Economía

La gran fiesta financiera de Wall Street

Las calificadoras de riesgo ya no son confiables, los bancos más importantes del planeta deben ser rescatados por los Estados, las automotrices norteamericanas están al borde del colapso y miles de personas pierden o perderán su empleo en los próximos meses alrededor del mundo. ¿Hasta dónde llegará la crisis? Quien se arriesgue a dar una respuesta contundente probablemente esté dando un juicio tan equivocado como tantos expertos y analistas a nivel internacional lo han hecho durante estos últimos años.

Domingo 21 de Diciembre de 2008

Las calificadoras de riesgo ya no son confiables, los bancos más importantes del planeta deben ser rescatados por los Estados, las automotrices norteamericanas están al borde del colapso y miles de personas pierden o perderán su empleo en los próximos meses alrededor del mundo. ¿Hasta dónde llegará la crisis? Quien se arriesgue a dar una respuesta contundente probablemente esté dando un juicio tan equivocado como tantos expertos y analistas a nivel internacional lo han hecho durante estos últimos años.

¿Es confiable el Fondo Monetario Internacional cuando dijo esta semana que la crisis será fuerte en 2009 (una verdad de Perogrullo) y que recién en 2010 comenzará a ceder? Si hay un organismo mundial desprestigiado desde que se inició esta crisis es el Fondo, que emplea a miles de analistas económicos de primer nivel pero que ninguno de ellos alertó al mundo de que la principal economía del planeta estaba de fiesta y orgía financiera y cuyas consecuencias ahora deben afrontar el resto de los países.

Hace unos años, Anne Krueger, ex vicedirectora del FMI, fue muy dura con la Argentina por su eterno mal manejo de la economía (otra verdad incuestionable) y sugirió, palabras más palabras menos, que los países deberían seguir el mismo camino que los deudores incobrables: la quiebra.

Unos años antes, el ex secretario de Tesoro de los Estados Unidos Paul O’Neill advirtió que no se podía gastar el dinero de los plomeros y carpinteros norteamericanos para rescatar a la economía argentina. Se opuso a los paquetes de auxilio del Fondo y del Banco Mundial para pagar malas decisiones de los financistas y salvar a los bancos endeudados.

Pero sucede que ahora los plomeros y carpinteros del mundo entero van a tener que pagar las malas decisiones, no exentas de corrupción, del poder financiero norteamericano. En Wall Street han estado de fiesta durante el último lustro y nadie lo advirtió ni denunció: ningún organismo internacional, ninguno de los "gurús" de la economía que anticipan casi siempre equivocadamente qué va a suceder. Nadie. ¿Cómo fue posible?

Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008 y columnista del New York Times dijo hace unas semanas a un grupo de estudiantes de Economía en Estocolmo —según lo reflejó la prensa argentina — que la crisis mundial se debió a la existencia de "un sistema financiero paralelo que hace los negocios del banco, pero sin las regulaciones del tradicional "banco de mármol". El economista, profesor de la Universidad de Princeton y fuerte opositor a las políticas de Bush, fue muy autocrítico: "Me culpo por no haberlo detectado a tiempo y hoy vemos una corrida bancaria, pero en vez de tener gente haciendo cola en las calles, están haciendo click con el mouse".

 

 

Plata fácil

 

 

Las explicaciones a este fenómeno pueden ser esbozadas por los expertos, sin dudas, desde la teoría económica: tasas de interés bajas, bancos y financieras con necesidad de obtener ganancias, hipotecas subprimes, burbujas inmobiliarias, securities incobrables, etcétera, etcétera. Pero, además, se trató de una suerte de complicidades no escritas y tácitas en el mismo seno del núcleo financiero mundial que tiene que ver más con la miseria del ser humano y su afán de lucro y especulación ilimitados que con escuelas económicas y análisis micro o macroeconómicos. Cómo se explica, si no, el comportamiento de las calificadoras de riesgo, que con sus veredictos suben o bajan la calidad de deuda de bancos, empresas y naciones.

Moodys, por ejemplo, una de las más importantes del mundo, calificó con buenas notas a los instrumentos financieros de los préstamos hipotecarios norteamericanos de mayor riesgo de pago (subprimes) que se "empaquetaban" y se transferían a los inversores con promesas de seguridad y buen rendimiento. En menos de un año los bajó a la peor calificación, cuando ya era tarde, y el "virus financiero" se desparramaba por el mundo entero.

Moodys, como otras calificadoras, ganaron mucho dinero poniendo notas a instrumentos financieros que emitían sus propios clientes y a quienes les cobraban por sus servicios. Eran jueces y partes y aunque siempre lo habían hecho, hasta aquí con independencia, el afán del dinero fácil y una vida licenciosa tal vez les hicieron perder el rumbo y la trayectoria.

Cuando las crisis, de cualquier tipo, están en la cresta de la ola, aparecen como por arte de magia historias que convalidan y explican situaciones que nadie sabe por qué antes no llamaban la atención. Los sueldos increíbles de los ejecutivos de empresas financieras y los de sus secretarias no tenían parangón con los de sectores de la producción o servicios norteamericanos. La fastuosidad consumista que les otorgaba su nivel de ingresos era pensada más como producto del éxito que de una burbuja que no tardaría en pincharse. "Nosotros producimos los commodities de este país con esfuerzo y trabajo y allá en Nueva York ni se enteran y están siempre de fiesta", comentaba hace unos meses un granjero norteamericano, productor de maíz en el estado de Iowa.

