Economía

Elecciones, el triunfo de Macri y el viraje del modelo

Anuario. En el año que terminó, el gobierno de Cristina acentuó su corte keynesiano, pero tras el triunfo del actual presidente comenzó la apertura del mercado.

Domingo 03 de Enero de 2016

Condicionado por elecciones presidenciales que generaron un trascendental cambio de rumbo, 2015 fue un año en que el debate económico pasó principalmente por el dólar, el cepo cambiario, la inflación y la tan temida devaluación.

No menor protagonismo tuvieron el creciente déficit fiscal, la emisión monetaria récord, la permanente caída del superávit comercial, el estancamiento industrial y el recrudecimiento del conflicto con los fondos buitre, en un escenario de menor crecimiento y crisis internacional.

El triunfo inesperado de Mauricio Macri derivó en un giro de 180 grados en la política económica que durante doce años y medio encabezó el kirchnerismo, determinando un movimiento pendular de consecuencias aún indefinidas.

La economía de corte keynesiano y marcada intervención estatal viró, en sus primeros pasos, hacia una política más próxima al libre mercado, con baja de retenciones, apertura de importaciones, endeudamiento externo y desregulación financiera, que tiene entre sus impulsores al ministro Alfonso Prat Gay.

El año termina con una inflación cercana al 30 por ciento, según las mediciones privadas, aunque para el Indec _cuyas polémicas estadísticas fueron suspendidas por la nueva administración_ se ubicó en menos de la mitad.

La anunciada unificación cambiaria incentivó la inflación en el último tramo del año y puede impactar fuerte en el 2016, conjuntamente con el ajuste en tarifas de luz y gas, y la puja salarial con los gremios que empezarán con el nuevo año.

En la Argentina, los años electorales siempre fueron traumáticos y de alto impacto en el ámbito económico y financiero, y 2015 no fue la excepción.

Una muestra fue la fuerte variación cambiaria de estos 12 meses, donde el dólar oficial empezó a 8,56 pesos y terminó por encima de los 13; lo que significó una depreciación superior al 50 por ciento, de los cuales un 35 por ciento correspondió a la liberación del mercado y la apertura del cepo del gobierno macrista tras más de cuatro años de vigencia.

En ese marco, las reservas del Banco Central terminarán en el orden de los 24.700 millones de dólares, lo que significará una baja de 6.750 millones contra fines de 2014.

Los vencimientos de deuda, en torno a los 14.000 millones de dólares _sólo 6.000 millones se saldaron en octubre con el Boden (el mayor de la era k si no se tiene en cuenta la cancelación con el FMI)_, también castigaron los fondos atesorados en el Central, junto con el pago de importaciones y de compras de energía al exterior.

Por cuarto año consecutivo, el déficit fiscal se mantuvo a ritmo creciente: trepó al 7 por ciento del PBI, casi el triple del año pasado, duplicando al presupuestado, al ubicarse cerca de los 388 mil millones de pesos.

Para cubrir ese rojo fiscal, el gobierno apeló a una emisión récord, que provocó una suba del 40 por ciento en la base monetaria, la tasa más alta desde 2006.

 

Dólar. Ante la amenaza de una devaluación la gente optó por comprar dólar ahorro _que marcó récord mes a mes_, totalizando casi 7.000 millones en el año y, por otro lado eligió gastar en el exterior a un tipo de cambio inferior que el paralelo.

El cóctel fue explosivo: mucha demanda de divisas y un 20 por ciento menos de dólares liquidados por los ruralistas que esperaban una devaluación.

La semana previa a las elecciones generales el dólar blue alcanzó un nivel récord: 16,11 pesos, casi 2,5 pesos más que a fin de 2014 y la tensión en el mercado cambiario alcanzó su punto más alto.

Como durante todo el segundo mandato de Cristina Kirchner, convivieron varios tipos de cambio: el oficial, el blue, el turista, el tarjeta, contado con liquidación, Bolsa, que prácticamente convirtieron al mercado en un ámbito inextricable.

