Economía

Industria: un pacto en crisis, tensión entre los aliados del gobierno

El dólar tocó esta semana en las pizarras de la city una de las cotizaciones más bajas de los últimos años y el pacto por conveniencia que la industria mantuvo con el gobierno entró en crisis.

Domingo 08 de Junio de 2008

El dólar tocó esta semana en las pizarras de la city una de las cotizaciones más bajas de los últimos años y el pacto por conveniencia que la industria mantuvo con el gobierno entró en crisis.

En medio de una fuerte puja con con el sector agropecuario que mantiene en vilo a la economía argentina, la administración de Cristina Kirchner decidió echar mano de la política cambiaria para dejar sentado hasta qué punto puede tener la sartén por el mango. Pero lo que en principio asomó como una actitud aleccionadora para con el campo, un liquidador de divisas por excelencia, terminó por desempolvar los viejos reclamos por parte del sector manufacturero que desde hace un año venía advirtiendo sobre las necesidad de un «service» al modelo y ahora directamente amenaza con sacar los pies del plato en torno al rumbo de la política económica si no se le siguen garantizando las condiciones de competitividad que le permitieron ponerse de pie tras la devaluación. "No hay pacto político incondicional, en tanto se defiendan los intereses de la industria no nos vamos a poner en contra, pero tampoco a festejar cualquier cosa", dijo tajante el vicepresidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la Argentina (Adimra), Sergio Vacca.

El reclamo industrial no es nuevo, pero el cimbronazo del lock out agrario sobre algunos rubros, especialmente el metalmecánico vinculado a la fabricación de maquinaria agrícola o el alimenticio, sirvieron como tiro de gracia para un sector que veía amenazada su rentabilidad en el mediano plazo por efecto de una caída del tipo de cambio real, mucho antes y más pronunciada que la que mostraban las cotizaciones de la divisa estadounidense la semana que pasó. "El déficit de la balanza comercial industrial alcanzó los 20 mil millones de dólares en 2007", dijo Vacca, para pasar en limpio los números del sector.

Aunque el industrial consideró que "la baja de la paridad (de los últimos días) es netamente nociva para la industria", en rigor "el tipo de cambio se fue limando por los aumentos de los costos internos" hace un par de años. Si a eso se le suman las últimas intervenciones del Banco Central para hacer perder posiciones al dólar, "la situación para la industria es insostenible", aclaró.

Una cotización nominal que el jueves tocó los 3,09 pesos por dólar, es a juicio de la industria, una jugada demasiado osada en un contexto inflacionario que viene erosionando la paridad real del peso con la moneda norteamericana. "Basta con ver la evolución de los precios internos con relación al valor dólar para sacar una conclusion clara: lo que fue originariamente la relación 3 a 1 prácticamente desapareció", dijo el economista de Ieral Fundación Mediterránea,Tulio Ceconi.

En ese contexto, el derrape de la moneda de referencia es el condimento que coronó una serie de reclamos que están en la agenda industrial liderados esencialmente por la inflación, la crisis energética y la tensión que provocó sobre la actividad el conflicto entre el gobierno y el campo.

Pero aunque la suma de estos factores modifican las condiciones de competitividad para la industria, no todos los sectores lo afrontan de la misma forma. De hecho, las voces más agoreras que se escucharon cuando el dólar empezó a retroceder partieron del sector industrial exportador que no sólo se siente amenazado por la suba de los costos internos sino que asiste a una progresiva escalada de importaciones en detrimento de los bienes locales. El fenómeno ya comenzó a expresarse en las propias estadísticas oficiales la semana pasada cuando el gobierno difundió los números de la balanza comercial de abril, que si bien registró un superávit de 864 millones de dólares, la cifra fue un 30 por ciento inferior al mismo mes del año pasado, como consecuencia de un récord de importaciones.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el fenómeno fue producto de un incremento de las importaciones, que treparon a 4.927 millones de dólares, un 61 por ciento más que en el mismo mes de 2007, encabezada por un aumento del 66 por ciento en bienes intermedios, 52 por ciento bienes de capital y un 49 por ciento en bienes de consumo.

