Economía

Inflación vs. salarios: una meta cumplida

El gobierno cambia la meta de inflación y la sube al 20 por ciento. Subirá la tasa de interés y la economía crecerá mucho menos"

Domingo 15 de Abril de 2018

La inflación de marzo, alimentada por un salto fuerte de precios "no regulados", pulverizó la meta de 15% anual que había dibujado el gobierno. Una nueva fantasía oficial se derrumba, no sin antes cumplir con lo más sustancial de su objetivo: anclar la mayoría de las paritarias en esa irrisoria pauta de aumento salarial.

La rápida capitulación de los gremios que hoy dominan la CGT le permitió al gobierno cerrar la primera ronda de negociaciones salariales del año a una velocidad pocas veces vista. Desde su extraño mundo, el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, lo expuso el jueves pasado. Horas después de conocerse el IPC oficial de marzo, atribuyó sus espectrales victorias antiinflacionarias a la "desaceleración salarial" y la "política monetaria contractiva".

La baja de salarios y la flexibilización del mercado de trabajo, en combo, constituyen el nudo de la política económica del gobierno, más allá de los relatos para consumo personal sobre metas y estrategias antiinflacionarias. Y ese objetivo se cumple con prisa y sin pausa desde el minuto uno de la actual administración, a pesar de que un grupo de gremios más combativos tenga chances ahora de perforar el techo paritario del primer trimestre.

El procedimiento preventivo de crisis que pidió la cadena de supermercados Carrefour abre un nuevo frente en esta batalla obsesiva por transferir ingresos del trabajo al capital. Con la guía del gobierno y el sindicato nacional de mercantiles, la empresa presentó un plan para resolver su crisis económica en el Ministerio de Trabajo. Busca reducir personal y bajar costos laborales.

El diagnóstico del peso de los trabajadores, la falta de competitividad, los cambios de formato, la carga del impuesto a los ingresos brutos y hasta la ofensiva discriminatoria del presidente Mauricio Macri sobre la competencia desleal de los supermercados de origen chino, disfrazan las causas últimas de las turbulencias: la caída del consumo minorista, el efecto de los tarifazos comercios y clientes, y los problemas de gerenciamiento.Problemática esta última que no se enfatiza desde el discurso gubernamental, a diferencia de otros casos de empresas en crisis, como la láctea Sancor. Siguiendo el plan oficial, la cooperativa de Sunchales se convirtió en sociedad anónima y vendió el 90% de sus activos al fondo Adecoagro. Fin de un ciclo para una geografía productiva y social de casi 80 años.

En cuanto a la caída de las ventas, además de las cifras de Came y de consultoras especializadas, la propia Cámara de Supermercados de Rosario expuso la realidad: cae el consumo, a tal punto, que los clientes abandonan las ventas mensuales y pelean el consumo en el día a día.

Los tarifazos atizan ese combo recesivo. El gobierno nacional es insensible a las quejas, en buena medida porque el impacto de las subas sigue siendo menor en Buenos Aires, donde habitan sus funcionarios, que en el resto del país. En las provincias, el conflicto social que se viene alimentando en torno de esta problemática no termina de ser suficientemente dimensionado.

Vuelven los ruidazos

En muchas ciudades, incluida Rosario, las multisectoriales contra los tarifazos recobran su protagonismo. Una movida intensa acompañó la presentación del proyecto de ley que presentaron los diputados provinciales de la oposición para retrotraer y congelar tarifas eléctricas.

El miércoles próximo, el ruidazo convocado por los pequeños empresarios locales y vecinos para rechazar la demencial suba de tarifas, promete reeditar con creces los que se realizaron en 2016 y que obligaron al ministro de Energía, Juan José Aranguren, a desdoblar los aumentos.

A falta de voluntad de una porción importante de la representación política, sindical y empresarial, la calle sigue siendo el terreno de disputa del modelo. La lucha cuerpo a cuerpo por defender los puestos de trabajo mantiene en tensión conflictos pro despidos, como el de Cargill, y hasta logra algunos alivios, como la reapertura de una posibilidad de salvataje a la refinería San Lorenzo.

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