Economía

La agenda financiera y la puja distributiva

Global, nacional y parroquial. La agenda financiera se impuso esta semana, desde el centro del imperio hasta los márgenes del erario santafesino.

Domingo 20 de Septiembre de 2015

Global, nacional y parroquial. La agenda financiera se impuso esta semana, desde el centro del imperio hasta los márgenes del erario santafesino. Si la plata va y viene, la Reserva Federal de Estados Unidos está buscando la mejor forma de garantizársela. Desde el año pasado madura la decisión de subir la tasa de interés de referencia, etapa superior de la finalización del programa de expansión cuantitativa, la inundación de dólares que provocó para salir de la crisis financiera internacional.

La economía estadounidense se recupera de ese crac endocéntrico, del que salió a fuerza de heterodoxia: emisión, gasto fiscal y hasta estatizaciones. Ahora viene la etapa de consolidación y, con el agite del fantasma inflacionario, avanza en la repatriación de dólares vía un encarecimiento del costo del dinero, que vale decir que llegó a cero en el mayor momento de expansión.

Ese programa es el que mantiene en vilo a las economías emergentes. Economías como la brasileña sufren ese vuelo a la calidad, luego de estar atadas con fiereza en los últimos años a crecer con el ingreso de los dólares dulces. Los mismos que hoy prometen algunos candidatos argentinos, convencidos de que los mercados se ablandarán por aportación de cara.

De nada le valió a Dilma Rousseff poner a un gurú de la city como ministro de Economía, recortar una y otra vez el gasto fiscal hasta el punto de enajenar sus programas emblemáticos y sacrificar diariamente empleos en el altar de la confianza de Standard & Poor´s. El mercado les contesta con el bolsillo y también con el corazón. Le saca los dólares a sus mejores alumnos y. como al tomate de la canción chilena, los mete en un vagón y los mandan a Washington.

La presidenta de la FED, Janet Yellen, explicó que la decisión de postergar la suba de la tasa obedece a dos razones: la incertidumbre sobre la salud del crecimiento global, con China de por medio, y el freno que experimentaron las exportaciones estadounidenses por causa del superdólar.

Frente a este contexto, la receta dogmáticamente en boga es levantar el cepo cambiario, devaluar y ajustar. Es decir, permitir que los que tengan dólares en abundancia puedan fugarlos sin problemas, valorizados una cotización en pesos inversamente proporcional a la desvalorización que furirán los que sólo cuentan con ingresos pesificados. El círculo cierra si el recorte fiscal que prometen garantiza una recesión y desempleo que tal que evite que esas ganancias sean neutralizadas por la inflación y la puja distributiva.

Ese programa, si se siguen los comentarios de analistas y comunicadores de la farándula financiera pero también de los referentes de los tres candidatos principales, parece tener consenso entre los presidenciables oficialistas y opositores.

Es un programa duro y para nada inocuo. Se basa en transferir de ingresos de un sector a otro. Como en el 2002 pero sin la crisis aguda que lo precedió. Ergo, el primer paso es provocarla. La gran apuesta fue cargarle esa tarea a la administración que se va y justificar su violenta resolución como una corrección de erróneas políticas macroeconómicas. Pero la realidad no es tan simple. Primero, porque no hay una crisis manifiesta y generalizada. Segundo, porque es la froz puja distributiva y no una regla académcia la causa de que los precios de los bienes bajen para los productores y suban para los consumidores. 

Cualquier medida que se tome, devaluación o baja de impuestos sin amortiguación, potenciará esa inequidad. Para sus promotores, es “un costo político a pagar” por el gobierno, en favor de una economía competitiva. Para los que la sufrirán, será simplemente un despojo. Tras la fuerte devaluación de 2014, los que piden ahora depreciar el tipo de cambio se quejaban por la “incertidumbre” de dejar caer el valor del peso. Y la verdad es que ese diferencial cambiario no movió el volumen de exportaciones. Por el contrario, promovió el stockeo y la apuesta demencial de un sector económico y político por el fin de las reservas y del gobierno. En ese marco se consolidó la contraestrategia de apelar al déficit fiscal y al endeudamiento posible para planchar el tipo de cambio y sostener el consumo. La última semana, Economía amplió la emisión del Bonad, atada al dólar. Y el gobierno presentó un proyecto de presupuesto 2016, con los mismos “pecados” de batería anticíclica.

La consecuencia es que, como dijo Miguel Angel Broda, Argentina es uno de los pocos países que termina con crecimiento el año, en un contexto de contracción regional. Al ojo de los gurúes, esa es una “distorsión” que se expiará en el apocalipsis del ajuste. Ese es el plan que se ofrece en las elecciones.

Una oferta que el electorado no podrá rechazar, si no quiere ser estigmatizado como cómplice activo o pasivo de la demagogia populista. No sea que algún juez deba intervenir en el comicio. Un juez bien pago, está claro, como necesitan las instituciones. Que no pague Ganancias ni galgee a su retiro con jubilaciones indignas. Por caso, la actualización de los haberes máximos que paga la Caja de Jubilaciones de la provincia, unos 128 mil pesos mensuales percibidos en una veintena de ex funcionarios judiciales, atizó discusión sobre la situación del organismo previsional. Debate que llegó de la mano del déficit fiscal que obligó al gobierno provincial a pedir un endeudamiento 2 mil millones de pesos.

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