"La caída del tipo de cambio complica a toda la industria en general, porque fue la variable que nos permitió crecer", apuntó el presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), Carlos Capisano y recordó que "con un tipo de cambio competitivo sustituimos importaciones y podemos exportar", dijo .

Pero también advirtió que "estas dos situaciones se agravan día a día" para la industria y recordó la situación que atraviesa el sector de maquinaria agrícola, que tras el golpe que sintió por el conflicto del campo, redujo sus ventas entre un 50 y 70 por ciento en los últimos meses.

Para el vice de Adimra, "pese a la buena recaudación que tiene la Argentina, no podemos decir que la economía está creciendo al mismo ritmo". El industrial asegura que sólo basta con "hacer las cuentas de un almacenero" para comprobar lo que ocurre en el sector.

"El superávit comercial crece cuando se contabilizan las manufacturas de origen agropecuario (MOA), pero hoy las manufacturas de origen industrial (MOI) tienen un déficit terrible y eso va en crecimiento", dijo.

Este incremento de las importaciones va erosionando la consolidación del aparato productivo y el proceso de sustitución de importaciones que arrancó en buena parte por el impulso cambiario. "Hoy lo que viene de afuera sustituye a la producción nacional", señalan los empresarios.

De todos modos, no es el único elemento al que la industria apunta a la hora de hablar de cambio de rumbo en el modelo económico e incluso, algunos consideran que la depreciación del dólar es coyuntural y el BCRA en poco tiempo dejará de pisar la divisa.

"La baja no es tan significativa como para tomar medidas de ajuste, y es probable que vaya recuperando poder", señaló el empresario metalúrgico René Francovigh, titular de la firma que lleva su nombre, quien en cambio apuntó al conflicto con el campo como una de las razones que mayor impacto imprimieron a la actividad industrial de la región. "La situación se hace difícil porque ya pasó un tiempo prolongado. Se nota un corte en la cadena de pagos y los industriales del sector metalúrgico, especialmente de maquinaria agrícola cortaron muchas operaciones", apuntó el empresario.

Aunque quisiera y por efecto del encadenamiento productivo que hoy tiene la economía argentina, la industria no puede escindirse de la actividad agropecuaria y mucho menos en Santa Fe donde el sector metalmecánico, alimenticio, frigorífico, entre otros, caminan de la mano de la producción primaria. y son el eje de la matriz productiva.

Es por eso que la foto que sacan de la situación los industriales provinciales sobre la realidad del sector incluye al conflicto agrario como otro elemento más en la columna del debe.

"Hace tres meses, el escenario era el mismo (exceptuando lo del campo), pero los industriales lo perdonaban porque el nivel de actividad era bueno y el gobierno se esmeraba en mantener el cambio pese a la inflación", reflexionó el economista Eduardo Remolins, pero "cuando te quedás sin el dulce que calma la amargura, se ve la parte mala", señaló a la hora de analizar el reclamo que empieza a surgir de parte de la industria frente a un dólar deprimido.

Para el especialista de Sur Norte, la revaluación del peso "es más una variable coyuntural" producto de las ventas del Central que intervino en el mercado cambiario, algo que tiene explicaciones que rozan más lo político que lo estrictamente económico.

"Si el gobierno no estuviese vendiendo —como hizo hasta ahora tras la fuga de inversores que pasaron de pesos a dólares— hoy el dólar estaría más alto", aseguró Remolins, una apreciación producto del "enfriamiento" de la economía que se está dando en los últimos dos meses a raíz del conflicto del campo.

"En el pasado la economía venía creciendo tan fuerte que el Central tenía que salir a comprar para mantener el dólar, pero ahora con un grado de enfriamiento que es posible continúe por el resto del año, el precio de equilibrio es un poco más alto que el actual", aseveró.

