Economía

Hace 15 años Kirchner llegabaal poder con promesas de cambio y apelando al futuro

Con sólo el 22 por ciento de los votos en primera vuelta, enterró al menemismo y puso en marcha una época que marcó a fuego una década del país.

Viernes 25 de Mayo de 2018

El 25 de mayo de 2003, hace 15 años, Néstor Kirchner asumía la presidencia de la Nación con una promesa de "cambio", palabra clave del discurso que pronunció ante el Congreso en momentos en que el sistema político recién empezaba a reconstruirse tras la crisis de 2001.

Ese domingo, cuando llegó al Palacio Legislativo para tomar posesión del cargo todavía no se sabía de Kirchner mucho más que era el gobernador de Santa Cruz y el elegido del presidente de transición Eduardo Duhalde para vencer definitivamente a Carlos Menem.

Además, había sido electo por default, con la sorpresiva renuncia de Menem al ballottage tras ganar la primera vuelta con el 24,4 por ciento de los votos, contra el 22,2 por ciento del santacruceño, escasos 4,3 millones de sufragios.

El presidente provisional del Senado, José Luis Gioja, les tomó juramento a las 14.54 a Kirchner y a su vice, Daniel Scioli, ante la mirada de la Asamblea Legislativa y de 12 mandatarios latinoamericanos, entre ellos el cubano Fidel Castro, aplaudido con fervor.

A las 15, después de recibir una ovación del recinto, Duhalde le entregó a Kirchner la banda y el bastón presidencial, que el santacruceño, en una primera muestra de su desapego al protocolo, lo agarró al revés, mientras el auditorio lo vivaba con el apodo de "Lupo".

Un discurso de "cambio".

A 15 años de aquel día, se observan en el discurso de asunción de Kirchner varios anticipos de lo que sería su gestión, algunas paradojas y llamativas coincidencias con algunas declaraciones del oficialismo actual.

"El pueblo ha marcado una fuerte opción por el futuro y el cambio", expresó Kirchner, quien durante los 48 minutos que duró su discurso repetiría varias veces esa última palabra y su deseo de generar un "profundo cambio cultural y moral".

Con el país en default, Kirchner señaló que no se podía "volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión" y que "los acreedores tienen que entender que sólo podrán cobrar si a Argentina le va bien", un adelanto de la reestructuración con quita de deuda que lograría en 2005.

Destacó su origen patagónico para adelantar que sostendría "inclaudicablemente el reclamo de soberanía sobre las Malvinas" y sugirió la reapertura de los juicios a los represores de la dictadura al pedir militares "comprometidos con el futuro y no con el pasado" y hablar de "memoria".

"El objetivo de la política económica será asegurar crecimiento estable" que expanda "la actividad y del empleo", indicó, y señaló que para ello era necesario un "consumo en permanente expansión" por el crecimiento de la "capacidad de compra por efecto de salarios".

Para propulsar ese plan "la sabia regla de no gastar más de lo que entra debe observarse, el equilibrio fiscal debe cuidarse" y "eso implica más y mejor recaudación y eficiencia y cuidado en el gasto", afirmó.

Prometió ser "implacable" en la "lucha contra la corrupción y la impunidad" y agregó que "gobernabilidad no puede ser sinónimo de impunidad (...) manipulación política de las instituciones o pactos espurios a espaldas de la sociedad".

"El delito es delito, sea de guante blanco, sea de naturaleza común, sea de mafias organizadas", remarcó Kirchner, y prometió "trajes a raya para los evasores", una de las frases más recordadas de ese discurso, junto a la que usó para cerrar: "Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero una Argentina normal. Quiero que seamos un país serio, pero además un país más justo".

A la Rosada

Terminada la ceremonia de asunción, Kirchner partió rumbo a la Casa Rosada junto a su esposa, la senadora Cristina Fernández, y su hija Florencia, y al llegar dio la segunda muestra de desapego al protocolo cuando cruzó la calle Balcarce y se acercó al público.

En medio de la algarabía y los apretujones de la gente, los custodios y la prensa, un fotógrafo lo golpeó sin querer con su cámara fotográfica en la frente, lo que obligó al flamante mandatario a colocarse el apósito que lució durante todo el acto de jura de su gabinete.

Primero le tomó juramento como jefe de Gabinete a Alberto Fernández, su principal colaborador, y luego al equipo de ministros, muchos de los cuales perdurarían como figuras centrales de la hegemonía política de 12 años que le siguió a ese 25 de mayo y a ese escaso 22 por ciento de votos que recolectó en las urnas.

En orden, desfilaron ante Kirchner Aníbal Fernández (Interior), Rafael Bielsa (Relaciones Exteriores), José Pampuro (Defensa), Roberto Lavagna (Economía), Gustavo Beliz (Justicia, Seguridad y DD.HH.), Julio De Vido (Planificación Federal), Carlos Tomada (Trabajo) y Alicia Kirchner (Desarrollo Social).

Les siguieron Ginés González García (Salud), Daniel Filmus (Educación), Oscar Parrilli (secretario general de la Presidencia), Carlos Zannini (secretario de Legal y Técnica), Sergio Acevedo (secretario de Inteligencia) y Torcuato Di Tella (secretario de Cultura).

Al cerrar la ceremonia, recordó que ese 25 de mayo, 30 años antes, había estado en la Plaza de Mayo para festejar la asunción de Héctor Cámpora.

Nacía el kirchnerismo.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});