Economía

La crisis del gobierno: que parezca una pelea

Se victimiza, socializa sus propias responsabilidades, ataca a los opositores, patotea a los gobernadores.

Domingo 09 de Septiembre de 2018

"No somos un grupo de sádicos", aclaró Nicolás Dujovne al anunciar el plan para adelantar el plan de ajuste ofrecido al FMI como parte del acuerdo de auxilio financiero. Se perciben, no obstante, rastros de perversidad en la táctica política desplegada por el gobierno para enfrentar la crisis de deuda que generó con su raid de endeudamiento y fuga. Se victimiza, socializa sus propias responsabilidades, ataca a los opositores, patotea a los gobernadores, culpabiliza y amonesta a los trabajadores y empresarios que sacrificará a cambio de conseguir dólares para esquivar o estirar el momento del default. Hasta agita provocativamente el escenario de episodios de violencia.

Extraña táctica para una administración que necesita mostrar acuerdos políticos para seguir pasando la gorra. Y que además tiene en frente a una oposición heterogénea que, más allá de las críticas y las protesta, se muestra prudente y expectante. Una extraña épica de fin de ciclo nutre el relato oficialista: tras tropezar con su propia corrupción e impericia, buscan que parezca una pelea.

A cambio de una vida más, el gobierno ofreció al FMI adelantar la meta del déficit cero, sumando 100 mil millones de pesos al ajuste del gasto primario que se había comprometido a realizar en 2019 en el acuerdo firmado en junio. Los técnicos del organismo, que hoy mandan, le añadieron medidas de manual: recuperar ingresos. Así, el gobierno repuso impuestos a las exportaciones, arriesgando una de las alianzas constitutivas de su proyecto político. Lo hizo a su modo, permitiendo que las cerealeras anoten operaciones por anticipado para eludir el gravamen, que a su vez fue diseñado para desacoplar el ingreso de la suba del dólar. Una 125 al revés.

Más duro fue en el plan de eliminar los subsidios al transporte y la tarifa social eléctrica, forzando su "provincialización". Como sucedió con la destrucción del fondo sojero, los hechos consumados preceden a cualquier diálogo. En la era de los pactos fiscales fugaces, transfiere responsabilidades y culpas propias a los dóciles mandatarios, hoy señalados como adversarios. La nueva coartada es un caso de esquizofrenia fiscal: acusan a las provincias de tener superávit.

Mientras la platea se entretiene hablando de gasto primario, el plan oficial sigue la ruta del fondo sojero: transferir recursos de las retenciones que las provincias y municipios vuelcan al gasto de infraestructura, hacia el pago de la deuda. Esa erogación pasó a representar más de dos terceras partes del déficit público.

Ahí está la crisis y el problema. En la dificultad para repagar el enorme endeudamiento que tomó la actual administración y financiar la demanda de dólares alimentada por el déficit externo. La acción de gobierno se focaliza en garantizar, con supervisión del Fondo, que las escasas divisas que se ahorren o se puedan generar tendrán ese destino.

Inducir una depresión vertical, que profundice el derrape que ya arrastraba la economía, terminaría, en esa lógica de disciplinar la puja distributiva, de redondear el mayor "éxito" del gobierno macrista: la brutal caída a del salario real respecto del nivel en que lo encontró.

Las proyecciones de retracción económica de 2,4% y de inflación de 42% para 2018, que se filtraron en la conferencia de prensa, confirman el declive de la actividad en el período de gobierno de Cambiemos. En términos absolutos y per cápita, los números son peores que los que encontró al inicio. Incluso tomando en cuenta el "crecimiento invisible" de 2017, construido débilmente en base a rebotes técnicos, creatividad estadística e ingeniería electoral de gasto público y endeudamiento.

El sueño e un 2002 sin default previo alimenta la ruta del ajuste macrista en esta fase de crisis aguda. La gran apuesta es que, al final del camino, se achique el déficit comercial e ingresen más dólares por exportaciones. En medio de la maroma de indicadores negativos que se conocieron esta semana, como la caída de la producción industrial, las subas de precios, el estancamiento de la construcción y la caída del consumo, entre otras cosas, hubo algún "brote verde" para los fines oficialistas. Son los datos de una reducción del déficit comercial del Brasil, desde niveles altos, y un aumento de las exportaciones de autos, en medio del derrumbe de las ventas internas. Mientras espera a la cosecha, el gobierno apuesta a que este experimento funcione. Si es así, lo sabrá el que sobreviva al actual huracán.

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