Economía

El gobierno y la obsesión de caminar al borde del abismo

El conjunto de datos publicados por el Indec que refiere a la evolución de la actividad económica, exhibe algunas mejoras en su performance respecto de su punto de comparación inmediato anterior.

Domingo 15 de Octubre de 2017

El conjunto de datos publicados por el Indec que refiere a la evolución de la actividad económica, exhibe algunas mejoras en su performance respecto de su punto de comparación inmediato anterior.

Tal ejercicio de comparación tiene –al menos- dos dimensiones. La primera es que el año 2016 no es el mejor punto de comparación porque refleja un punto importante de depresión, con lo cual cualquier número o guarismo no necesitará expresiones grandilocuentes para mostrar algo mejor que tal año. La segunda dimensión es bastante más compleja y requiere detenerse en cuestiones cuantitativas pero también cualitativas porque requiere mirar mucho más que el simple crecimiento.

A esta altura pareciera redundante -aunque pertinente- decir que crecimiento no es igual que desarrollo, que crecimiento no es necesariamente sinónimo de equidad, ni disminución de las desigualdades, ni sustentabilidad social y ecológica. Argentina ha tenido variados períodos en los cuales hubo crecimiento económico, acompañado de la permanencia o profundización de situaciones de indigencia, pobreza, desigualdad social, regional e incluso inter- empresaria. La insistencia de exhibir buenos resultados de crecimiento como garantía de mejora general sigue siendo parte de la anacrónica teoría o mirada del derrame: primero hay que saber crecer, después esperar y al fin ... al fin andar con las manos vacías y sin resentimiento.

El derrame como argumento de venta de un futuro venturoso sigue teniendo buena prensa aunque la historia reciente y no tan reciente persista en demostrar que se trata sólo de un protector de pantalla. No hay nada bueno para las mayorías sociales detrás del derrame, sólo reproducción de lo existente. El comportamiento cíclico, casi como un camino que se presenta como recurrente, vuelve a mostrar lo mismo.

¿Cómo están las variables macro de la economía hoy?

Vendemos menos de lo que compramos al exterior y las perspectivas imaginadas en el proyecto de presupuesto 2018, en camino hacia 2021, anuncian un empeoramiento de la situación. El déficit comercial se profundiza.

El promedio general de la capacidad industrial instalada no utilizada es del 33%. Un tercio de las máquinas y equipos industriales duermen a la espera de mayor nivel de actividad.

Cualquier plan de inversiones en la industria esperará la reactivación de la demanda para cubrir una mayor cuota de uso de aquella capacidad ociosa y recién allí ver cuánto y en qué invertir. La lluvia tendrá que esperar, por ahora garúa ... tristeza.

El consumo, tanto público como privado, ha perdido tonicidad muscular por la caída sostenida del poder de compra de los salarios, los beneficios previsionales, los beneficios de los programas sociales y por la disminución de horas y puestos de trabajo respecto del para nada paradisíaco 2015.

La situación financiera del estado nacional se ha visto golpeada por el lado de los ingresos (reducción de alícuotas en los derechos de exportación y recaudación en caída real por la pérdida de dinámica del mercado interno) y por el lado de los egresos (el aumento geométrico de los compromisos para la atención de los servicios de capital e intereses de la deuda pública).

Como el diagnóstico del problema inflacionario era simplificador sobre una realidad de suyo compleja, el remedio utilizado resultó ser un boomerang: el BCRA es el principal operador de la producción inflacionaria de Argentina pero no por la emisión de moneda sino por las elevadas tasas de interés que impone en el mercado financiero y sus múltiples efectos rizomáticos.

La solución que ha encontrado el gobierno nacional para abordar esta compleja trama de adversidades ha sido la del uso indiscriminado de la deuda pública para tapar los agujeros, escondiendo la basura debajo de la alfombra y pateando la pelota hacia adelante. Lo que viene está orientado a disminuir el déficit del estado nacional y los estados subnacionales: no hay tamaño del ajuste que resuelva el problema, por el contrario lo va a agravar. La historia se repite como tragedia o comedia ahora de la mano de estafadores seriales que dirigen los destinos de Argentina. Estafadores nacionales, extranjeros, con cargos de gobierno o desde la órbita privada con alto poder de fuego.

Por Sergio Arelovich / Economista UNR

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario