Viernes 14 de Julio de 2023
“Estamos en un momento bastante álgido de las relaciones Unión Europea Mercosur”, reconoció Amador Sánchez Rico, embajador de la UE en Argentina. Aunque, lejos de ser pesimista, su mirada sobre el vínculo entre los bloques que no terminan de sellar el acuerdo de libre comercio, es esperanzadora. Confía en que las negociaciones que se vienen gestando desde hace dos décadas tomen forma en el corto plazo. “Estamos convencidos de que estaríamos mucho mejor con este acuerdo que sin él”, señaló. “No se está reabriendo lo que ya se negoció. De ninguna manera”, dijo enfático sobre las exigencias en materia medioambiental que reclama el bloque europeo a los países latinoamericanos, algo que espera, pueda ponerse sobre la mesa en la nueva cumbre de UE Celac que se realizará la próxima semana en Bruselas. De paso por Rosario, para participar de una actividad del Proyecto Trama, que financia la UE, este fue el diálogo con La Capital.
- En la última cumbre de presidentes del Mercosur hubo fuertes críticas hacia las imposiciones de la Unión Europea (UE) para sellar el acuerdo de libre comercio entre ambos bloques, especialmente en materia medioambiental ¿Se puede llegar a un entendimiento en el corto plazo o queda mucho por resolver?
- Estamos en un momento bastante álgido de las relaciones Unión Europea Mercosur. Pero hay que decir que llevamos 20 años negociando, demasiado tiempo. Desde 2019 cuando finalizó la negociación, la cosa está un poco parada. El acuerdo se tiene que ratificar de ambos lados para finalizar el proceso. En 2019 surgieron preocupaciones de índole medioambiental, sobre la lucha contra el cambio climático y la deforestación. Pero eso fue de ambos lados, no es una cosa solamente europea, también hay preocupaciones en los países del Mercosur. Eso hizo que la UE haya solicitado garantías adicionales en materia de lucha contra el cambio climático. El famoso instrumento adicional. No se está reabriendo lo que ya se negoció. De ninguna manera. Eso ahora está sobre la mesa y es a lo que quizás se refirió el presidente Lula Da Silva sobre una posición un poquito dura de la UE. La buena noticia es que hoy estamos negociando eso y los equipos técnicos de Mercosur y la UE están intentando llegar a un acuerdo.
- En términos medioambientales, ¿cuáles serían las cuestiones puntuales que deberían ajustar los países del Mercosur y que exige con más énfasis la UE?
- En 2019 se terminan las negociaciones, pero ese mismo año entra un nuevo equipo dentro de la Comisión Europea, que es presidido por Úrsula Von der Leyen, con una agenda muy ambiciosa en materia de transición verde, lo que se llama el Green Deal (pacto verde), para llegar a la neutralidad climática en 2050, propugnando la biodiversidad y con una serie de medidas para lograrlo como propiciar la electromovilidad, frenar la deforestación. Esas medidas que se aplican a la Unión Europea tienen también un impacto extraterritorial. Y es lo que está ahora poniendo en entredicho a la UE con los países del Mercosur. Dentro de esta revisión, o “instrumento adicional” para la UE el tema más importante es el de la deforestación.
- ¿Hay disponibles fondos de cooperación europeos para la readecuación de la matriz productiva en torno a esos requerimientos?
- Sí. El acuerdo UE-Mercosur tiene tres capítulos: político, comercial, y de cooperación. No es sólo comercial sino geoestratégico. Y en ese marco de cooperación, la UE está dispuesta a acompañar a los países de Mercosur en esta transición verde.
- Los países más desarrollados de la UE lo hicieron con otros vecinos al inicio de la conformación del bloque.
- Sí. Y seguimos haciéndolo con los fondos regionales, cuando entran algunos países que vienen con índices más bajos en términos adquisitivos, de crecimiento o de desarrollo. El proyecto europeo es un proyecto solidario y los fondos regionales intentan llegar a un equilibrio entre todos los países.
- Esos fondos de cooperación ¿pueden ser aplicables por ejemplo para modificar la matriz productiva de empresas, para que puedan convertirse en proveedores de la UE?
- Lo que se intenta con esos fondos es llegar a procesos de convergencia en materia de desarrollo productivo. La cooperación puede tener diferentes naturalezas. Lo que hacemos aquí en Argentina, por ejemplo con el Proyecto Trama es resultado de eso. Son proyectos que la UE financia, son subsidios. Puede haber programas como el «Low Carbon Business Action», que intenta que las empresas de ambos lados puedan intercambiar experiencias. También financiar a algunas empresas argentinas, en este caso, para alcanzar los mismo niveles de desarrollo y tecnologías verdes, como tenemos en Europa.
- ¿Cómo están viendo el desarrollo que hay en Argentina y Brasil del ecosistema tecnológico vinculado a lo agrícola, proyectos de promoción de la economía circular, que puede contribuir con estas metas mediombientales?
