Economía

El problema no es la deuda

El problema es la microeconomía, alta presión tributaria, suba de servicios públicos y el efecto pobreza.

Domingo 13 de Enero de 2019

El debate nacional está centrado en la posibilidad de pagar la deuda pública. No hay riesgos de caer en cesación de pagos, y hay créditos suficientes para afrontarlos. El problema es la microeconomía, alta presión tributaria, suba de servicios públicos y el efecto pobreza.

Este año el gobierno nacional, gracias al aporte del FMI tiene la posibilidad de tener financiados todos los pagos de la deuda pública. Las necesidades financieras de 2019 son de u$s 47.600 millones, y las fuentes de financiamiento son de u$s 48.500 millones, de los cuales u$s 27.100 millones los aportaría el FMI y organismos financieros internacionales.

Salvado el año, muchos analistas presentan dudas de lo que podría suceder en 2020. Sin embargo, en dicho año las necesidades financieras también están financiadas, se necesitan cubrir vencimientos por u$s 35,3 millones, los aportes del FMI y organismos internacionales suman u$s 9.900 millones, mientras que u$s 15.200 millones los aportaría el mercado doméstico vía refinanciación de deuda y pago de intereses.

En apenas dos años el FMI y los organismos financieros internacionales desembolsarían en el país un total de u$s 47.100 millones, y todavía hay debates incansables sobre si Argentina puede o no puede pagar la deuda, cuando deberían girar en torno a qué hacemos para transformar el país con ese dinero.

Con estos datos, podríamos decir que no hay riesgo alguno de comprar bonos argentinos, ya que su pago estaría garantizado por la plata fresca que viene del exterior, a tasas del 4 por ciento anual, cuando los créditos que cancelamos tienen tasas superiores al 8 por ciento anual.

Todo tiene un costo: ese dinero se terminaría desembolsando, si Argentina durante este año tiene déficit primario 0, y si en 2020 tiene un superávit del 1 por ciento del PBI, que serían unos u$s 5.200 millones para esa fecha.

El problema no es el pago de la deuda, tampoco la macroeconomía. La recesión es tan grande que este año las importaciones rondarían una suma menor a los u$s 60.000 millones, la caída de inversiones no alienta la importación de bienes de capital y menos aún artículo de consumo. Sin embargo, un tipo de cambio más competitivo y una cosecha sin problemas de clima severos nos colocaría con exportaciones que rondarían los u$s 70.000 millones. Esto dejaría como resultado un superávit de balanza comercial de u$s 10.000 millones, que reduciría considerablemente el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, ubicándolo en torno al 2 por ciento del PBI y acercaría a Argentina a los mercados voluntarios de crédito para 2020.

El verdadero problema pasa por la microeconomía. Para cumplir las metas presupuestarias que nos exigen para el desembolso de fondos, la presión tributaria en Argentina será la más elevada de los últimos 60 años. La viabilidad de los negocios se hará más compleja, porque deberemos soportar una suba considerable de los gastos de estructura, con ventas que no crecerán en igual proporción y costos que se tornan indomables.

El PBI, tanto en términos constantes como en dólares, bajó a niveles de 2010, cuando la población era de 40 millones (hoy es de 45 millones). En conclusión, somos mucho más pobres y la torta a repartir es más pequeña. El peso de la deuda sobre PBI creció, por ende, el mercado se achicó y tenemos una mayor necesidad de ahorro para poder honrar las deudas, ya sea públicas o privadas. El problema está de la puerta de la empresa para adentro, en donde habrá que trabajar para reinventar productos y procesos, para ser más eficientes y productivos.

El punto positivo es que la caída en el PBI es tan grande, que no luce posible una profundización de la caída desde los niveles actuales. Da la impresión que llegamos a un piso, y que es probable que las noticias del exterior nos ayuden a que en años venideros tengamos una salida ordenada.

La guerra comercial entre EEUU y China comenzó a ceder, tal vez antes de marzo lleguen a un acuerdo que descomprima el escenario internacional. La FED dejaría de vender bonos en el mercado, y postergaría la suba de tasas dando más liquidez a los mercados mundiales. Brasil luce como una esperanza. Más allá de las diferencias que podemos tener con el presidente Jair Bolsonaro, los mercados apuestan por una recuperación de la economía de nuestro principal socio comercial. Las materias primas en general podrían estar en un piso, no veríamos una baja desde los niveles actuales, la recuperación en precio del petróleo, soja y maíz podría ser una muy buena noticia.

Conclusión

Argentina tiene el financiamiento necesario para sortear los vencimientos de deuda de 2019 y 2020, por ende, hablar de la posibilidad de reestructuración de deuda luce absurdo en este escenario. Los verdaderos problemas están en la microeconomía, en donde los empresarios y ciudadanos sufren una suba de los costos de estructura, por mayor presión impositiva, aumento de los servicios públicos y una inflación que para 2019 sería del 30 por ciento anual. Todo esto en el marco de una fuerte baja del PBI, y un efecto pobreza enorme.

Es momento propicio para que los candidatos presidenciales nos indiquen qué plan económico y políticas de Estado pretenden, para que el país se adapte al mundo que viene, en donde necesitaremos una reforma laboral, previsional, estatal, educativa y de seguridad. Para ello debe haber consensos, esfuerzos y una sociedad que sea consciente de los desafíos por afrontar si queremos comenzar a crecer, porque desde 2010 estamos estancados, tenemos el mismo PBI y somos más habitantes.

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