Economía

La economía, en la previa de las elecciones

La encuesta que la entidad realiza anualmente entre los grandes empresarios afines suele mostrar opiniones que no acoplan exactamente con el clima que transmite el coloquio a la opinión pública y, sobre todo, a la clase política.

Domingo 18 de Octubre de 2015

Hay un clásico en Idea que la crispación de época muchas veces ocluye. La encuesta que la entidad realiza anualmente entre los grandes empresarios afines suele mostrar opiniones que no acoplan exactamente con el clima que transmite el coloquio a la opinión pública y, sobre todo, a la clase política.

Entre las consignas tradicionales de reglas de juego claras, clima de negocios, previsibilidad, reinserción en "el mundo" y ese tipo de cosas, las respuestas anónimas de los hombres de negocios cuelan visiones en los sondeos que van contra el canon de la tribu. A veces denotan toques de optimismo inconfesable sobre alguna política económica, exponen análisis políticos que toman distancia de los consensos sectoriales que toman estado público y, otras veces, expresan demandas que no son recogidas por la doxa del mundo de los negocios.

En el caso del coloquio que se realizó esta semana en Mar del Plata llamó la atención el tono optimista que la encuesta reveló sobre la marcha de la economía en el próximo semestre. Una opinión que, en un auditorio refractario políticamente al oficialismo, podría explicarse a primera vista por la alegría visceral que les despierta el cambio de ciclo. Pero la percepción expresada en el sondeo acerca del papel del mercado interno en esa proyección de crecimiento complejiza esa hipótesis. La respuesta de los empresarios conecta con la explicación que diariamente ofrece el gobierno sobre el rumbo de la actual política económica: frente a la retracción de los mercados de exportación, que difícilmente sería compensada por una brusca devaluación, dinamizar el mercado interno es una alternativa para mantener los niveles de actividad y empleo que otros países de la región ven desacelerar o caer.

Por supuesto que esto tiene costos, que las corporaciones empresarias se encargan de maximizar en sus discursos. El déficit fiscal es el más visible. Su corrección forma parte de la agenda que los candidatos presidenciales ofrecieron en el coloquio. Y son aplaudidos, con mayor o menor énfasis, por expresar ese tipo de programas. En la encuesta, al parecer, los empresarios se sienten más libres. Y la percepción de su propio presente te le pone límite a las fantasías más negras que se agitan sobre el futuro de la economía. Lo expresaron los comentaristas del sondeo: el encuestador Andrés D'Alessio y el economista Dante Sica. "Mejorar las expectativas fue un claro objetivo del Ejecutivo con una inyección al consumo, a través de la tranquilidad que trajo el swap con china, el aumento de las transferencias sociales y el atraso cambiario que redundó en una mejora de los salarios", dijo el segundo. Y remató subrayando que la actual es la mejor transición económica desde la restauración democrática. Hay una brecha entre el "plan bomba" de Kicillof y la realidad descripta en la carpa empresaria de Mar del Plata. Brecha que se explica en buena medida porque el presente es distinto al de 2014 pero también porque es distinto a las predicciones que se hacían un año atrás.

Los pronósticos no cambian pero la realidad sí y, al menos en lo que respecta a la actividad económica, en este caso lo han hecho para mejor. Y no por la providencia sino porque hubo decisiones de política económica y programas específicos que se desplegaron en función de esa estrategia.

Con menos glamour que en Mar del Plata, esta semana también se presentó una nueva etapa del plan Precios cuidados, que en enero cumplirá dos años. ¿Sobrevivirá al cambio de administración? La farándula económica, que lo calificó como un "plan para la gilada" en sus inicios, celebró esta semana por anticipado la posibilidad de que el próximo presidente, incluso si es Scioli, lo desactive. Curiosa incomodidad sobre un programa que supuestamente no sirve, aparece allí la tensión entre los que odian ideológicamente la intervención del Estado para administrar precios y los que reconocen, como las tres principales consultoras de retail del país, su aporte para ofrecer precios de referencia y evitar un mayor drenaje de clientes en los tiempos que no se vendía ni un escarbadientes porque "no había precio".

Cierto es que esta herramienta hubiera sido más eficaz y poderosa si el mismo gobierno y sus militantes lo hubieran militado a fondo. Más allá de esas consideraciones, el plan fue parte de un conjunto de acciones desplegadas en el último año que, superadoras del ciclo Moreno, tuvieron resultados y tienen potencial de mejoramiento. Esto, pese a que todas nacieron con augurios de fracaso. Su continuidad está en duda. Sobre todo en el campamento del candidato presidencial oficialista, el que aparece más incómodo con el propio gobierno que lo apalanca. Subido a un modelo económico del que abjura en los foros empresarios, Scioli se presentó en Idea con la carta del ganador. Mostró su gabinete, lleno de gobernadores y economistas que intentan seducir a los hombres de negocios con promesas más acordes a su corazón que a su bolsillo.

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