 

El caso Madoff

Cómo explicar, también, que una sola persona, Bernard Madoff, haya podido producir la mayor estafa de la historia al defraudar en cerca de 50 mil millones de dólares a millonarios, fondos de inversión y bancos de todo el mundo sin que nadie lo notara.

La historia, conocida en las últimas semanas, de la empresa gestora de fondos especulativos Bernard L. Madoff Investment Securities no deja de asombrar al planeta entero. Su dueño, un operador aparentemente confiable, con trayectoria en el mercado, autorizado y supervisado por la Comisión del Mercado de Valores de EEUU, engañó a todos e ingresó en lo que en la Argentina llamaríamos una bicicleta financiera que no pudo parar. Madoff pagaba altos rendimientos y tenía liquidez con el dinero que le iba ingresando de otros inversionistas que confiaban en su empresa. Pero cuando por la crisis muchos de sus inversores le pidieron retirar sus fondos la cadena se quebró y todo se derrumbó.

En España, por ejemplo, hay miles de afectados por un fondo denominado, vaya paradoja, "Optimal Strategic". Es lo que se conoce como un "hedge fund", fondos libres, de alto riesgo y que podían dejar una renta de entre un 10 y 15 por ciento anual, sospechosamente una cifra muy superior a la media del mercado. Sólo el Banco español Santander admitió haber colocado nada menos que 2.330 millones de euros de sus clientes en los fondos que administraba Madoff. También hay organizaciones benéficas de todo el mundo muy afectadas.

Mientras la crisis hacía que los rendimientos de los instrumentos financieros se hundieran en todo el mundo, los que gestionaba Madoff parecían estar en una isla, ajenos a la volatilidad y sin ser afectados. ¿A nadie en Wall Street le llamó la atención?

¿Toda esta estafa la hizo Madoff para mantener, entre otras cosas, su lujoso piso en el Upper West side de Manhattan o su mansión en un selecto club de golf de Florida? Parece muy ingenuo. Le esperan varios años de cárcel y la ruina total. Madoff, de 70 años, y más de 40 en el rubro financiero, ¿fue cómplice o víctima de un sistema que puja y puja cada vez más por mayor rentabilidad? ¿Tanta ganancia para qué?, una pregunta más filosófica que económica y que ha tenido mucho que ver con lo que ha pasado en el complejo mundo de las finanzas.

 

El plomero Joe

Todo este desbarajuste financiero terminó afectando a la economía real de los Estados Unidos. Su dimensión se vio con el famoso caso del plomero Joe, de Ohio, que se "metió" en la campaña entre Obama y MacCain. Ambos candidatos le habían prometido que podría cumplir el sueño americano de comprar la empresa donde trabajaba en base a recortes de impuestos e incentivos a la inversión. Pero hay dudas de que Joe pueda hacerlo porque la prensa descubrió que, en realidad, no tiene título habilitante para ser plomero, no está registrado en el sindicato que los agrupa y mantiene una deuda con el Estado. En la Argentina diríamos que Joe es un trucho. Y esa palabra (ya aceptada por la Real Academia Española) que tan bien recrea el espíritu de muchos argentinos parece haber sido adoptada en el Norte. El sistema financiero norteamericano a través sus bancos comerciales y de inversión con pocas regulaciones, sus dudosas calificadoras de riesgo, sus empresas gestoras de fondos, asesores, corredores de bolsa y todo el ambiente de las finanzas se mandaron la "truchada" del siglo y crearon una riqueza ficticia de la nada y en base a la especulación.

El granjero de Iowa, que en épocas de cosecha se levanta a las cinco de la mañana y pasa más de doce horas arriba del tractor, tenía mucha razón: Wall Street armó una gran fiesta.

 

Obama, en problemas

Barack Obama, el primer presidente negro en los casi 233 años de democracia ininterrumpida en los Estados Unidos, deberá enfrentar una de las peores crisis de la historia. Además de corregir el rumbo desquiciado del país que le dejará en enero George W. Bush, la peor administración en décadas, deberá convencer al mundo de que el pueblo norteamericano también tiene valores y que no sólo se limita a los "halcones" de Washington que decidieron invadir Irak, a los paranoicos de la CIA que ven enemigos en todas partes o a los financistas de Wall Street que veneran el dinero y el consumo.

Obama deberá comenzar con recomponer, fronteras adentro, una nación desorientada que no conoce crisis económicas severas desde hace siete décadas ni guerras en su suelo desde Pearl Harbor, en 1941. Su liderazgo mundial en gran parte del siglo XX y en lo que transcurre del actual se sustentó en su gran poderío económico y también militar.

Sólo Estados Unidos representa un tercio de la economía mundial. Si este gran actor no recompone su estructura interna, o alguien no lo reemplaza en el corto plazo, el resto del planeta no tiene posibilidades de evitar un serio retroceso en su nivel de vida.

La crisis comenzó en Estados Unidos y ya arrastró a las economías más industrializadas del mundo, que entraron en recesión. ¿Qué les espera, entonces, a los actores de reparto más pobres en un mundo globalizado pero desigual? Nada demasiado bueno, pese a que esta vez no fueron el motor de la crisis por un excesivo endeudamiento ni por manejos irresponsables de sus economías.

La crisis se gestó en el núcleo mismo del poder financiero mundial pero ahora todo el planeta deberá afrontar sus consecuencias en forma directa o indirecta. La fiesta de Wall Street tendrá un costo impredecible.

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