Economía

"La devaluación no beneficia a los productores chicos"

El dirigente de la entidad que representa a los chacareros criticó la política económica del gobierno y advirtió sobre la situación del sector.

Domingo 16 de Septiembre de 2018

El presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), Omar Príncipe, aseguró que un sector agropecuario que "depósito un voto de confianza casi ciego en el gobierno nacional" hoy "se siente decepcionado". La aplicación de un impuesto a las exportaciones agrietó en los últimos tiempos una alianza fundacional en la experiencia de gobierno de Mauricio Macri. Para el conductor de la entidad federada, que desde temprano expuso sus dudas sobre el actual modelo económico y agropecuario, la medida es parte de la opción del gobierno nacional por favorecer al sector financiero, que se expresa en el remate diario de las reservas del Banco Central. "Hacemos un gran esfuerzo los que producimos en la Argentina para que en semanas esos recursos vayan a los fondos de inversión", se quejó. Al tiempo que aseguró que los pequeños y medianos productores están siendo desplazados de la producción, y que no son los beneficiarios de la devaluación, reclamó retenciones diferenciadas. "Este camino nos está llevando a esta situación de crisis donde es inviable el modelo productivo", enfatizó. Reivindicó las acciones de protesta que llevó adelante la entidad este año y consideró que se debe profundizar el accionar conjunto con los sectores del trabajo y la producción que se movilizan por estos días en reclamo de un cambio en la política económica. Es más, consideró que debe ser tema de debate en el congreso anual de la entidad, que se realizará los días 20 y 21 de septiembre, y en el que habrá disputa interna. Una puja en la que no será ajena el posicionamiento frente al las políticas del gobierno nacional.

—¿Cómo cayó entre los pequeños y medianos productores la decisión del gobierno de reinstalar las retenciones a las exportaciones?

—Es un nuevo error del gobierno nacional. Desoyendo primero a las voces que desde hace meses veníamos planteando otras alternativas. Este camino nos está llevando a esta situación de crisis donde es inviable el modelo productivo. Las consecuencias de un ajuste tras otro llevan a gran parte de la sociedad a la desintegración, a la pérdida de los ingresos de los asalariados, y al aumento de la pobreza, la indigencia y la pérdida de los puestos de trabajo. Por eso, las retenciones son un error más si se lo mira desde nuestra óptica. Pero también se lo puede ver como un paso más en reafirmar que la Argentina le garantiza la rentabilidad al sistema financiero, al FMI y a su política. Si esto hubiese sido una medida consensuada, quizás podría entenderse como una decisión política. Si se planteaba que se ponían retenciones porque se iba a aumentar el presupuesto de la Universidad, de la salud o porque se iban a federalizar los ingresos para lograr una distribución más equitativa de la renta agraria, era discutible. Pero fue todo lo contrario, porque antes de eso se anunció la eliminación del fondo sojero.

—FAA fue una de las pocas entidades del agro que criticó la eliminación del fondo sojero.

—Sí. En FAA somos coherentes con nuestra historia. Por supuesto que decimos que las retenciones son impuestos distorsivos, pero mientras existan se tienen que coparticipar y deben ser segmentadas. Tienen que ser federales, ya que esos fondos llegan a muchos municipios o provincias que las destinan a obras. Por eso, este es un error, otra vez con la misma lógica de poner impuestos tratándonos a todos por igual, equiparando a los pequeños productores con los grandes exportadores. Dos días antes de que se anuncie la decisión de poner retenciones, cuando era inminente que ocurriría, a los exportadores se les permitió declarar anticipadamente por 2.400 millones de dólares. En estos últimos meses vimos como el Banco Central remató 100, 200 o 300 millones de dólares. O sea, que hacemos un gran esfuerzo los que producimos en la Argentina para que en un día o una semana eso se vaya a los fondos de inversión.

—Las entidades de venían reuniendo con el gobierno por la crisis. ¿Se analizaron salidas alternativas o fue un diálogo infructuoso?

