Economía

El modelo económico: una pesada herencia que revive

Endeudamiento, apertura de importaciones y desindustrialización. Los economistas debaten el programa actual, bajo una perspectiva histórica.

Domingo 26 de Marzo de 2017

Desde la asunción de Mauricio Macri como presidente, los críticos de su política económica vienen jugando al juego de encontrar la diferencia con el programa de Martínez de Hoz: resaltan la recaída en el endeudamiento externo, la suba de tasas, la presión sobre la industria, el atraso cambiario, la apertura de importaciones y la concepción del salario más como costo que como dinamizador de la demanda. Los cuestionamientos no provienen sólo de la izquierda o de camporistas tramitando el duelo: incluso el ex ministro de Economía Roberto Lavagna sostuvo en noviembre que Argentina ya tuvo "este modelo con los militares y en los noventa; no consigue dar resultados en los términos de un modelo de desarrollo".

En un nuevo aniversario del golpe cívico militar de 1976, La Capital dialogó con especialistas de distintas corrientes académicas e ideológicas sobre los contextos, objetivos e instrumentos de ambos gobiernos.

"Los parecidos entre los dos modelos son notables" plantea Mario Rapoport, licenciado en economía política y director del Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales (Idehesi), Conicet-UBA. En su opinión, ambos programas coinciden en el combate de la inflación vía baja salarial, el financiamiento externo y la apertura económica. "Son políticas neoliberales", sostiene.

En tanto, el sociólogo Martín Schorr también traza varias similitudes: "Se monta una doble transferencia de ingresos: entre capital y trabajo, y al interior del capital, en beneficio del sector exportador de materias primas y el financiero –lo cual no implica que los grandes ganadores sean sólo los bancos–; se despliega un ataque a la industria –se considera que lo mejor que le puede pasar a la Argentina es ser granero del mundo–; y se establece un esquema articulado al negocio de la deuda y la fuga de capitales".

Al mismo tiempo, el investigador del área de Economía y Tecnología de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) marca algunas diferencias, sobre todo en el plano político. Mientras que el plan de Martínez de Hoz se montó sobre el terrorismo de Estado, el programa de Cambiemos, resalta Schorr, se enfrenta a diversas "restricciones políticas". Se trata de un gobierno constitucional, que no emerge de una crisis terminal como la de 1989. Hoy "los sectores ortodoxos tienen poco margen para el ajuste, no tienen aval social", asegura.

Por su lado, el economista Sergio Arelovich encuentra "patrones comunes" entre las medidas del gobierno de Macri y las de Martínez de Hoz. Por ejemplo, "el consenso alrededor de que la libertad de mercado tiene que ser la regla número uno en base a la cual funcione la economía". Sin embargo, el docente de la UNR resalta que esa consigna es "sólo un slogan enunciativo".

"Desde la asunción de Macri a la fecha el mercado libre del dólar no existió: por el contrario, hubo una intervención deliberada del Banco Central para regular su precio" afirma Arelovich y detalla: "El stock de letras al último día del gobierno saliente eran 346 mil millones de pesos; ahora el stock en circulación es un 130% más, al 28 de febrero asciende a 795 mil millones".

También distingue el cuadro social en el que operan ambos programas. En 1976 la dictadura asaltó el poder dos años después de la mejor performance en la historia argentina en materia de empleo, salario y productividad industrial, registrada en 1974. Macri, en cambio, interviene sobre otra estructura social, sedimentada luego de las reformas regresivas de los 80 y 90 en cuanto a distribución del ingreso y la estructura del empleo. Se trata de un esquema "que no se ha modificado significativamente en el post 2001".

"Durante los gobiernos de Néstor (Kirchner) y Cristina (Fernández) hay algunas medidas que se podría caracterizar como redes de contención –sectoriales, sociales–frente a la emergencia, que rápidamente fueron deconstruidas o esterilizadas por el actual gobierno", evalúa.

No obstante, desde el campo liberal elaboran otro diagnóstico. Daniel Artana, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (Fiel) y Secretario de Hacienda de la Nación en 2001 considera que en la comparación entre ambos modelos "se exagera lo que sucedía en aquel momento y lo que pasa hoy".

El también profesor en las Universidades Nacional de La Plata y Torcuato Di Tella remarca que durante la dictadura existía un esquema de tipo de cambio fijo y hoy rige un esquema flotante, y que entonces "en materia de importaciones los aranceles seguían siendo enormes".