Arbolitos y cuevas se colocaron a la cabeza de los más beneficiados del mercado, ya que ni siquiera dejaron de hacer ganancias con controles policiales y operativos del Banco Central.

Bancos y agentes financieros jugaron fuerte en el mercado de futuros y allí, bajo la venia del expresidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, y el ministro de Economía, Axel Kicillof, hicieron compras millonarias de dólares a diez pesos que se pagarían en los primeros meses del 2016.

El mecanismo es legal y estaba orientado a mantener a raya el precio del dólar blue, pero las operaciones se hacían a un tipo de cambio irreal, que generó un abismo financiero de 70.000 millones de pesos, que a cambio de otros beneficios fue negociado por la administración de Prat Gay y recortado en 15 mil millones.

La Bolsa de Comercio volvió a ser una buena opción para ahorristas: cierra el año con una ganancia cercana al 40 por ciento, pero pudo haber sido mayor, ya que tras el balotaje tuvo una serie de jornadas negativas en las que perdió casi 25 por ciento.

La balanza comercial, fuente genuina de ingreso de divisas, se desplomó y si bien mantuvo el resultado superavitario llegó a tocar niveles bajísimos.

Según estadísticas oficiales, el saldo positivo entre ventas al exterior e importaciones se derrumbó 70 por ciento respecto del año pasado y hasta octubre se ubicó en 1.800 millones de dólares, poco más del equivalente a dos meses de venta de divisas para ahorristas.

 

Producción primaria. La expectativa de devaluación hizo que productores sojeros, trigueros y maiceros dejaran en silobolsas más de 13 mil millones de dólares en granos, que empezaron a liquidar una vez concretada la devaluación y anunciada la baja de retenciones.

La producción granaria se mantuvo en niveles récord y llegó a 110 millones de toneladas, de las cuales 60 millones correspondieron a soja.

En un complicado contexto externo, principalmente por el proceso recesivo en Brasil, y apenas sostenida por el consumo interno y sin reacción de la industria, la actividad económica cerrará el año en una pendiente, con un crecimiento de entre 1 por ciento y 1,5 por ciento, de acuerdo con estimaciones privadas.

 

La industria. La actividad industrial cerró uno de sus peores años: con un ligerísimo aumento del 0,5 por ciento contra el año pasado, presionado principalmente por la actividad automotriz por la crisis en Brasil y las restricciones para conseguir dólares.

Diferente fue la situación de la industria de la construcción, con un alza anual cercana al 6 por ciento, pero motorizado por las obras públicas y el programa oficial de viviendas, Procrear.

El consumo tuvo una marcada recaída respecto de años anteriores, pero igualmente fue el motor que impidió una mayor desaceleración económica, a partir de las medidas adoptadas por el gobierno.

Sin datos oficiales, las estadísticas privadas ubicaron el nivel de pobreza en torno al 20 por ciento, más de 8 millones de personas, con un 4,5 por ciento de indigencia, aunque el impacto de la devaluación lo ubicará por encima.

Para el Indec, el último dato de desocupación a mitad de año se ubicó en 5,9 por ciento, el más bajo en 28 años, aunque uno de cada tres ocupados trabaja en negro.

 

Fondos buitre. Como telón de fondo del año, la batalla legal con los fondos buitre se reavivó: pese a la caída de la conocida cláusula Rufo, que le permitía al país acordar sin la obligación de mejorar la oferta a bonistas que entraron a los canjes, la negociación no prosperó.

Y no quedó ahí, a pedido de bonistas que nunca entraron a los canjes, el juez Thomas Griesa sumó mas demandas contra el país por alrededor de 8.000 millones de dólares y la situación quedó empantanada.

En los tribunales norteamericanos, el gobierno no sumó una a favor: consiguió que no fueran embargadas las reservas del Central y la ONU aprobó una resolución impulsada por la Argentina contra el accionar de los fondos buitre, aunque particularmente no mejora la situación del país.

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