—El gobierno nacional te recibe pero escucha las voces de afuera del país, al FMI. Para nosotros fue una puesta en escena. De los dos años y medio de gestión todas las medidas propuestas que FAA ninguna fue concretada. Las escucharon, pero no se pudieron plasmar en alguna política pública. Hay un Estado que está ausente en las políticas, en los mercados. Así como hay entrada y fuga de capitales permanentemente, el Estado está ausente de las políticas activas, de la regulación de importaciones y exportaciones. Por eso pasan cosas como el ingreso de cerdos de Estados Unidos y oficialmetne se lo festeja. Los alimentos son cada vez más caros para los argentinos y los productores trabajan a quebranto. Y también hay un desguace en el mismo Estado. Sacar el Ministerio de Agroindustria, de Salud y otros significa también gobernar para un grupo selecto que no necesita del Estado. Significa avanzar un paso más en no tener políticas de agricultura familiar, en no reglamentar esa ley, en quitar el monotributo social agropecuario a los que más lo necesitan. Frente a eso nos movilizamos a Agroindustria. Pasar ese Ministerio a Secretaría es otra puntada en este desguace con la complicidad y la responsabilidad del ex ministro (Miguel) Etchevehere que no puede decir que no conoce al sector. Sabe muy bien que esto significa menos asistencia, menos técnicos, menos presupuesto, en definitiva, menos políticas para los más chicos. A eso sumada otra mentira, porque nos dicen que achican el Ministerio pero nos enteramos que no hay recorte de gastos. Dicen que les importa el sector agropecuario pero le quitan la representatividad.

—¿La devaluación no compensa el peso de las retenciones?

—La realidad de los pequeños y medianos productores es que en los últimos tres años _venimos siguiendo el tema con el movimiento cooperativo_ cuando termina la campaña de soja, el 80% de los granos no están más en manos de los productores chicos porque para esa fecha ya los tienen comprometidos o los vendieron a grupos exportadores. Esto significa que cuando hay una devaluación como en este caso, ese 80% de la producción la tienen los agroexportadores que tienen una rentabilidad extraordinaria, no los pequeños. Este año, eso se vio agravado por la sequía. El gobierno cuando habla de la sequía se olvida de contar la mitad de la película. Se dijo que hubo un impacto enorme y por eso se perdieron 4.000 millones de dólares. Hay que decir que primero, los que perdieron eso fueron los productores y, además, los pequeños sufrieron el hecho de no tener ninguna red de contención. Los más chicos se la tuvieron que arreglar con cooperativas o buscando financiamiento extraordinario. Entonces, no somos los pequeños productores los favorecidos por la devaluación. Pero sí lo que tenemos son costos dolarizados. Es clave plantear esto. Porque cuando sacan la cuenta de que subió las soja dicen que la rentabilidad subió. Pero hay que decir que nosotros no tenemos más soja del año pasado, tenemos que sembrarla. También se nos dolarizan todos los insumos como el gasoil, algo inédito porque es un insumo clave del modelo productivo en la Argentina, las tarifas como al resto de la sociedad y otros como núcleos vitamínicos, fertilizantes, semillas. Esto hace realmente inviable el costo de estructura al pequeño productor. Esto se lo planteamos al jefe de Gabinete el 27 de marzo pasado y también al presidente Macri el 3 de julio cuando nos recibió y nos dijo que no habría cambios en las retenciones. Por eso decimos que es un gobierno que no escucha.

—¿Se acentuó el proceso de concentración en el sector frente a esta situación?

—Sí. En plena Pampa Húmeda, que es el corazón productivo de la Argentina, estamos viendo un proceso de concentración y de desplazamiento. Los pequeños productores agrícolas en la zona núcleo no pueden hacer frente a una nueva campaña, están dando sus campos en alquiler. Y eso es concentración. Aparecen esas figuras de pooles o fideicomisos, ya no son grandes empresas que trabajan 40 o 50 mil hectáreas como hace muchos años, pero sí otras que concentran entre 4.000 o 6.000 hectáreas, que convierten al chacarero en mano de obra o prestador de servicios. En la zona media, Córdoba o La Pampa, vemos concentración. Allí hay dos grandes aceiteras que procesan maní que están pagando el equivalente a 23 quintales de soja por adelantado por hectárea. Ningún productor tienen esa rentabilidad. Ellos hacen negocios porque les cierra toda la cadena. Así, hay decenas de productores que dejan de trabajar el campo y que no tienen posibilidad de competir.

—¿Cómo está la situación de las economías regionales?