"Hay un grupo de gente muy proteccionista que acostumbra a echarle los problemas de la economía a la apertura", señala Artana y agrega: "Lo que hubo en aquella oportunidad fue un retraso cambiario fenomenal; hoy también lo hay, pero no en la magnitud que había en el año 1976".

Por otra parte, Artana reconoce que el macrismo "coloca mucha deuda afuera y ahí hay una debilidad", aunque descarta el regreso de la bicicleta financiera. "La tasa de interés está más o menos en línea con la tasa de inflación, y en aquel momento había tasas de interés muy positivas", argumenta.


Cambios arriba y abajo


Todo gobierno se plantea objetivos, dispone tareas y elige instrumentos. Demarca ganadores y perdedores. Para el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, su principal enemigo estaba en el mundo del trabajo: seis de cada diez víctimas de la dictadura eran delegados de base, integrantes de comisiones internas o simplemente activistas. El objetivo: desarticular el movimiento obrero, cada vez más radicalizado después del Rosariazo y el Cordobazo, y atravesado por la disputa entre sectores conciliadores y combativos.

Con otras armas y un discurso más aggiornado, el gobierno nacional ubica a los sindicatos y a las regulaciones del trabajo como un obstáculo al desenvolvimiento de las energías productivas. Por caso, en noviembre el mismo Macri propuso "analizar y discutir todos los convenios laborales" para "generar empleo" y consideró: "Estamos en el siglo XXI y no podemos seguir aplicando convenios del siglo XX".

Cuatro meses antes, en la celebración por el Bicentenario de la independencia, Macri ya había arremetido contra los derechos laborales: "Tenemos que alejarnos de lo que nos pasó en los últimos tiempos, que creció el ausentismo, las licencias, las jornadas horarias reducidas; cada vez que un gremio consigue reducir una jornada horaria eso todos los demás argentinos lo estamos asumiendo como parte de un costo y no está bien".

Para Arelovich ambos gobiernos apuntan a "disminuir el poder de fuego que tienen las organizaciones sindicales para negociar no sólo salario sino condiciones de trabajo".

A pesar de la ofensiva contra el trabajo, durante la dictadura el desempleo se mantuvo alrededor del 6%. Cuatro décadas después, la foto es otra. "El desempleo estructural instalado desde los 90 da un hándicap al gobierno de Cambiemos para ir contra un conjunto de derechos alcanzados por parte de los trabajadores", advierte Arelovich.

Esto no significa que el macrismo tenga el camino allanado. Por el contrario: acumularon fuerza movimientos sociales y entidades gremiales de segundo grado –federaciones o sindicatos nacionales– que desarrollan roles tradicionalmente a cargo de las centrales sindicales. A su entender, esta resistencia "es lo único que está alterando la velocidad con la que el gobierno pretende avanzar en cierto tipo de reformas".

En la misma línea, Schorr resalta las limitaciones para avanzar en un modelo similar al australiano, basado en la explotación de los recursos naturales y los servicios. "Te sobra la mitad de la población económicamente activa, y Argentina tiene sectores del trabajo muy organizados y con mucho poder de veto", observa.

En la cima de la pirámide también se perciben las marcas del tiempo. "Muchos actores que ganaron con la dictadura no existen más: en parte porque Menem se los llevó puestos, otros por decisiones empresarias", señala Schorr.

Se trata de los grandes grupos económicos locales, que comandaron el nuevo bloque de poder luego de 1976 y que en los 90 surfearon la ola privatizadora como socios menores del capital extranjero o directamente vendieron sus empresas.

Más que pensar en ramas de actividad ganadoras y perdedoras, Arelovich destaca que en las grandes empresas se registra en realidad "una multiactividad, una imbricación horizontal y vertical". El hilo rojo es la renta financiera, con la que complementan las ganancias que extraen de la actividad principal.

Arelovich grafica el proceso de concentración con datos de 2015 de la Afip. "Del más de un millón de empresas, 170 mil son sociedades. El 1% del total, unas 10 mil, explican el 67% de las ventas y el 98%de las exportaciones. Es decir que el 99% de las empresas vive del mercado interior, lo que explica la caída del nivel de actividad por las medidas que tomó Macri. Es una estructura asimétrica y desigual, un rasgo estructural que la democracia nunca tuvo en agenda, tampoco el kirchnerismo".


