Martes 09 de Mayo de 2023
La dolarización, como por arte de magia, no termina con las pujas sectoriales y distributivas, ni con el ajuste en los contratos, pero sí aumenta los costos empresariales y destruye el poder adquisitivo.
Si la inflación fuera sólo un fenómeno monetario, terminar con la capacidad estatal de emitir moneda bastaría para anular el fenómeno, pero en la realidad, las causas del aumento sostenido en el nivel de precios son mucho más amplias, incluso de las que se citan aqui.
El Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortíz (Ceso), llegó a la conclusión que la dolarización puede servir para frenar ciclos hiperinflacionarios pero resulta altamente ineficaz para combatir un proceso inflacionario como el que hoy atraviesa Argentina. En las condiciones actuales, el cambio monetario no sólo brilla por su inaplicabilidad sino que se transforma en una herramienta poco efectiva para la estabilización de precios.
Dejando de lado los perjuicios que supone la pérdida de soberanía monetaria de un país, la falta de efectividad de la dolarización como instrumento para la estabilidad de precios tiene su origen central en el modo de conseguirla en el marco argentino actual. Dado el estado de la economía nacional, inexistente acceso al crédito externo y un gran descalce entre reservas en dólares y pesos circulando, para producir un cambio de moneda de tal magnitud el único camino posible es el de una mega devaluación acompañada de una fuerte quita de subsidios en las tarifas de servicios para equilibrar las cuentas públicas.
Es decir, el nuevo régimen monetario entraría en vigor de la mano de una fuerte suba de los costos de las empresas y deterioro del poder adquisitivo del salario. Las compañías, beneficiarias de un esquema tarifario económico, verían sus costes de producción multiplicados por el nuevo esquema tarifario y los asalariados enfrentarán mayores costos de alimentos a causa de la mega devaluación. En resumen, al aplicar la devaluación necesaria para conducir a la economía hacia la dolarización se operará en un monumental aumento inicial de precios.
“¿Por qué razón la ultraderecha asume que las empresas no pasarán esa suba de costos a precios? ¿Por qué imagina que los sindicatos se quedarán de brazos cruzados luego de la licuación del poder de compra de los salarios de sus afiliados?”, se pregunta el Ceso. Y responde: la dolarización no termina con las pujas sectoriales y distributivas, ni con la inercia implícita en la indexación de los contratos, por lo que, por sí sola, no es una solución para el problema inflacionario.
Para que una medida de este tipo logre calmar la escalada inflacionaria se debe operar sobre el componente indexatorio de los contratos salariales, alquileres, financieros, entre otros que se ajustan por la inflación del pasado, así como también moderar las pujas sectoriales. Una muestra de esto es lo sucedido en Ecuador luego de implementada la dolarización, durante el primer y segundo año, la economía ecuatoriana sufrió una inflación en dólares de 96,1% y 37,7% respectivamente.
El centro de estudios aclara que, por ahora, los sectores políticos que impulsan la medida no han hecho declaraciones sobre una reestructuración de contratos para terminar la inercia en simultáneo con la dolarización.
Cuestión que permite preguntar, si la primera etapa de la dolarización es una mega devaluación que empuje los precios hacia arriba en un contexto de alta inflación, la ultraderecha ¿intenta generar un shock hiperinflacionario que justifique la dolarización?
Por lo tanto, los ideólogos del cambio monetario buscan ajustar la enfermedad al tratamiento, impulsar una hiperinflación para suministrar la dolarización. Quizá, por caso, sería mejor no empeorar la condición del paciente sino cambiar la cura.