—El tema porcino o el de los tambos es terrible. El director de FAA Pablo Paillole dice que es un proceso de aniquilación. Estamos viviendo la eliminación de los productores de cerdos. Hasta los más eficientes, los que adquirieron la mejor genética, la mejor tecnología o se han asociado y lograban bajar costos porque compraban sus insumos en escala, esos productores están desapareciendo. No quedan pequeños productores de cerdos en la Argentina.

—Los números muestran que en términos totales la producción no bajó.

—No no bajó, pero justamente este es el efecto de la concentración. Es invisible a las estadísticas o a la macroeconomía. Te dicen que la producción de cerdos aumentó pero la gran pregunta es quién produce los cerdos en la Argentina, o la leche o los granos. La concentración es realmente feroz y cada vez más grande. Si no hay una política activa para pequeños productores, terminamos sin agricultores en la Argentina. Y los alimentos lo van a terminar haciendo un puñado de grupos concentrados. Y los agricultores no somos solamente productores de alimentos. También somos la garantía del desarrollo local, de cuidar el ambiente. Ese eslogan de que en la Argentina somos 40 millones y producimos para 400 millones en el mundo es falso. Si queremos pensar una Argentina para 40 millones, debemos pensar en país de desarrollo que además de producir alimentos también produzca empleo y valor agregado. Lo que estamos haciendo es destruir todo aquello que es un modelo de arraigo.

—El campo había encarado un proceso de industrialización en años anteriores. ¿cómo impactan la quita de reintegros y también en la agroindustria con la quita del diferencial arancelario?

—Nosotros siempre nos quejábamos del diferencial arancelario, porque decíamos que era una industria que estaba grande para tener ese subsidio, ya podían caminar solos. El tema es que en este contexto, es otro golpe a aquellos pocos que están industrializando en la Argentina. Si esa medida hubiese ido con una regulación para que la industria no la traslade al productor, podría funcionar. Eso es la falta de Estado. Porque si le van a quitar un diferencial a la industria, habría que haber garantizado que ésta siga ganando lo mismo y que no lo traspase a los productores que siempre terminan pagando.

—A las entidades cooperativas o agroindustriales que están vinculadas a FAA ¿Cómo los está afectando esto?

—Realmente afecta porque se manejan números muy finos. Y tenemos cooperativas que han invertido millones como por ejemplo el caso de un molino harinero en San Martín de las Escobas. Esto es paralelo a lo que nos pasa a los productores en nuestra chacra.

—¿Cómo se está procesando esta discusión al interior de FAA?

—Nosotros hicimos las asambleas distritales en julio. En la mayoría, casi el 90%, hubo una crítica hacia esta política macroeconómica y el modelo agropecuario de este gobierno nacional. Y esto fue también lo que acompañó y ratificó todo lo que FAA vino haciendo durante 2018. Siempre dijimos que vamos a seguir aprovechando todas las oportunidades de gestionar con el gobierno, pero a su vez, tenemos que marcar gremialmente nuestra postura. Por eso nos hemos movilizado al ex ministerio de Agroindustria. Creemos que hay que resistir para volver a recuperar las políticas públicas activas para los pequeños productores y también al Ministerio como la figura que representa eso. Hicimos el "semillazo" frente al Congreso donde además de estar afuera con las organizaciones de la agricultura familiar, estuvimos adentro presentando nuestro propio proyecto sobre ley de semillas que hace tres años está en la Cámara. Volvemos a ratificar una vez más que un grupo de CEOs no puede indicarnos cuál es la ley de semillas de la Argentina. Menos aún garantizar la posición dominante de Monsanto a través de una ley nacional.

—¿Hay un respaldo político de intendentes o presidentes comunales a los reclamos que viene realizando la entidad en función de cómo impactan las políticas nacionales en los territorios?

—Hay ejemplos de varios temas sobre articulaciones con intendentes y eso nos lleva a gestionar y conseguir a veces. Este año con la sequía en Santa Fe, no se declaraba la emergencia en el centro y sur y frente e eso hicimos reuniones con varios intendentes y pedimos la emergencia para esa región y lo logramos. Otro caso fue cuando nos juntamos con cinco intendentes de la provincia de Buenos Aires que tienen muchos pequeños y medianos productores de cerdos y tambos en su zona, realizamos gestiones y estamos a la firma de un acuerdo a través del cual estas intendencias sacarán ordenanzas para que en sus municipalidades no se comercialicen cerdos provenientes de Estados Unidos. Son experiencias. También en mi propio pueblo, Villa Eloisa, nos convocaron una decena de intendentes que forman parte de una red de mitigación del cambio climático. Estuvo el ministro santafesino del área y dimos ese debate porque es un tema que nos involucra a todos y los más vulnerables somos los que vivimos en el interior.