Otro mundo


Por otro lado, las diferencias de contexto no son sólo domésticas. Martínez de Hoz diseña políticas para un capitalismo en plena ebullición de las finanzas: una fuga hacia adelante motorizada por la caída de la tasa de ganancia en las economías avanzadas.

Tentada por la liquidez internacional y las tasas bajas, la dictadura se envició con el endeudamiento externo. Entre 1976 y 1983 la deuda externa se multiplicó por cinco: pasó de 7.800 millones de dólares a 43.600 millones. La mitad de la nueva deuda, estatizada en 1982, corresponde originalmente a grupos económicos concentrados –entre ellos del grupo Macri – que aprovecharon tasas diferenciales para endeudarse, obtener una renta y fugar capitales.

Macri, en cambio, se asoma a un mundo en el que se cayó el Muro de Berlín, China se sumó a la OMC, y la globalización atraviesa una zona de turbulencia.

Aquí, el presidente podría citar a Mafalda: "Cuando tenía todas las respuestas, me cambiaron las preguntas". El ex jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires apostó a un triunfo de Hillary Clinton en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, tasas planchadas y financiamiento barato y un comercio internacional fluido, en el que Argentina podría explotar sus ventajas comparativas.

El gobierno está "desfasado de la situación mundial", señala Rapoport. "Hay una crisis muy grande en la economía internacional que hace que los países se replieguen sobre sí mismos y el comercio internacional se resienta. La idea de Macri de transformar a la Argentina en supermercado del mundo es errada: por ejemplo, los productos de la carne no entran en Estados Unidos", apunta.

Aquí Arelovich plantea una hipótesis inquietante: "Aunque están emitidas mayoritariamente en pesos, las letras del Banco Central suman 51 mil millones de dólares; puede suceder que suban las tasas en Estados Unidos, los tenedores de esas letras las pasen a dólares y se derrumben absolutamente las reservas internacionales".


Déficits y restricciones


En este marco, y teniendo en cuenta la debacle de la dictadura 34 años atrás, los distintos especialistas encienden luces amarillas sobre la viabilidad del experimento macrista.

Arelovich sugiere al gobierno "leer adecuadamente" qué pasó con la estructura tributaria nacional en 2016. "Si sacás los ingresos excepciones por el blanqueo, los ingresos tributarios crecieron con respecto a 2015 un 23% y la inflación de la ciudad Autónoma de Buenos Aires dio 41%, remarca. Y sigue: "Los egresos crecieron a otro ritmo, un 35% aproximadamente. El déficit financiero creció un 108% con respecto a la pesada herencia que dejó Cristina. Los servicios de la deuda en el presupuesto nacional aumentaron un 54% con respecto a 2015. Esto no se puede sostener así".

Artana también pone la lupa sobre el déficit, pero recomienda "bajar el peso del Estado en la economía" a través de una suba del gasto menor al crecimiento de la actividad. A su entender Argentina tiene "una larga lista de reformas estructurales" pendientes. Entre ellas subraya "problemas de infraestructura, rigideces en la forma que se regula el mercado de trabajo; tiene todavía una economía muy cerrada al comercio".

En su opinión, "el gobierno está tratando de hacer una cosa muy tímida, y parte de la oposición sigue pensando en un modelo que no funcionó en ninguna parte del mundo. Los países no crecen a partir del consumo y la expansión del estado en la economía; eso se agotó en 2011".

Rapoport compara la situación actual con "una invasión de langostas: se están comiendo la riqueza del país, y después se retiran y dejan todo un desastre". No ve "un proyecto de país" sino un "proyecto de corporaciones que tratan de beneficiarse a sí mismas" y alerta: "Esto tiene costos políticos, veamos cuánto duró el gobierno de De la Rúa".

Para Schorr el modelo macrista "no es viable en términos económicos, sociales y políticos". Asegura que un "escenario de crisis de deuda está latente" ya que los compromisos son "para cubrir fuga y déficit fiscal, no para cambiar el perfil productivo" aunque, subraya, "la restricción principal viene por el lado político": "El escenario de partida no incluye 30 mil desaparecidos ni el 5 mil por ciento de inflación de Menem, por suerte Argentina tiene un campo popular no disciplinado".

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