Economía

“Hay dos proyectos de Nación diferentes”

El referente de la Fundación Pueblos del Sur defendió los fundamentos de la política económica y subrayó las cuentas pendientes.

Domingo 18 de Octubre de 2015

La evolución de los indicadores económicos durante la posconvertibilidad expresa los logros pero también los cuellos de botella del modelo. Así lo aseguró el economista y docente Daniel Guida, quien destacó que después de 2001 el comercio exterior se triplicó, la deuda pasó de un 150 a un 20 por ciento del PBI y se implementaron diversas políticas de inclusión social. Sin embargo, reconoció que la inflación “es una problemática real de la economía”, planteó que debe aumentar la inversión tanto productiva como en infraestructura y consideró que es necesario aplicar “sintonía fina” para solucionar los problemas de las economías regionales.

   Además, el director de la Fundación Pueblos del Sur señaló en diálogo con La Capital que “Argentina viene siendo partícipe, no furgón de cola, de lo que está sucediendo en el mundo” y destacó el rol en instituciones como el G20 y Naciones Unidas en la disputa contra los fondos buitre. No obstante, advirtió que en las próximas elecciones se enfrentan “dos proyectos de Nación completamente diferentes” y que el resultado de los comicios influirá en la marcha de la economía local.

   — A grandes rasgos, ¿cuál es el balance de doce años de modelo kirchnerista?

   —El proceso se puede analizar a través de indicadores económicos: hay algunos muy interesantes y otros muestran situaciones que a futuro deberán ir modificándose. Por ejemplo, si uno toma comercio exterior encuentra que en los albores de 2003 las importaciones y exportaciones eran alrededor de 40 mil millones de dólares. Hoy representan una cifra cercana a los 140 mil millones de dólares. Otro aspecto es el desendeudamiento. Al final de la crisis de 2001 Argentina defaultea su deuda, que significaba más del 150% del PBI, y hoy no supera el 20%. Este proceso, sumado a una primera etapa de superávit gemelo, generó en los primeros cinco o seis años posibilidades para desarrollar un modelo de mayor defensa de la industria nacional, un proceso de inclusión social importante, e ir disminuyendo la desocupación. Esta incorporación de nuevos trabajadores, más las políticas de ingreso, impulsó uno de los motores principales de crecimiento a través del consumo. Sin embargo, esta circunstancia no puede durar toda la vida. Si el consumo aumenta en forma sostenida, necesita obviamente una respuesta de la oferta productiva para evitar que se produzcan restricciones y luego inflación. También en infraestructura Argentina ha dado pasos importantes. Destaco el tema energía: las centrales hidroeléctricas, Atucha, la recuperación de YPF. En el medio ha habido un proceso dinámico, que ha ido generando algunas restricciones y cuellos de botella.

   —En este período Argentina ha trazado alianzas estratégicas con otros países como China y Rusia, ¿cómo caracteriza la política exterior en materia económica?

   —Lo primero que hay que ver es que el mundo se está transformando. Argentina ha venido siendo participe, no furgón de cola, de lo que está sucediendo en el mundo. Con una experiencia desde el desendeudamiento y el enfrentamiento con el capital financiero salvaje expresado por los fondos buitre, su discusión en las Naciones Unidas y pasando por los nuevos vínculos comerciales y financieros. Acá va más allá de un gobierno, estamos pensando en una estrategia de país. Estamos mostrando al mundo que hay alternativas, que se puede pensar de otra forma. Argentina es un actor más, probablemente siendo un país emergente no tenga toda la fuerza que tiene una nación más grande, pero está siendo escuchada y participando junto a otras naciones hermanas con absoluta soberanía de una propuesta superadora. En 2001 todo el mundo esperaba las resoluciones del grupo de los 7+1. Hoy el mundo es el G20 y Argentina tiene un asiento ahí. El discurso de “estamos aislados del mundo” va perdiendo sentido.

   —Mencionaba antes que existen cuellos de botella y restricciones, ¿cuáles son las materias pendientes en estos doce años?

   —Hay dos o tres grandes temas. Uno es la resolución de un problema de una inflación sostenida, que nos daña a todos y perjudica especialmente a los sectores más humildes. Esa situación, que muchas veces el gobierno ocultó o que hubo un manejo raro de la información publica, es una problemática real de la economía. Pero cuidado: según desde qué perspectiva se enfoquen las causas de la inflación podemos tener una solución adecuada, sin perder el rumbo de lo que Argentina consiguió. La inflación no es el resultado del déficit fiscal y de la emisión monetaria, son componentes más de un combo. No es buena una inflación de 20, 25%, pero tampoco es cierto que la inflación se vaya a resolver volviendo a las clásicas medidas de ajuste. La segunda cuestión es que hay que reafirmar una etapa de inversión tanto productiva como en infraestructura. Necesitaríamos una financiación a largo plazo, que entiendo que si se van resolviendo los temas pendientes con los fondos buitres se va a poder acceder con mayor facilidad y a menores tasas. También se necesita del sector privado. Hay que ajustar la inversión productiva para que la oferta de bienes y servicios acompañe tanto la demanda interna como eventualmente la demanda externa. No tiene que ver con “la confianza”, esto se logra con políticas. Vinculado a este tema, es necesaria una reestructuración de la matriz productiva, para evitar la concentración económica que se ha producido en algunos sectores. No creo que el gobierno haya trabajado para que se produzca la concentración, pero no se terminaron de tomar medidas adecuadas para evitar la concentración. La otra gran temática es la de las economías regionales. La macro puede estar muy bien, pero cuando uno habla con los productores se encuentra con una cantidad de dificultades a las que hay que meter mano. Eso es lo que se llamo “sintonía fina”: ver sector por sector, cómo está la cadena, en un diálogo permanente con los interesados: empresarios y trabajadores.

   —¿Piensa que según quién gane en octubre puede haber un giro en la política económica?

   —Sin dudas. Por lo que se ve en las encuestas, habría dos alternativas. Son dos visiones, dos proyectos de nación completamente diferentes. No estoy de acuerdo en que sean lo mismo. Un conjunto de sectores plantean la continuidad de un camino de desarrollo, de inclusión, de crecimiento. Los otros proyectos también tienen su seriedad, sus intereses. De quien gane las elecciones va a depender mucho lo que pase en la economía.

   — ¿Habría condiciones sociales y políticas para implementar un modelo diferente?

   — Es difícil. No imposible, porque la dictadura militar a los tiros arrancó derechos al pueblo argentino, destruyó la industria, privatizó las ganancias y socializó las pérdidas. Hay que defender las conquistas y avanzar hacia una democracia social.

Mariano D’Arrigo

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