Economía

"Hacen falta nuevos actores económicos"

El coordinador del Instituto para la Producción Popular y ex presidente del Inti, Enrique Martínez, analizó la coyuntura económica y el escenario pospandemia

Domingo 15 de Noviembre de 2020

“En un programa de gobierno limitado, en tanto y en cuanto no aparezcan nuevos actores de la economía, no hay posibilidad de debilitar la concentración económica y hay que estar siempre atentos a que no nos quemen del rancho”. La expresión corresponde a Enrique Martínez, ex presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) y actual coordinador del Instituto para la Producción Popular (IPP). Analizó la situación macroeconómica, la gestión del ministro Martín Guzmán y la administración de la crisis cambiaria. También puso el foco en la pospandemia y el papel de la economía popular en el actual contexto.

— ¿Cómo ve la gestión económica del gobierno?

– Estamos en una economía muy particular que está saliendo de un período en el que gobernaban el destino económico los grandes poderes financieros y algunas corporaciones concentradas de la producción y la distribución. Sobre el desafío que se plantea ahora, creo que el que mejor lo explicita es el ministro de Economía, Martín Guzmán, que se ocupa de reunirse con todos y explicar que gobierna quien fue elegido por el pueblo, y que por lo tanto aquellos que forman parte de la economía deben encuadrar sus reclamos, sus pretensiones, sus aspiraciones dentro del esquema que el gobierno vaya construyendo. Guzmán se fue colocando en el centro de la escena en estos meses y es claramente el referente ideológico de esa posición. Aún más que el presidente de la Nación, a mi juicio, porque baja a lo concreto, con más herramientas y en definitiva construye este escenario. Un escenario en el que los grandes poderes económicos y financieros siguen estando ahí, pero están regulados por un gobierno que evita la rapiña extrema. Guzmán decidió un mecanismo de manejo de las finanzas tal, que consiguió que no se desbocara enormemente el frente externo. Es bastante difícil recordar en los últimos años un esquema de dólar paralelo y dólar financiero que haya bajado casi $ 40 en dos semanas por acción de las medidas del gobierno, con acciones de gestión que regularon el desempeño de todos. Ese es un escenario con fortalezas, si es que se reconoce la muñeca del ministro y su gente, y con debilidades, que surgen del hecho de que los poderosos siguen siendo siempre los mismos y que no hay actores nuevos en la economía y en la producción. Si el ministro no ejerciera ese gobierno que sostiene y que tiene legítimamente el derecho a ejercer, tratarían de llevar el dólar a $200 y luego a $300 y luego forzar devaluaciones. Vale decir, extraer de la sociedad todo resto de valor agregado que puedan apropiarse. Esa es un poco la lógica de los sectores hegemónicos. Y son los que el gobierno nacional, con Martín Guzmán a la cabeza del plan económico tiene que conducir. Un desafío complicado.

— ¿Hay un giro de la conducción económica hacia la ortodoxia?

– En medio de un vendaval, Guzmán ordena el plano financiero en los términos de un país moderno , hasta cierto punto y en lo que puede. Para eso tiene que ser relativamente ortodoxo. Y creo que está llegando a lograrlo, porque no hay un país moderno que tenga un paralelo 90% más caro que el oficial en el dólar. No hay un país moderno que tenga permanentemente una presión sobre el gobierno para que reduzca el déficit fiscal en un contexto en el que el déficit fiscal debe utilizarse para fortalecer el desarrollo. Hay una salvaje oposición a la cual hay que también pasar a conducir como conjunto de país. Aspiro a que, luego de que transite por ese camino, Guzmán avance en lo que dice en cada uno de los reportajes sobre la recuperación del poder adquisitivo del salario. Creo que lo intenta y que tiene instrumentos para hacerlo. En un programa de gobierno limitado, en tanto y en cuanto no aparezcan nuevos actores de la economía, no hay posibilidad de debilitar la concentración económica en la Argentina y hay que estar siempre atentos a que no nos quemen del rancho.

— Habló de nuevos actores. ¿Qué papel tiene o debería tener la economía popular en este proceso?

