Economía

G-20 ¿Una chance para examinar el modelo capitalista occidental?

El sistema financiero global "se derrumbó como un castillo de naipes por la fe dogmática en la no intervención en los mercados". La frase del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva en la previa a la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) que se realizó en su país la semana pasada...

Domingo 16 de Noviembre de 2008

El sistema financiero global "se derrumbó como un castillo de naipes por la fe dogmática en la no intervención en los mercados". La frase del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva en la previa a la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) que se realizó en su país la semana pasada y cuyo encuentro central arrancó ayer Washington abre la puerta a una discusión clave: la presencia de los países emergentes en la mesa chica de discusión de las políticas globales en materia económica.

"El formato occidental del capitalismo fracasó", sentenció hace unas semanas Michel Rake, presidente de British Telecom Group y de la comisión de Empleo del Reino Unido, durante su disertación en el Coloquio de Idea, y expuso así la visión europea del origen y la solución para la crisis global.

Para el ejecutivo inglés, se viene un escenario de desequilibrios en las cuentas públicas en las principales economías del mundo. "En los próximos años el déficit fiscal será del orden del 6 por ciento porque los gobiernos no podrán subir impuestos y deberán aumentar el gasto público", señaló y por eso, consideró clave que para lograr reestablecer la armonía "hay que coordinar políticas a través del G-20".

Esta apertura de los países desarrollados a abrir el juego al resto de las naciones suena más a necesidad que a convicción, pero en los hechos, es una oportunidad que se le abre a países como Argentina que participarán de este debate mundial, aunque no con la relevancia que puede tener en las decisiones Brasil, que junto al resto de los países que conforman el Bric (Brasil, Rusia, India y China), están en una posición inmejorable para exigir nuevas condiciones en el orden económico mundial.

"Vemos una fricción entre el capitalismo anglosajón por un lado y el capitalismo estilo europeo por el otro", dijo la semana pasada la ministra de Economía de Francia, Christine Lagarde, en la previa del G-20 que se realizó en San Pablo y explicó que "en el lado anglosajón, la tendencia tiende más a dejar jugar a las reglas del mercado, mientras que el lado europeo probablemente tiene una gran preocupación sobre la regulación", explicó.

Y aunque en un comunicado los funcionarios de finanzas del G-20 acordaron sobre la necesidad de mejorar la supervisión de los mercados, la redacción del texto fue lo suficientemente ambigua como para dejar lugar para el debate sobre qué entiende cada país y que quieren en materia de nuevas regulaciones.

Lo que sí queda claro es que las potencias mundiales se inclinan por "pensar en el multilateralismo", según explicó Rake, para evitar un giro brusco hacia el proteccionismo. "Es lo peor que podría pasarnos", agregó el ejecutivo, quien consideró que "el proteccionismo destruyó la economía que inventaron después del 30".

Aún así, los países de la Unión Europea señalan a Estados Unidos como el responsable absoluto de la crisis financiera global y apuntan todos los dardos a tratar de poner un coto a un sistema libre de regulaciones que provocó un festival de liquidez que derivó en la turbulencia.

Para Rake la salida pasa por trabajar sobre tres ejes: liquidez, tasa interés y regulación y "por ahí con eso la cuestión se resuelve más rápido dijo". En este sentido se mostró partidario de que "haya liquidez en los bancos y mayores garantías en los préstamos interbancarios" dejando de lado la política estadounidense de tasas bajas. "La crisis se inició a raíz de la baja de tasas en los Estados Unidos que empujó a prestar dinero a todo el mundo", explicó y recordó que "no hubo regulaciones en los balances de muchas empresas en riesgo financiero".

Contracción mundial

Aunque Estados Unidos no puede ocultar su responsabilidad en esta debable financiera, sigue defendiendo sus trincheras ideológicas y en buena parte los negocios de los grupos que ganaron con la crisis, al tiempo que Europa ve la oportunidad para tomar las riendas de las decisiones en materia de política económica global. Así, Francia, que tiene la presidencia rotativa de la Unión Europea, está encabezando una campaña para imponer nuevas regulaciones más estrictas y una mayor supervisión de los mercados financieros y muchos países quieren reforzar al FMI y algunos quieren otorgarle incluso un rol de supervisión de las regulaciones.

En tanto, Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Australia temen que demasiada regulación pueda restringir el libre mercado y opacar con ello las perspectivas de crecimiento de los países.

Lo cierto es que la desaceleración ya es un hecho. "El crecimiento va a llegar recién en 2010 pero va a ser muy bajo en Europa", anticipó Rake y consideró que "contra las reglas" los países deberán renunciar a sus equilibrios al tiempo que estimó que "un déficit fiscal de 3 por ciento estará bien" para las grandes potencias.

Para la línea europea, una lavada de cara al capitalismo sin escrúpulos que derivó en la crisis no es una salida elegante. "El capitalismo va a funcionar si sirve a las mayorías, no a unos pocos" y advirtió que "lo peor que podría ocurrir ahora es el proteccionismo" de las economías, dijo Rake.

Por eso, explicó que para superar la crisis "se necesita un marco regulatorio basado en claros principios y que se aplique en el mundo entero" para mejorar la confianza de la gente en los mercados y superar la crisis financiera mundial.

Sin embargo, tomó sus recaudos y advirtió que se requiere "una regulación correcta pero que no signifique un abordaje demasiado rígido que pueda ser perjudicial", y consideró que "en todas partes debe haber un requisito político para la estructura de incentivos".

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