- Creo que tenemos muchísimas experiencias para intercambiar, especialmente en tecnología. Pueden servir los satélites, y otros desarrollos de vanguardia de la UE y de Argentina. Aquí por ejemplo está el Invap que tiene un potencial enorme en materia agropecuaria, y en la lucha contra la deforestación. A través de imágenes satelitales se puede lograr la trazabilidad de las regiones y ver dónde se deforestó. Hay un montón de potencial y margen para cooperar con Argentina en todo esto. Entonces, al acuerdo con el Mercosur -al que esperamos poder cerrar en este ejercicio- lo vemos más allá del ámbito comercial. Es un acuerdo geoestratégico. No hay uno en el mundo otro de esta dimensión. Involucra 700 millones de personas. Le permitiría a los países del Mercosur, que es un bloque bastante cerrado, penetrar el bloque quizás más abierto y más integrado, que es el de la UE, con libre circulación de personas, de servicios, de capitales y de mercancías. Estamos convencidos de que estaríamos mucho mejor con este acuerdo que sin él. Sobre todo en el momento geopolítico en el que nos encontramos. Hace cuatro años cuando llega a Úrsula Von der Leyen señala que quiere una UE más geopolítica, más autónoma o soberana desde el punto de vista estratégico. Luego llegó la pandemia y luego llegó (Vladimir) Putin, que nos puso todo más crudo. Mucha gente nos dice que ahora miramos a esta región por la guerra. Esto no es así. Pero sí hay que decir que la guerra nos hizo más evidente la necesidad de este acuerdo, que llevamos negociando hace 20 años. Tenemos 27 acuerdos con los 33 países de la región de América latina, políticos o sociales o económicos. Con ninguna otra región ocurre eso. La UE es el primer inversor extranjero directo en toda la región. Tenemos en América latina más inversiones que en China Rusia, India y Japón juntos. También es cierto que durante los últimos 20 años nos hemos dejado los unos a los otros y terceros han ocupado ese espacio. Pero no cabe duda de que nuestro interés por la región no es nuevo. Las empresas más centenarias aquí, son europeas.
- El hecho de que China busque posicionarse en áreas estratégicas como energía, litio, hidrógeno verde ¿acelera este el interés de la UE?
- En 2019 dijimos que queríamos una UE más geopolítica, con autonomía estratégica. Esto no quiere decir aislarse del mundo sino cambiar las fuentes de suministro. Estábamos dependiendo demasiado de Putin y ya vemos lo que pasó. Quizás en algunos casos también dependemos demasiado de China o de Estados Unidos en materia de seguridad y defensa. Estamos replanteándonos un poco nuestras cadenas de suministro, la diversificación de nuestras fuentes de energía. Llega la pandemia y nos pone todo más claro. Un pequeño dato. En la UE no se produce un gramo de paracetamol, lo hacen China o India. También hay que prestar atención al petróleo, al gas. Hay que mirar otras regiones. Es un renovado interés por la situación geopolítica.
- En un contexto donde ahora los socios del Mercosur se ponen más exigentes.
- China hace 25 años no estaba presente. Ahora tiene mucha más presencia. Igual están muy lejos en materia de inversiones respecto de la UE. Por ejemplo, en Argentina en materia de inversión extranjera directa, la UE tiene un stock de 800 empresas. Es enorme. Es cierto que China viene avanzando en otros sectores estratégicos en los que la UE también tiene interés. Tenemos que hacer nuestros deberes. Uno de ellos, que supondría un salto cualitativo enorme, es este acuerdo con el Mercosur. Eso nos ayudaría muchísimo. Estuvo en Agentina hace poco la presidenta de la Comisión Europea y firmamos un memorando de entendimiento sobre el tema de materiales críticos y cadenas de suministro de litio. La semana próxima en la cumbre UE - Celac (que se realizará en Bruselas los días 17 y 18 de julio), si es posible queremos firmar un memorando en términos de energía, hidrógeno verde y GNL. Estamos en esto.
- ¿Cómo impactó la pospandemia y la guerra?
- La pandemia nos hizo replantearnos algunos aspectos. No puede ser que dentro de UE no se fabriquen o produzcan paracetamol o ventiladores mecánicos. Y luego el tema de Putin. Hay que hacer una autocrítica porque quizás tendríamos que “haberle visto las orejas del lobo” allá en 2014 cuando ocurrió la invasión a Crimea y no fuimos lo suficientemente capaces de desengancharnos, de cortar este cordón umbilical que teníamos con Rusia y con el gas.
- ¿Por qué?
- Tuvimos muchos problemas internos, con el terrorismo, el Brexit, la migración, la crisis del euro, los movimientos xenófobos. No es fácil. Además con un vecindario muy complicado: Afganistán, Libia, Siria. Hay muchas fuerzas europeas desplegadas en los Balcanes Occidentales y ahora el tema de Rusia. Por eso, quizás nos hemos desentendido de esta región. Pero queremos como lo dijo ya el canciller europeo Josep Borrell cuando llegó en 2019, tenemos que recolocar a América latina en nuestro radar. Lo que pasó con la pandemia y luego con esta guerra es que nos han puesto un poco contra la pared y hay que reaccionar y esta región es muy importante. De ahí que tenemos muchas expectativas en la cumbre UE Celac, que no se hacía hace 8 años. Esto demuestra que estamos activos. Seguramente no será un encuentro fácil, pero lo importante es verse, generar una dinámica positiva entre las dos regiones y que la agenda no esté monopolizada por lo que nos divide. Sabemos que hay diferencias por temas con algunos países en esta región, pero esperemos que eso no sea lo que predomine en esta agenda. Tenemos mucho más cosas que nos unen que cosas que nos dividen.