– Es el sector que ha sido dejado de lado por el mercado antes que por el gobierno. O sea, por quienes impiden que los supermercados vendan algunas marcas lácteas y que compran los fideos a dos o tres marcas y dejan a los demás afuera. El desafío del gobierno es que la economía popular ocupe un espacio más a la mano del consumidor y que aparezcan nuevos actores de la economía. Porque, si no, quedamos en el mito de que estamos en condiciones de alimentar al 70% de la población pero resulta que el Estado nacional compra alimentos para 11 millones de personas y la economía popular en ese esquema no vende un kilo. No se está implementado un mecanismo de promoción ni de apoyo.

— Desde el instituto vienen trabajando mucho justamente para que la economía popular no sea algo alternativo y que se incorpore a esta dinámica, incluso desde el punto de vista científico tecnológico. ¿Cómo puede ser esa incorporación a ese circuito?

– Lo primero que nos debería sorprender es que a pesar del panorama que yo describí, hay en estos momentos en Argentina algunos centenares de miles de productores populares, básicamente de alimentos. Acotándonos a la alimentación, que es en general el campo de mayor discusión de la economía popular, resulta que hay dispersos por Argentina más de 300 mil integrantes de la agricultura familiar y muchas plantas pequeñas que no se consideran pertenecientes a la agricultura familiar, pero que tienen oferta de la más variada gama de productos. Y sobre ello está en este momento un sistema de intermediación que pasa por grandes mayoristas, o por compradores de los productos frescos en el campo, que luego se encargan de revender en las grandes ciudades aumentando enormemente los precios. Nosotros hemos trabajado en un plano teórico, hemos escrito y pensado mucho y tenemos numerosas propuestas de cómo agilizar el tema y cómo sacarle el pie de encima a la economía popular. Pero además, en paralelo, hemos tratado, con la pequeña fuerza que tenemos, de construir modelos que si el Estado los asumiera, si los replicara a escala, estaría acercándose a la solución. Por ejemplo, en las grandes urbes, sea Amba, Rosario o el gran Córdoba, perfectamente podría haber ámbitos de concentración de productores populares agrupados que entreguen su producto a organizaciones de la sociedad, centros comunitarios de distribución que se encargarían de la logística. O sea, un sistema que ofrezca en paralelo al actual sistema de los hipermercados, que son apropiadores de valor de los pequeños, y de la economía de proximidad, del pequeño boliche que también tiene serias dificultades para ser eficiente, porque lo primero que tienen que hacer es pagar la vida cotidiana de su dueño, y en consecuencia, los márgenes que aplican son enormes y llevan los precios mucho más arriba de lo que deberían estar. En la logística, distribución y comercialización está el secreto de mejorar esa situación, pero lamentablemente no hay política pública que lo esté percibiendo, que esté haciendo algo sistemático para corregir eso.

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— ¿Considera que los programas como Precios Cuidados o algunos similares que desarrollan las provincias y municipios pueden ser la base para hacer entrar en las góndolas a esos productores?

– No, porque la experiencia demuestra que cada vez que aparece un régimen de precios cuidados, las grandes empresas ponen algunos productos dentro de esos sistemas, y el resto lo siguen vendiendo por fuera, con pequeñas variaciones de volumen, de marca, de calidad, de publicidad. En tanto y en cuanto se trate de simplemente controlar a las grandes empresas y mirar cómo se quedan cada vez más con una proporción mayor de la oferta, el problema no tiene solución. La solución empieza a aparecer cuando aparecen mercados populares, rigurosos, serios, donde pueda haber un abastecimiento diario de productores directamente a consumidores. Ahora bien, el productor no puede estar cultivando la lechuga y simultáneamente vendiéndola en el mercado. Ese mercado debe ser administrado por organizaciones público-privadas donde los municipios se involucren, simplemente administrando la venta, poniendo la cara frente al consumidor.

— Llama un poco la atención que el gobierno, que cuando asumió y durante la campaña tenía una buena relación con los movimientos sociales y promovía la economía popular, que ahora no tenga una acción más decidida en este terreno.

– Yo mismo me sorprendo cuando encuentro la explicación a eso. Y es que creo que los interlocutores no son los adecuados. No son los movimientos sociales los que están produciendo los alimentos que deberían llegar al consumidor, excepto en parte algunos campesinos del norte de Mendoza, de alguna zona de Córdoba o Santa Fe y algunas cooperativas. El resto son pequeñas y medianas empresas que están permanentemente acosadas por la tenaza que establecen los grandes líderes del sector y los supermercados, que no los dejan entrar. En la industria láctea eso es permanentemente, como en la fideera. Hay molinos familiares que se han resignado a no venderle directamente a la gente porque sólo le pueden vender a panaderías, entonces no tienen ni siquiera una línea de fraccionamiento en paquetes de un kilo. Y en el pueblo donde está el molino harinero la gente compra harina de otro pueblo. Las pequeñas empresas están desatendidas.

