Economía

El reinado del dólar como moneda mundial entra en zona de riesgo

Domingo 27 de Enero de 2008

George Soros, en el Foro de Davos, produjo las más categóricas definiciones sobre la actual crisis financiera mundial y su futuro desarrollo. Seguramente la afirmación más dramática es la que vaticina el fin del sistema monetario internacional que tiene al dólar estadounidense como dinero mundial de reserva.

De resultar ello acertado el mundo se encontraría en una situación más que difícil, pues en la actualidad no existe organismo internacional o Estado nacional alguno que pueda suplir exitosamente al sistema monetario que agoniza.

La máquina de hacer plata

Allá por los años 50 del siglo XX, ante una comisión del Senado de los EEUU que investigaba las ventajas o desventajas que para la Nación tenía el funcionamiento del dólar como única moneda mundial, un banquero declaró contestando a esa pregunta, con otra dirigida a los senadores que lo interrogaban: “¿A ustedes no les gustaría tener una máquina de hacer dinero en el patio de su casa?”. Bien, así como lo describía el banquero, es como funcionó y funciona todavía el sistema monetario mundial creado con los acuerdos de Bretton Woods.

En realidad funciona con la modificación fundamental que Richard Nixon impuso unilateralmente al mundo en agosto de 1971, cuando declaró la inconvertibilidad a oro del dólar; a la que estaban obligados los EEUU a la paridad de 32 dólares por una onza troy.

En 1948 el oro de los EEUU atesorado en Fort Nox, sumaba los 24.000 millones de dólares y los billetes de esa moneda en poder del resto del mundo alcanzaban la suma de 6.100 millones. Ya en 1960, los dólares en poder del resto del mundo eran 17.000 millones y en 1963, 21.000 millones, que superaban largamente las reservas de EEUU, que se habían caído a 15.600 millones de dólares.

Por esa razón, la imposibilidad de continuar canjeando dólares por oro a la paridad fija de 32 dólares por onza troy, es que Nixon declaró la inconvertibilidad del dólar a oro (Francia cambiaba como política de Estado sus dólares). Desde entonces el dólar tiene como único respaldo la confianza que le dispensa el mundo, que se asentaba en la indiscutible fortaleza económica, política y militar de la potencia hegemónica del capitalismo (existía el llamado campo socialista que no participaba del sistema).

En cuanto medio de pago que no puede ser rechazado, como dice el texto de los billetes, o curso legal para ser preciso, sólo existe dentro de las fronteras norteamericanas. Fuera de ellas es la confianza la que le permite funcionar como dinero en el mercado mundial. En otras palabras, como recientemente hiciera una modelo brasileña, se puede rechazar el pago en dólares y exigir otra moneda.

Advertir que se saltó de u$s6.100 millones en 1960 a sumas que superan los billones de dólares solamente como reserva de los bancos centrales y sin tener en cuenta las tenencias del público internacional, es como para asustar al más pintado. Bien que ha funcionado en el patio de los EEUU la máquina de hacer dinero: con ese sistema es que se ha financiado el déficit comercial que año a año ha permitido consumir más de lo que producen en cantidades superiores a los 250,000 o 300.000 millones.

Esa plétora de dinero se hizo ver por primera vez con la crisis del petróleo en 1974 (de ahí el nombre de petrodólares) y desde entonces crece de manera exponencial alimentando la especulación en los mercados de acciones, títulos y valores, aunque también de commodities.

El hecho que todavía el 63,8% de las reservas de los bancos centrales estén constituidas en dólares y por ende inmovilizadas, aminora el problema, aunque esas reservas disminuyan con la crisis (llegaban al 65% en el tercer trimestre del 2007).

Reserva de valor

La política de los EEUU de inyectar liquidez al mercado, sin límites, y de bajar la tasa de interés de referencia, por el sistema de libre flotación de las divisas, hace que el dólar pierda valor frente a las otras divisas, como el euro y el yen. La negativa del Banco Central Europeo de bajar las tasas del euro acentúa el proceso de devaluación por un lado y por otro la atracción por la mayor rentabilidad del mercado europeo atrae capitales que eventualmente fugan de EEUU.

La pérdida de valor de las reservas de los distintos estados nacionales, constituidas en dólares, empujó a esos estados a formar fondos de inversión, llamados “fondos soberanos”, para invertir como capital. Así se ha visto que han salvado a bancos y financieras, con la actual crisis al incorporar como capital sumas de miles de millones de dólares. Es que al no ser convertible el dólar estadounidense y mal funcionar como reserva de valor por su constante devaluación, para salvar a sus tenedores soberanos, sólo queda el camino de comprar, o invertir que es decir lo mismo.

Esta situación es doblemente problemática, pues la inversión estatal extranjera (los fondos soberanos son de los estados nacionales). Recientemente los EEUU impidieron que un fondo soberano de los Emiratos se quedara con el control de los principales puertos marítimos de ese país. Por otro lado, al devaluarse el dólar resulta favorecida la exportación de productos estadounidenses, pero precisamente eso, es atentar contra los intereses de las naciones tenedoras de dólares, que fundan su crecimiento en la producción para la exportación y en enormes saldos comerciales favorables, que explican su tenencia de dólares, como China por ejemplo, que tiene en reservas 1,2 billones de dólares y 200.000 millones en su fondo soberano.

Así el intento estadounidense de salvar a bancos y financieras —pues es a ellos a quienes se salva y no a los mercados como se dice— pasa en definitiva, por inyectar más y más dólares, lo que es apagar el fuego con nafta, al poner al mundo frente a una competencia comercial y financiera que trasciende al orden político y la paz mundial, como sucediera en época de las crisis cíclicas del sistema capitalista. De profundizarse la crisis, el blindaje argentino frente a ella, sería como aquellos tigres chinos, de papel.

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