Economía

La crisis y la pesada herencia

El gobierno logró el martes recomponer la bicicleta y conseguir una tregua en medio de la corrida cambiaria.

Domingo 20 de Mayo de 2018

Tras perder 10 mil millones de dólares de reservas y ofrecer nuevos negocios al sector financiero con tasas que tienen como piso el 40%, el gobierno logró el martes recomponer la bicicleta y conseguir una tregua en medio de la corrida cambiaria. Pasado el megavencimiento de Lebac, invirtió el oxígeno alquilado hasta la próxima licitación, en buscar apoyos para acelerar el ajuste fiscal y de ingresos salariales que exige el Fondo Monetario Internacional a cambio de prestarle plata.

Con el dólar haciendo equilibrio en 25 pesos, a fuerza de nueva deuda, el presidente Mauricio Macri puso el foco en lo suyo: el marketing de expectativas. Presentó la renovación del pagaré que firmó como un triunfo político y dio por terminada "las turbulencias", fantaseó con que su política económica había evitado una crisis y encomió el "crecimiento invisible" de los últimos meses. Más en serio, jubiló las metas de inflación, ratificó el tarifazo y prometió aumentar la velocidad del ajuste. Cinco meses después del pacto con gobernadores y senadores que habilitó la reforma previsional, convocó a los mismos actores a firmar un nuevo acuerdo para profundizar los recortes presupuestarios.

El vértigo y la energía de esa convocatoria acompaña las urgencias. Más allá de las voces del mercado que escucha Sturzenegger para subir la tasa de interés, los autoelogios de Dujovne por la coordinación del equipo económico en la corrida y el entusiasta escrutinio de Caputo sobre el voto de confianza que los fondos amigos le dieron con la compra de Botes, lo cierto al final del día es que el martes el gobierno compró tiempo a un costo enorme para las arcas públicas, con tasas siderales, nueva deuda, liquidación de reservas y un sistema financiero más débil.

En la economía real, el costo es mayor y ya se viene pagando. Menor crecimiento y más inflación, como lo admitió el propio Macri y lo reflejaron los últimos índices de preciso minoristas y mayoristas del Indec. Revisando una vez más sus proias consignas, el gobierno apuntala ahora la idea de que la devaluación brusca estimulará exportaciones y desalentará importaciones y gastos en el exterior. Está por verse, pero la experiencia de la megadevaluación de 2016 y la depreciación de fines de 2017 indican que esas medidas valorizaron los dólares que sus beneficiarios ya tenían pero no mejoraron mejorar su competividad, ya que el diferencial entre peso y dólar fue comido por la hiperinflación.

La "capacidad de adaptación" de la que se ufanó Dujovne el martes llevó el gobierno a archivar varios de sus propios mitos. No sólo opera en el mercado de futuros de dólar o se preocupa por la salida de divisas, sino que hasta llama a acuerdos de precios, como lo hizo con los petroleros. En medio de la selva de palabras de esta semana, fue clave una declaración del presidente de la Asociación de Bancos argentinos (ABA), Claudio Cesario. Dijo que el gobierno y los empresarios deben analizar "cómo será el traslado de la devaluación a la inflación". Para que ese inquietante programa sea exitoso desde el punto de vista de la rentabilidad empresaria, la recesión debería ser lo suficientemente profunda para evitar ese traslado. Es decir, volver a 2002. El endurecimiento monetario y fiscal, con reducciones abruptas en las cuentas de subsidios y obras públicas contra subas constantes de los pagos de deuda, buscarán cerrar el círculo del ajuste ya en marcha en el sector privado no financiero. Fundamentalmente, los trabajadores y el salario, para los cuales la pauta salarial del 15% sigue vigente. Mientras el presidente hablaba el miércoles, nuevos despidos se sumaban.

Estos son los ejes del acuerdo al que convocó el gobierno. Y por eso lo convierte en un parteaguas Más allá del relato de la crisis asintomática, lo cierto es que entre el fin de la convertibilidad y 2015 la economía argentina transitó un modelo distinto al actual. Un modelo que, con sus falencias, mostró claras diferencias con el actual en materia de crecimiento, empleo, inclusión y solidez. El desendeudamiento fue uno de sus grande activos. El actual presidente lo rifó en dos años. Desnudas las consecuencias de la política del gobierno nacional, el debate de programas económicos, sobre experiencias y no sobre fantasías, toma protagonismo. Hará la diferencia entre la admisión acrítica de la extorsión ajustadora del FMI o la presentación de un plan alternativo que limite la pesada herencia que dejará la actual administración.

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