En ese aspecto coincidió el presidente de la Federación Gremial de Comercio e Industria, Roberto Paladini, quien consideró poco probable que la caída del dólar continúe.

La "bendita" inflación

Siguiendo esta argumentación, los industriales podrían dormir tranquilos, sin embargo la efervescencia no afloja. En los hechos, la preocupación central no pasa sólo por la cotización nominal de la divisa verde que exacerbó los ánimos, sino por la paridad real del dólar que se viene erosionando con la inflación. "Podés tener un dólar clavado en tres pesos pero cuando suben los insumos, los costos, algo que pasa hace tres años, se acelera la pérdida de competitividad y la caída del tipo de cambio real es superior a la nominal", apuntó Remolins.

Por eso, el remedio puede ser peor que la enfermedad. Para Paladini, "aunque el sector productivo necesita cambio competitivo, una devaluación del peso no sería conveniente en este momento porque la Argentina atraviesa un proceso inflacionario que se vería agudizado".

"Hoy el costo de los insumos se incrementó en moneda fuerte, ligado a la suba internacional del petróleo y de otros minerales", recordó Paladini, para dar cuenta de la pérdida de rentabilidad de la industria en este escenario, pero puso el énfasis en prestar especial atención a la inflación a la hora de tomar medidas de tipo cambiario.

"Se observa no sólo una evolución de los precios internos medidos según el índice minorista de Indec, sino además un crecimiento de los salarios formales por encima de los aumentos de competitividad", señaló Tulio Ceconi, en sintonía con un reclamo insistente del sector industrial.

Para el economista de Ieral, "las modificaciones de precios que el gobierno estableció mediante una política de regulación y subsidios, tienen diferentes impactos en la industria".

Ese desbalance es el que a su juicio explica buena parte del proceso de importación que se está produciendo "La inflación empezó en la segunda mitad de 2005 y el gobierno acompañó esto con la decisión política de contener los precios por distintos mecanismos. A medida que esto no tuvo éxito y la inflación fue creciendo y el valor del tipo de cambio se fue perdiendo y con eso el poder adquisitivo", explicó Ceconi. Frente a esto, "las industrias que tenían presencia en el exterior, por caso Brasil, cuando la capacidad productiva estaba colmada y frente a un aumento de la demanda recurrieron a la importación para usar ventajas de otras partes".

"Si por ejemplo tenés una fábrica de PC y componentes importados, al bajar el valor del peso aumentan los insumos y la mano de obra, no hay posibilidad de ganancias. Frente a eso, lo importás rápidamente, un comportamiento que se vio mucho en los 90", relato Ceconi.

Un pacto que cuesta

Las señales que el año pasado el sector industrial deslizó en foros, informes y pasillos, ahora empezó a traducirse en empresarios molestos que incluso se negaron a poner la firma para el pacto del Bicentenario en medio de un conflicto que lejos de excluirlos, le suma problemas.

"El gobierno tenía dos opciones: seguir devaluando el tipo de cambio nominal, algo que en un escenario de suba de precios no ataca la inflación y aumenta el precio de los productos importados por la suba del dólar", dijo Remolins. "En un escenario de poca demanda como en 2002 no era problema, pero ahora el nivel de demanda es distinta", explicó.

La segunda opción pasaba por frenar la inflación estimulando la inversión y con algún punto de caída del Producto Bruto Interno. "Pero como eso no ocurrió transitamos un tercer escenario de ajuste y enfriamiento espontáneo por la caída de la competitividad; se exportará menos y esto afecta no sólo al campo sino a la industria, que es menos competitiva que el primero", dijo.

En paralelo, como los salarios no pueden crecer al ritmo de los precios que suben aproximadamente un 25% anual, también se enfría la demanda por caída de la capacidad de compra, profundizó Remolins, quien cerró el razonamiento así: "Aumento de insumos, caída del tipo de cambio real, tipo de cambio nominal sin modificaciones y cuello de botella energético", un cóctel que sumado a la desaceleración coyuntural, ponen al principal aliado del gobierno, en una seria encrucijada.

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