿El financiamiento de los proyectos es un tema clave?

   —El financiamiento es un problema, y en Argentina es central porque a diferencia de otros países el mercado financiero es poco sofisticado. Olvidémonos de la macro que es un desastre, los organismo públicos son muy engorrosos, poco eficientes. Un emprendedor si tiene que pedir un préstamo hoy no puede esperar ocho meses, se te va la vida. Los bancos no financian estas cosas, cuidan la plata. Pero de a poco está comenzando a surgir una nueva arquitectura de apoyo a emprendedores, que tiene que ver con incubadoras y aceleradoras y los fondos de inversión.

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