Economía

¿La globalización entra en crisis por el coronavirus?

Sociólogos, politólogos e historiadores pusieron en debate el impacto y la huella que dejará la pandemia de coronavirus en la sociedad global.

Domingo 26 de Abril de 2020

La pandemia del coronavirus ¿será el origen de un nuevo orden mundial o cristaliza procesos que ya existían? Tras el virus ¿habrá un renacer del Estado Nación que transformará en derechos universales aquellas medidas que surgieron en la emergencia o aparecerán Estados gendarmes que se nieguen a resignar las facultades que les concedió la sociedad en la crisis sanitaria, como monitorear, controlar e imponer? Las soluciones que adoptó cada país en términos sanitarios ¿pueden replicarse en otras situaciones y devenir en un "patriotismo" con rasgos xenófobos? Los organismos multilaterales, como la Organización Mundial de la Salud, ¿volverán al mismo estatus o habrá que indagar sobre quién los financia y para qué?

El conjunto de interrogantes fue eje del debate del webinar "La globalización en crisis, el mundo que vendrá", que organizó la Usina Social, y del que participaron Anabella Busso (profesora titular de Política Internacional en la UNR e investigadora de Conicet); José Natanson (periodista y politólogo); Andrea Oelsner (directora de las licenciaturas de Relaciones Internacionales y Ciencia Política y Gobierno de la Universidad de San Andrés); y Pablo Stefanoni (jefe de redacción de Nueva Sociedad y doctor en historia).

Con la precisa coordinación del escritor y ensayista Alejandro Katz, el debate indagó sobre el presente en el cual "el ser humano experimentó por primera vez la globalización en sus cuerpos". Según el propio Katz, "haciendo realidad el efecto postulado por la teoría del caos: un ciudadano chino consumió murciélago en un mercado y al día siguiente el planeta entero padecía una infección".

El escritor se preguntó si esta globalización que parecía incontenible hasta hace poco se va a retomar una vez superada la crisis sanitaria. O si, por el contrario, "aflorarán en la industria, en la política y la cultura impulsos de regreso a lo propio", señaló. Y, si esto ocurre, indagó sobre la forma que tomará lo propio: "¿Será afianzar lo local, lo de proximidad, como una forma de producir una comunidad donde había desaparecido, o bien virar hacia lo nacional en clave nacionalista, excluyente y confrontativa?", indicó.

Condiciones preexistentes

"Las tensiones no desaparecerán en el día después de la pandemia entre los globalizados y los globalizadores, porque un vez que pase la etapa del miedo a la muerte, los sectores más poderosos (globalizadores) tenderán a recuperar su influencia, mientras que los más empobrecidos _que serán los que recibirán el mayor impacto epidemiológico y afrontarán los mayores escenarios de pobreza _ van a seguir demandando", planteó Busso. En su opinión, esta crisis "cristaliza procesos que ya existían", tal como ha ocurrido con cualquier acontecimiento que dio paso a la conformación de un nuevo orden mundial.

En el escenario prepandemia, explicó, "ya había tensiones económicas que se dieron en el marco del traspaso de un mundo capitalista productivo a uno financiero, generando un grupo de ganadores entre los que se destaca el sector de las finanzas, el software que concentró mucha riqueza; y un gran sector de perdedores vinculados a las modalidades de producción tradicional".

Desde lo político, la tensión en la globalización previa a la pandemia se dio entre "el capitalismo financiero y la democracia, afectando la calidad de estas últimas", señaló la investigadora.

En ese punto coincidió Oelsner, para quien nada de lo que está pasando era imprevisible. "Podríamos decir que esta es la crónica de una pandemia anunciada", dijo la investigadora al referenciar situaciones de pandemias anteriores pero además condiciones preexistentes.

"La retracción de la globalización, la crisis del multilateralismo, las tendencias nacionalistas, la competencia entre Estados Unidos y China, el movimiento de la distribución del poder de Occidente a Oriente, el creciente debilitamiento europeo son cuestiones anteriores a la pandemia", agregó. Y consideró que no sorprende que, frente a eso, los ciudadanos de los distintos países se hayan vuelto a sus gobiernos a pedir protección y no al G-20 o la Organización de Naciones Unidas (ONU).

En cambio, José Natanson, cuestionó la idea de la previsibilidad de esta crisis. "Todos los pliegues del planeta están en función de una sola cuestión, la pandemia y esto no había ocurrido nunca antes", planteó.

Y amplió su argumento: "Nadie podía prever que después de la caída del muro de Berlín en 1989 vendrían los atentados del 11 septiembre y la emergencia del terrorismo como nueva amenaza global o tampoco que la crisis financiera derivaría en una recesión mundial y en el renacimiento de posiciones de extrema derecha en Europa, con lo cual estamos ante el desafío de pensar algo radicalmente nuevo".

