Economía

La devaluación china sacudió a los mercados

El banco central chino sacudió esta semana a los mercados al devaluar su moneda en su mayor nivel en 20 años.

Domingo 16 de Agosto de 2015

El banco central chino sacudió esta semana a los mercados al devaluar su moneda en su mayor nivel en 20 años. Una movida que fue explicada como parte de las reformas de liberalización de la economía, pero que no puede escindirse de las estrategias monetarias que los principales bloques mundiales despliegan para adaptarse a un escenario económico global en permanente ebullición tras las crisis de Lehman Brothers.

Un eje común a estos movimientos es el fuerte activismo estatal que involucra, a través de herramientas fiscales y de política comercial y monetaria, una puja activa por cuotas de mercado, hegemonía económica y financiera, y defensa de sus propias estructuras productivas.

Lejos de la mano invisible, el nuevo orden mundial se disputa hoy con toda la artillería que los Estados ponen a disposición de sus burguesías para defenderlas de la inestabilidad financiera y las guerras comerciales y de monedas que sacuden a la economía global,

Entre otras cosas, la devaluación china responde a la necesidad de ajustar su sector exportador a un movimiento que inició (y de hecho ya pegó la vuelta) la Reserva Federal de Estados Unidos con su programa de compra de bonos, a la que le respondió meses después Japón y a la que tardíamente se sumó Europa. La presión sobre la moneda de los países emergentes se instaló ya hace tiempo, y hoy están en el ojo de la tormenta economías como las de Brasil, donde la variable cambiaria es sólo un elemento de una crisis más compleja.

La Argentina ya estuvo allí, y no le fue bien. El gobierno nacional intentó replicar, presionado por los sectores económicos posicionados en divisas, condiciones similares a las de 2002. Pero con una economía con distintas condiciones de actividad y empleo, el brusco salto cambiario de enero de 2014 sólo tuvo como resultado el stockeo de los agronegocios, la indexación desorbitada de los precios, la caída del salario real y la puesta en marcha de una estrategia demencial de acoso político basada en las expectativas de un agotamiento de las reservas internacionales y un shock externo. Ni un gramo de nada se exportó de más como contraprestación a semejante costo. Los balances presentados a la Bolsa, en cambio, hablaron de las fuertes ganancias empresarias por el diferencial cambiario

La acción desplegada por el nuevo equipo económico logró neutralizar esas expectativas, que ahora intentan recrearse al calor del cronograma electoral. Con cifras más que amarretas, Argentina es en estos tiempos una de las pocas economías de la región que presenta mejores indicadores de actividad respecto del año anterior.

Esta apuesta a traccionar la economía a través del mercado interno enfrenta, sin embargo, un fuerte desafío con el acelerado cambio de las condiciones externas.

La caída del precio de los commodities, el derrumbe de mercados exportadores, la competencia de estructuras exportadoras que sí logran aprovechar las devaluaciones competitivas, la revaluación del dólar y la inminente suba de la tasa de interés de Estados Unidos ponen más presión al problema de la restricción externa. E introducen, por vía del comercio exterior, las tensiones mundiales en la economía global.
No es casual que, mientras repunta levemente la actividad económica interna, la crisis se manifieste en la fuerte caída de la rentabilidad de los empresarios agropecuarios. Con sus distintas características según tamaño, posición en la cadena, producción y localización geográfica.

La afectación en este punto complica la cuenta externa pero también la actividad de complejos productivos importantes para las economías del interior. La deflación de rentabilidad en estos sectores alienta las protestas ruralistas, que no adoptan en esta etapa la forma explosiva de la 125 sino la de una expansión gradual de focos de reclamos en los distintos territorios.

La complejidad de esas crisis obliga a ensayar políticas de defensa basadas en la sintonía fina, toda vez que ni la eliminación de retenciones ni la devaluación podrán neutralizar de por sí inconvenientes provocados por la caída de la demanda externa. Subsidios, alivios fiscales, acuerdos entre los distintos niveles del Estado y entre los actores de las cadenas productivas para amortiguar los costos del ajuste y establecer políticas de defensa comercial parecen imponerse como estrategia de salida. Algunas están en marcha.

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