Economía

En Foco: Diálogo social a cara de perro

La respuesta del presidente de la Unión Industrial, Héctor Méndez, fue corta, contundente y feroz, acorde con el espíritu de época.

Domingo 25 de Agosto de 2013

No pasó mucho tiempo hasta que “los dueños de la pelota” le enmendaran la plana al reclamado diálogo social. “Hay que bajar el impuesto a las ganancias a los trabajadores, mientras no lo pague yo”. La respuesta del presidente de la Unión Industrial, Héctor Méndez, fue corta, contundente y feroz, acorde con el espíritu de época.

   Expone a su vez con crudeza las dificultades para leer linealmente, tanto desde la economía como desde la política, los resultados electorales de las Paso. La suma de todas las facturas que golpearon al oficialismo no son necesariamente equivalentes a la suma de todos los votos de la oposición.

   El conglomerado opositor es amplio y diverso. La simplificación mediática, de uno y otro lado, no oculta la miscelánea de propuestas, ideologías, actitudes, antecedentes e historia de los distintos sectores. Por suerte para el gobierno, detrás de las muletillas de la “opo” y la “corpo” hay un cuerpo complejo, con actores que lo interpelan desde lugares distintos y con agendas diferentes.

   En ese paisaje, asoma como una característica particular la candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires de Sergio Massa, la expresión electoral de un colectivo de actores políticos y económicos beneficiarios del modelo de la posconvertibilidad que le plantearon la disputa interna al kirchnerismo.

   El intendente de Tigre es uno de los que presentó, con perspicacia, un proyecto para reducir el impuesto a las ganancias sobre los salarios de los trabajadores, a cambio de gravar la renta financiera. Es probable que este tema, que involucra a un amplio sector de la clase trabajadora, base de sustentación del oficialismo en las victorias electorales de la última década, haya influido en el resultado de las Paso. En la misma lista del ex jefe de Gabinete del gobierno nacional está el ex presidente de la Unión Industrial Argentina, la entidad que con mayor ferocidad planteó el intríngulis del pacto social.

   Méndez no estuvo solo en su advertencia. El advenedizo banquero oficialista Jorge Brito también advirtió desde la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba) que el alivio a la carga fiscal sobre los trabajadores no debería buscarse en un gravamen al “ahorro de los argentinos”, que se expresaría en las exenciones tributarias sobre la renta financiera. La corporación judicial todavía no se constituyó como entidad sectorial formal pero seguramente suscribiría el programa de sus colegas.

   Es que el mundo de jubileos fiscales que limita la posibilidad de reducir el impuesto sin desfinanciar al Estado está hecho de millonarias exenciones a esos sectores, así como de los millonarios subsidios económicos que incluyen tanto recursos dispuestos para morigerar el impacto de la inflación en la población de menores ingresos como, en una proporción mayor, para aliviar los costos de grandes grupos empresarios.

Los subsidios. Con cintura corporativa, el titular de la UIA esquivó el compromiso en torno del impuesto a las ganancias y contragolpeó ofreciendo explorar el camino de la reducción de los subsidios. Dijo que el Estado es el dueño de la caja y de esa caja debe salir la sangre fiscal que modere el ajuste salarial que el gobierno aplica con virulencia desde hace dos años a través del congelamiento de mínimos y escalas de ese tributo.

   Tocar los subsidios, los que implican asignaciones directas así como los beneficios indirectos derivados por ejemplo de la administración del comercio exterior, implica tocar un eje central de la política económica de los últimos años. El gobierno nacional avanzó en su momento con un programa de ajuste de sintonía fina, luego interrumpido por la presión de los que piden el recorte del gasto público y sus propias contradicciones. Si ese camino se retomara en serio seguramente devolvería como un boomerang al centro del debate el planteo del universo poblacional que representan las entidades empresariales. Ya no se trataría de ver quién pone más en una reforma impositiva sino a quién le sacan primero en un recorte del gasto público.

   El diálogo social tiene la virtud de exponer crudeza la puja distributiva y la distancia que la separa de los discursos que recogen demandas infinitas y contradictorias. Como la inflación, siempre provocada por otro que obliga a subir los precios, o la devaluación, con su paradójica consigna de dólar para todos, pero caro.

   Los tironeos intrasectoriales pueden ser abordados desde distintos paradigmas, desde los que consideran que todos tienen algo de razón hasta los que consideran que algunos tienen más razones que otros. El conflicto se exterioriza y la forma de resolverlo está asociada a una concepción ideológica. Detectarla no es menor en la medida en que el escenario electoral que se construya en octubre será el que acompañará una etapa particular de la historia económica.

   Los temblores de las economías emergentes parecen convalidar las hipótesis poco difundidas que en su momento se hicieron sobre los costos que tendrían las estrategias de salida dispuestas por las grandes economías capitalistas para zafar de la crisis de Lehman Brothers. Seis años después, la recuperación de Estados Unidos y los brotes verdes europeos (incluida la recuperación de su competitividad exportadora por vía del ajuste recesivo) tienen como contrapartida la desaceleración y la fuga de capitales de algunos de los países del sobrerelatado “milagro Bric”.

   En la economía y en la política se viene una etapa de áspera reconfiguración de relaciones. Algunos analistas lo advirtieron, en los años en que el boom de los commodities parecía no tener fin, al refrescar la historia de los años 80, cuando a la fiebre del crudo le siguió un largo período de restauración conservadora.

   Nada más gráfico acerca del corrimiento de los ejes de la discusión política y económica en la Argentina que la pica clavada esta semana por un ex corredor, de lanchas, con voluntad de erigirse en heredero del kirchnerismo y conductor del poskirchnerismo.

   “Este gobierno tiene que terminar de la mejor manera”, advirtió Daniel Scioli, al esbozar por primera vez un plan de acción.

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