Economía

Emprendedor, el empresario que surge a fuerza de prueba y error

El espíritu emprendedor también es una identidad de la ciudad y la provincia. La intendenta Mónica Fein, reconoció que “esta es una ciudad de emprendedores y se construyó en base a ellos”.  

Domingo 14 de Febrero de 2016

“Tomar una idea, prepararme, hacer mi plan, salir al mercado, interactuar, aprender y mejorar: ese circuito es el éxito, un proceso constante de combinación y recombinación”. La definición surgió de Adolfo Rouillón, quien es presidente del Board Endeavor Rosario, un espacio que todos los años reúne en la ciudad a referentes del emprendedurismo de distintas escalas y que opera como un disparador para muchos que comienzan a hacer sus primeras armas en una actividad u otros que, en contacto con sus pares, se animan a dar el salto de escala.

   El espíritu emprendedor también es una identidad de la ciudad y la provincia. Según datos oficiales, “Santa Fe es una región profundamente emprendedora, tiene más de 18 mil pymes que todos los días abren sus puertas”, aseguran desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología provincial, que con la nueva gestión de Miguel Lifschitz adquirió el rango de ministerio, desde donde se apunta a construir “comunidades emprenedoras”.

   Además, Rosario tiene su propia historia en ese sentido. La intendenta Mónica Fein, reconoció que “esta es una ciudad de emprendedores y se construyó en base a ellos”.

   La historia del éxito está plagada de marchas y contramarchas. Guibert Engebienne, presidente de Globant y de Endeavor Argentina fue claron en ese sentido: “Para mi pegarla una vez significó errarle siete otras veces”, dijo y agregó, que por ello, “el aprendizaje es un subproducto de nuestro trabajo que dejamos siempre un poco abandonado y que deberíamos compartir con otros”.

   Endeavor es una usina que respalda a emprendedores que llegaron finalmente a conocer el significado del éxito. Un caso testigo es el de Vanesa Duran. Fundadora de la empresa de joyas que lleva su nombre, la empresaria contó que empezó la actividad en una habitación en Resistencia (Chaco), siendo ella la única empleada. Actualmente la compañía tiene una fuerza de venta de 20.000 revendedoras por catálogo, a lo largo y ancho del país. “Soy una hija tupperware”, dice con orgullo. Todo lo que sea no perderse en una rutina, fue lo que la motivó. Diseñé un sistema hecho para la gente que “quiere salir del sistema”, agregó.

   La capacidad de adaptarse es fundamental en el universo emprendedor. “Vender un anillo con una foto parecía imposible”, explicó Duran, quien ya lleva vendidos más de 5.000 anillos. Sin embargo, lo que primero le pidieron no fueron joyas, sino más folletos. La empresaria tuvo que rediseñar su estrategia. “Copié, lo digo sin vergüenza, las mejores prácticas de otras empresas emprendedoras”.

   “Trabajamos con un sector vulnerable en el comienzo y buscamos empoderarlo, enseñándoles a tributar y lo más importante, a emprender”. Es mucho lo que queda a los distribuidores: la capacidad de administrar su tiempo, de administrar dinero que no es de ellos y la noción de que el tiempo que se invierte es proporcional a los resultados. Hoy el valor más grande de la compañía es la red. Ahora ampliándose al mercado brasilero, Vanesa Duran manifestó que se siente “un modelo a seguir que será mirado por muchos emprendedores”.

   En ese sentido impulsó a pensar que “no sólo se emprende desde alguna rama o lugar, saber que se puede desde Rosario salir al mundo es lo más importante que hay que saber”, dijo.

   “Pocos nos reconocen como emprendedores. Pero la venta directa es una industria muy noble en la que hay que aprender a pensar en grande”, agregó la empresaria.

Emprender sin pobreza. Daniel Cerezo, fundador de CreerHacer, contó su inspiradora historia. Nacido de un hogar de origen humilde, Cerezo hizo de su pobreza una riqueza enorme, más allá de lo material. “Qué es ser pobre, es una pregunta que siempre me hago. Siempre pensé que tenía que ver con ser un villero”. Fue en la propia calle que se hizo músico, gracias a la generosidad de una maestra de piano que todas las mañanas de sábado se dedicaba a enseñar en su barrio. Así fue como a los 9 años, Cerezo rompió con “su primera pobreza, la pobreza cultural”.

   “La peor pobreza es perder la capacidad de proyectarse”, expresó. Esa convicción lo convirtió en un líder social, dando sus propias clases de piano más tarde a alumnos de barrios humildes.

   “A los 17 años rompí con otra pobreza, la pobreza solidaria, coordinando grupos juveniles”, contó. Fue director ejecutivo de la Fundación que lo había formado por algún tiempo. Y años después se sumó a la Asociación Inicia, similar a Endeavor. Comenzó a dar talleres de liderazgo en penales pensado en “derribar la pobreza del prejuicio”. Luego, el azar y sus ponencias lo llevaron a conocer al gerente de la marca de alpargatas Paez en una charla Crea. Así fue como se convirtió en gerente de recursos humanos de una empresa pujante. Allí renombrarían su cargo con el original apodo de “gerente de cultura y felicidad”.

   Finalmente, este emprendedor de pura cepa renunció para fundar su propia empresa: CreerHacer, un proyecto para generar impacto social desde las empresas. “En las empresas el conocimiento no se comparte, porque se paga”, aseguró Cerezo. En el cambio fundó una empresa para desarrollar potenciales. “Generar balance económico pero también balance de vida”. Con acciones como “Barrio abierto”, la empresa de Cerezo hacen evento tipo TED en la villa, buscando llevar inspiración, ganas de hacer.

Socios en la Idea. Ernesto Cambursano, CEO de Data Factory, es un caso testigo de emprendedurismo. “Tal vez no nos conozcan pero consumen nuestros productos”, aseguró el CEO. Las estadísticas que tienen todos los medios deportivos de Rosario y muchos medios de otras regiones es información que Data Factory procesa.

   Trabajando en «Clarín digital» así como en el Sitio.com, Cambursano aprendió mucho acerca de la lógica de las corporaciones, renegó de ella y pensó en superarla. “Quería crear un lugar donde las reglas del lugar de trabajo nos hicieran felices a todos. Por eso me decidí a armar mi negocio”, manifestó y expresó así la vivencia de muchos emprendedores. “Mi gran capacidad era la de remar así que así lo hice”, afirmó. Y siguió aportando imágenes deportivas a su sueño de emprender: “Tenía que saltar al vacío, tomar riesgos”. Eso sí, teniendo la idea clara de lo que iba a emprender. En su consideración, no cualquier idea es plausible de llevarse adelante. “Lo que hagamos, que sea mejor que lo que se está haciendo ahora, no importa el negocio”, aconsejó. “Inversores no faltan, sino que nos faltan recursos para convencerlos”, reveló.

   Trabajo en equipo, sumarlo al riesgo, hacerlos socios de la idea, usar los recursos que tenemos, es decir, hacer Boothtrapping, “son algunas de las claves esenciales para la motivación”, dijo.

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