Economía

La curva de Phillips, inflación versus desempleo

Lo agravante de esto es que los costos de estas indefiniciones postergan oportunidades

Domingo 21 de Enero de 2018

Comenzó el año y los desafíos en materia económica, no dan respiro sino que se retroalimentan en función del tiempo y las metas que parecen alejarse de los planes. Hace apenas dos semanas las máximas autoridades económicas nos brindaban una conferencia de prensa sobre los cambios en el presupuesto 2018 y sobre el rumbo de la economía para los próximos meses. Horas después, un nuevo "volantazo" re-calibro las metas.

Lo positivo de esa reunión va por el lado de "sincerar" en relación a los deseos (o situaciones ideales) y las posibilidades (en función del contexto y las herramientas disponibles), seguramente todos tenemos situaciones de este tipo y de poco sirve auto-imponerse metas que sean inviables. Lejos de movilizarnos para cumplirlas, nos desalientan de entrada. Lo agravante en economía de esta mecánica, es que los costos de estas indefiniciones postergan oportunidades y nos perpetúan en un esquema circular del que nos cuesta salir.

Cuando hablo de indefiniciones, sigo pensando en porque si la inflación va a bajar como dice el gobierno para este año, es que se relajaron las metas (lo que se llama laxitud monetaria, elevan las metas de inflación +50% y paralelamente se relajan las tasas de interés), o cuando se desliza la idea de que un poco de inflación no estaría mal para dinamizar la economía? La inflación de por si es mala. No hay argumento a favor.

Son recetas probadas que dieron hasta hoy malos resultados, sobre todo la inflación que somos sub campeones del mundo, siendo Venezuela quien se llevo la copa con un cierre en 2017 de 2.616% (85% fue la inflación solo en diciembre). Más del 70% del déficit fiscal de ese país es financiado con emisión monetaria. Un modelo al que íbamos de cabeza y con el que parte de la dirigencia sentía gusto y compartían filosofía de gestión.

Entre los orígenes de las justificaciones a lo antes expuesto, surge el nombre de William Phillips (1914-1975) un economista neozelandés, cazador de cocodrilos y director de sala de cine, quien en 1958 presento un trabajo "La relación entre el desempleo y la tasa de variación de los salarios monetarios en el Reino Unido (1861-1957)".

Durante este periodo se había producido en el Reino Unido una correlación negativa (una relación inversa) entre la tasa de desempleados y la variación de los salarios. Básicamente la idea de fondo era que: cuando el desempleo es bajo, la inflación tendía a ser alta y al contrario, en los periodos en los que el desempleo era alto, la inflación tendía a ser baja.

Bajo este escenario, los gobiernos deben elegir entre dos males (desempleo e inflación). Con crecimiento económico, las empresas emplean más mano de obra, los salarios corren a la suba, mas consumo disponible para los asalariados y en definitivas un poco de inflación se genera. Inversa valida que ante el escenario de frenar un poco el ritmo de crecimiento de los precios, los salarios en términos reales mejoran y el empleo se resiente.

Con esta descripción, se trazó una curva de pendiente negativa que medía la relación entre ambas variables y que explicaron el contexto económico de aquel país en la década del 60. No fue tan precisa la herramienta y sus predicciones para la década del 70 en los que se presentaron escenarios de alta inflación y desempleo (estanflación) producto de grandes crisis como la del petróleo. Paul Samuelson y Robert Solow hicieron unos "retoques" a las conclusiones, las anteriores.

Los gobiernos ávidos de herramientas en algunos casos para justificar sus fechorías, en otros para empujar al crecimiento económico se apropiaron del modelo y como es clásico en la ciencia económica, las teorías y escuelas de pensamiento entraron en confrontación. Cada cual con sus argumentos validos, pero la validez tiene vencimientos, el mundo cambia.

Las políticas de corte keynesiano (digamos las apoyadas en un Estado que debe motorizar a la economía) asumían que había que tolerar una tasa de inflación relativamente más alta a cambio de mantener ciertas condiciones de contención social (empleo aunque de poco o nulo valor agregado pero empleo al fin). Objetivo, evitar el paro económico.

Las teorías fueron evolucionando, así como los escenarios económicos hasta que se avaló la relación antes descripta entre inflación y desempleo solo válida en el corto plazo, es decir que en el largo no tiene efectos estables y prácticos.

Aunque si de abusos se trata si somos campeones. Bajo el argumento de bajar la tasa de desempleo y ante un escenario de inflación (que ya es una constante en nuestra economía, más allá que el Indec dibujaba los números) la válvula de escape fue el Estado quien engrosó sus filas de forma exponencial (+ 1,4 millones de empleados).

Los neoclásicos (quienes propugnan por una economía libre y con el menor grado de intervención del Estado), justifico esta inestabilidad en el largo plazo cuando desaparece la sorpresa del efecto inflacionario (o se internalizan sus efectos) ya no hay una relación entre inflación y desempleo porque los actores del sistema económico ya incorporaron sus consecuencias (trasladando a precios, ajustando salarios en paritarias, aumentando las tasas de interés, etc).

Volviendo a la contradicción de: "la inflación está en franco descenso, pero por las dudas subimos las metas", bajarla implica costos económicos y políticos sustanciales. Por el lado de los económicos: normalizando la economía, arbitrando los medios necesarios para sea competitiva en términos de costos productivos (reformas laborales, tributarias, pacto fiscal, responsabilidad fiscal), en definitivas generando las condiciones para crecer, sino el modelo cae por su propio peso.

Por el lado de los costos políticos: el que "todos tenemos que ceder" pendiente en la práctica. No alcanzan las señales. Es necesario que la dirigencia aporte sus esfuerzos (y ajustes) como los que hacemos quienes pagamos los impuestos para sostener un Estado que nos lleva más del 60% de nuestros ingresos anuales. Es a los gobiernos a quienes debemos exigirles sean consecuentes con la ecuación básica de ingresos-egresos (como lo haces o intentas en tu economía domestica). Vivir por sobre nuestras posibilidades nos costó 80 años de retraso, ceder aquella posición de privilegio (cuando abastecíamos al mundo), cerrar nuestra economía "para proteger la industria nacional", intervenciones y distorsiones interminables. En definitivas, el motivo por el que estamos discutiendo los déficits.

Días atrás se vivió con muchas expectativas el "súper-martes". El segundo round entre la política y la economía, empate por puntos y una buena señal a los mercados que gracias a ese gradualismo no se provoco un desplazamiento desde los pesos a los dólares, situación que hubiera generado un repunte en la cotización de la divisa complicando el panorama en términos de expectativas de inflación y lo que a precios esto genera.

Los trade-off como el descripto por W. Phillips (inflación vs desempleo), o Lebacs vs pesos, en definitivas poco resuelven en el corto plazo las principales inquietudes de los ciudadanos: la enorme presión impositiva a la que nos somete un elefantiásico Estado, lo poco y malo nos retorna en términos de servicios y el creciente costo de vida. Llegar a fin de mes.

Se fue el Super-Martes y con él las expectativas. Parecía que se detenía la Argentina a la espera de anuncios que nos iban a cambiar las expectativas y en el mediano plazo las realidades. Poco de eso hubo, aunque el rumbo es el correcto, la normalización de la economía necesariamente debe transitar estos caminos. Dicho popular: "lo mejor está por venir"..., lo bueno sería que se apure.

De esto también se trata la econo-mía.

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