—En este contexto se vienen protestas de la CGT, CTA, de los movimientos sociales. En algún momento la FAA articuló con estos espacios. ¿Ahora participará activamente?

—Estamos articulando en nuestras filiales, distritos, regiones porque en los pueblos del interior se ve que los perdedores de ese modelo somos las pymes comerciales, industriales, los trabajadores, los pequeños productores agropecuarios. Está surgiendo de nuestras bases, que están con la misma problemática y con los mismos objetivos. Y venimos trabajando con Apyme a nivel nacional, con pequeños empresarios. Tenemos varios ámbitos donde estamos construyendo una plataforma de demanda de un modelo distinto. Todavía con la CGT no tuvimos articulación. Creemos que es necesaria la unidad pidiendo por un modelo distinto.

—¿En algún momento se puede expresar en movilizaciones?

—Este es uno de los temas que el próximo congreso de la entidad no puede soslayar o dejar de debatir. Será seguramente uno de los planteos de los delegados, de las entidades de base. Por supuesto también se debatirá la acción gremial que va a hacer FAA y en eso, el marco de alianzas en donde vamos a estar moviéndonos.

—El tema de las retenciones y las quejas de algunas entidades ¿corta la alianza que tuvo un sector importante del campo con el gobierno?

—Creo que hay un sector del campo –aunque nosotros siempre esquivamos hablar de un sector porque esa homogeneidad es la que nos invisibiliza a los pequeños– que depositó un voto de confianza, casi ciego en el gobierno nacional y hoy se siente decepcionado. Muchas entidades apostaron durante estos dos años a no ser críticos de las medidas del gobierno a pesar de que iban en perjuicio de sus representados, por miedo a las repercusiones entre esos mismos representados que también habían votado a Cambiemos. Desde FAA siempre planteamos independencia de los partidos políticos, de las entidades, de la mesa de enlace y que nuestras demandas tienen que ir en beneficio de nuestros representados, aunque a veces duela, aunque a veces esa voz sea una crítica dura hacia el gobierno nacional. Creemos que la responsabilidad de FAA tiene que ser esa.

—¿Uds encontraron esa disyuntiva al interior de FAA, pero a la inversa, es decir ser críticos como entidad pero con afiliados que votaron a Cambiemos?

—En FAA tenemos la cualidad de estar muy en contacto con nuestras bases, filiales, cooperativas, y eso es una gran ventaja, porque podés reafirmar cuáles con certeza los comunicados o las posturas de la entidad. Hay productores nuestros que votaron a este gobierno y quizás durante los distintos meses fueron perdiendo la esperanza de que haya cambios que suponían iban a ocurrir. Ahora, con las retenciones creo que muchos se sorprendieron. Para FAA el tema no es la defraudación de un gobierno, sino de un modelo. Creemos que este camino no es el que nos incluye a todos.

Riqueza y pobreza

En la zona núcleo agrícola, la más rica del país, la pobreza también crece. Pablo Paillole, director de Federación Agraria, expone un panorama preocupante sobre la situación social en un territorio en el que el capitalismo agrario despliega toda su energía.

Cita localidades como Camilo Aldao, Cruz Alta y Corral de Bustos, como muestra de una vasta geografía que sobre los suelos de mayor calidad también ve crecer situaciones de crisis social. En uno de esos distritos, a 160 kilómetros de Rosario, se abrió en 2017 un comedor donde hasta hace un año comían 80 chicos y ahora lo hacen 110.

El director de Federación Agraria consideró que este deterioro es consecuencia, en buena medida, de la" desarticulación de las actividades de valor agregado". Mencionó el caso de Camilo Aldao, donde hasta hace 8 años funcionaban 26 criaderos de cerdos y actualmente sólo quedan 3. "La ruptura de la cadena de valor y la concentración genera desigualdad. Esos trabajadores que hacían changas ya no las tienen y sus hijos los que pueblan los comedores", indicó.

Esa situación, se replica en otras localidades. En la ciudad de Casilda, golpeada por la crisis industrial, se realizó en la semana que pasó hubo una protesta masiva de la que participaron también productores agropecuarios.

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