El Estado y sus formas

Definir la gravitación o no de las razones preexistentes a la pandemia es clave a la hora de analizar el futuro. Con la premisa de que hay un mar de fondo que definirá lo que se viene, Oelsner planteó que el coronavirus "seguramente terminará acelerando esos procesos" que ya estaban en marcha hace bastante tiempo y puso el acento en las consecuencias que pueda tener. So re todo en países del "sur global" o en "situación más vulnerable", allí donde a su juicio hay riesgos de que operen lo que denominó procesos de "securitización". Es decir, la cesión de las responsabilidades de parte de la sociedad a los Estados, de monitorear, controlar o imponer, en situaciones de emergencia como los actuales.

"Es pensable que una vez pasada esta crisis, los Estados sean reticentes a desprenderse de esas facultades acompañadas de legitimidad y sabemos que, en países con aparatos institucionales débiles y baja legitimidad, no poder controlar los poderes que tiene el Estado puede ser problema", advirtió Oelsner. Mucho más a sabiendas de que la vida pospandemia vendrá con crisis económica, sanitaria y en algunos casos política y social. "Con servicios de salud precarios, mayor empleo informal, menos desarrollo, los países inestables serán más inestables y a eso se le suma más conflicto social", reflexionó.

Natanson, en cambio, se mostró más "optimista" sobre ese rol del Estado Nación, que junto a la ciencia. "venía cascoteado en los últimos tiempos" y ahora recuperó "protagonismo". A nivel mundial recobrando el dominio de, por caso, las cadenas de suministro global. "No imagino que a partir de ahora el 90 por ciento de los principios activos de los medicamentos que se consumen en Estados Unidos y que hoy se fabrican en China o India, continúe igual", ejemplificó.

Poniendo el foco en la Argentina, "si vamos hacia una buena renegociación de la deuda, un impuesto a las grandes fortunas y a un ingreso familiar de emergencia que pueda perdurar en el tiempo, el gobierno se planta ante un nuevo escenario que le va a permitir sintonizar con este nuevo mundo", dijo Natanson.

Allí, Stefanoni se permitió un interrogante: "En todo el mundo hay cierto festejo del regreso del Estado, que en parte tiene que ver con este repliegue a lo nacional, pero el tema es si realmente vamos a avanzar", dijo. E introdujo al análisis los conceptos de "autoritarismo oportunista y por eficiencia".

Según Stefanoni, frente al coronavirus hay dos tipos sesgos autoritarios que están operando. "Uno el oportunista, que aprovecha la crisis para acumular poder ( Netanyahu en Israel, Orbán en Hungría y en América latina quienes legitiman a los militares) y el segundo, más complejo y peligroso, que es el autoritarismo de la eficiencia, que se va a legitimar por la eficacia del Estado en luchar contra el coronavirus y que profundizará el Estado de vigilancia".

Estos elementos y el cúmulo de dudas sobre cómo se rearmará el mundo también permiten interrogar sobre la posibilidad de una mixtura entre los conceptos de globalización más pura y regreso al Estado y a lo local.

En esta línea, Stefanoni planteó que esta suerte de "patriotismos" y vuelta hacia lo nacional pone en jaque a los progresismos. "Hay poco discurso alternativo sobre qué globalización no neoliberal sería posible. No hay mucha discusión sobre lo multilateral", dijo y por eso, "la derecha alternativa pone el eje en algo que es real, sólo que luego lo distorsiona". Y también "el progresismo está en problemas para pensar el regreso a lo local ya que, como en el caso europeo, el discurso de las derechas populistas está siendo más efectivo", dijo y recordó a Marie Le Pen en Francia defendiendo la ambiente bajo el postulado de "ecología patriótica" y "articulándolo con un discurso xenófobo". También, con situaciones similares con la derecha en países nórdicos.

Por eso, planteó que hay dos salidas, "la nave tierra o el bote salvavidas". En uno, agregó, "estamos todos en el mismo barco" y, en el otro, "le cortamos el dedo al que intenta subir después".

Natanson no desconoció el riesgo de un Estado de vigilancia permanente. "Un problema que me preocupa y al cual no le veo solución es la eficiencia", dijo refiriéndose al concepto de Stefanoni. "En la medida que la vigilancia digital, el big data, la trazabilidad que hoy permite que en un subte de Pekin puedan medirte la fiebre y derivarte a un hospital, y todas estas medidas de securitizacion sean eficaces, me aterra", dijo porque "el problema no será solo que los gobiernos será reacios a devolver esas prerrogativas (como dijo Oelsner) sino además, que una parte de la sociedad va a estar muy contenta de que eso suceda", afirmó.

"En la agenda aparecen hechos nuevos, algunos son interesantes y otros son ciertamente peligrosos", advirtió Busso y planteó también otro eje del análisis al señalar que "los niveles de autoritarismo están teniendo un comportamiento distinto dependiendo si el Estado es unitario o federal".

Aunque el futuro pueda adquirir múltiples mixturas, lo concreto es que hoy "hasta que no haya una vacuna para el virus, la manera de controlarlo parece ser formas de imposición como la cuarentena, la reclusión, y mayor o menor grado de controles y monitoreo, incluso represión en las calles para hacerlo efectivo", planteó Oelsner. "En este tiempo fuimos cediendo legitimidad para ciertas medidas que en otra situación normal no aceptaríamos", dijo y alertó sobre la "debilidad" que pueden adquirir las democracias frente a este modo de operar.

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