— En los últimos días se volvió a poner en discusión el problema del déficit de vivienda. ¿Este tema se involucra con la economía popular, con la forma de abordarla?

–Están absolutamente vinculadas. Resolver el problema de los tres millones y medio de viviendas que están faltando con una estrategia cuantitativa acorde, generaría no sólo la solución a la vivienda sino un movimiento económico de una turbulencia positiva tan enorme, que inmediatamente aparecería una posibilidad de cambiar la forma en que los sectores populares producen bienes y se abastecen de bienes. Creo que el tema de la vivienda debe ser enfocado como solución integral, no como solución parcial. Me llama la atención que no aspiremos a tener lotes con servicios en cantidad y programas diversos de construcción.

"Hay miles de pymes alimentarias que están acosadas por las líderes del sector y las grandes cadenas "Hay miles de pymes alimentarias que están acosadas por las líderes del sector y las grandes cadenas

— Da la sensación de que el uso y tenencia de la tierra es un tema tabú y de disputa.

– Claramente. Es un tema de disputa ideológicamente mal resuelto y por ende mal resuelto en términos prácticos. A mí me resultó estimulante que, cuando comenzó la toma de Guernica, apareció una versión de que el gobierno de la provincia estaba estudiando comprar la tierra y hacer un fondo fiduciario para venderles a los ocupantes lotes con servicios. La verdad es que hubiera sido una solución interesante, lo cual no significaba desposeer a nadie de la tierra si no comprarla al valor de mercado, era legítimo. Son 100 hectáreas en zona urbana o periurbana. ¿Por qué tienen que ser inexorablemente para un barrio cerrado? ¿Por qué un propietario de semejante superficie tiene la libertad absoluta de decidir lo que hace con la tierra en un espacio urbano? No hay razones políticas, ni económicas, ni sociales. Eso debe ser regulado de una manera distinta.

— Cuando apareció la pandemia y la crisis asociada se pensaba que podían venir grandes cambios en la economía y en los paradigmas económicos. ¿Esto estimula la discusión sobre la economía popular o la retrae?

– El efecto que ha generado es confuso. En realidad estamos tratando de llegar a tener la vacuna, para después ordenar la economía. Me parece que nos hemos dado demasiado poco grado de libertad para discutir cómo se hace para tener un país sin inflación, sin control concentrado tan importante de las finanzas y de la producción, que aquí es mucho más que lo que hay en el mundo desarrollado, y por lo tanto con trabajo para todos y con reducción abrupta de la pobreza. Es un escenario pendiente, porque si no entendemos cómo eliminar la inflación, cómo corregir el frente externo, y cómo resolver la necesidad básica de la población, ¿qué quiere decir tener un país normal?

— Los indicadores empezaron a mostrar algunos incipientes signos de reactivación, al menos en algunos sectores. ¿Lo considera como un pequeño rebote?

– Creo que en la medida en que empezó a moverse la economía se ve una reactivación. Se recuperaron algunas actividades y ahora se va a reactivar el turismo, que va a explotar más de lo que las regulaciones intentan hacer. La economía está pasando por encima de la crisis sanitaria y los centenares de muertos diarios, dolorosamente, están pasando cada vez más a una página interna de los periódicos. Aparecerá la vacuna y eso desaparecerá. La economía se va a recuperar pero es la economía de antes, no la que queremos. Me parece que vamos en una dirección de no modificar ninguno de los poderes económicos hegemónicos y eso obliga a un esfuerzo titánico del gobierno para controlarlos, con un resultado que siempre va a ser modesto. Lo resumo en números. Si el gobierno de Néstor Kirchner tomó el país con más del 50% de pobreza y en 12 años el peronismo pudo reducirla al 25% y eso fue un éxito, en realidad llevar este 40%, 42% ó 45% heredado, al 25%, no es algo que pueda hacernos felices. Tenemos que preguntarnos por qué no podemos bajar el 25% de pobreza.

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