Economía

"El gobierno de Macri nos llevó al default"

El ex legislador Claudio Lozano presentó en Rosario su libro sobre la deuda externa. Subrayó que Argentina entró en cesación de pagos antes de recurrir al FMI.

Domingo 23 de Junio de 2019

La historia de la deuda externa es casi la historia de la Argentina. En forma recurrente el país estuvo atravesado por crisis vinculadas con sus compromisos externos que se recrudecieron porque la salida fue echar mano de mayor endeudamiento para solucionarlas. Todo eso apalancado, al menos en los últimos cincuenta años, por una actitud irresponsable de los organismos internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional (FMI) que apostó “al endeudamiento perpetuo”, planteó el economista y político Claudio Lozano quien su libro “La deuda ilegítima. Renuncia del Parlamento, desafío de la democracia”, analiza este fenómeno a partir del regreso de la democracia.

La publicación es el resultado de un trabajo de investigación realizado por Lozano en el marco de la Comisión Bicameral de Seguimiento y Control de la Gestión de Contratación y Pago de la Deuda. Esa instancia fue creada en 2014, en medio del enfrentamiento con los fondos buitre y como parte del paquete legislativo que habilitó la ley de pago soberano. La comisión, relató el ex legislador, nunca llegó a funcionar en forma plena, pero en su caso particular, hizo el trabajo. Elaboró y presentó un informe, que se transformó en el libro que presentó durante la semana en Rosario.

En el marco de la presentación, Lozano analizó la situación económica actual, que es inescindible de la problemática de la deuda. De hecho, aseveró que el gobierno llevó a la Argentina a un virtual default, ya que sólo puede cumplir sus compromisos con la ayuda del Fondo Monetario Internacional. “Una vez más la Argentina está con una crisis por sobreendeudamiento”, dijo en el auditorio de ATE Rosario.

Para Lozano, es clave repensar la consigna que indica “que hay que pagar sin beneficio de inventario y poner en escena una consigna que es «las deudas se pagan pero las estafas no». Por eso, llamó no sólo a hacer una revisión no sólo financiera sino a través de una análisis político las “responsabilidades”, tanto de funcionarios como del propio FMI que “hizo cualquier cosa en función de respaldar políticamente al gobierno de Cambiemos” con lo cual el crédito de casi 60 mil millones de dólares “fue un crédito a Macri, no a la Argentina”, dijo.

—El libro “La deuda ilegítima. Renuncia del Parlamento, desafío de la democracia” es un trabajo de la comisión bicameral creada para investigar la deuda externa ¿Cómo fue ese trabajo, a qué conclusiones llegaron?

—En realidad el libro es una denuncia política respecto a lo que el Congreso nacional, la democracia, el Parlamento, debió haber hecho desde que comenzó con un problema _que es la herencia más importante y central en términos económicos y sociales_ que es el tema de la deuda, como herencia de la dictadura y que nos acompaña hasta hoy. En realidad lo que hace el libro es compilar lo que nosotros hicimos en el marco de la comisión investigadora que se creó en el año 2014 y que fue la primera y única que se formó desde que comenzó la democracia, pero que casualmente, no se la dejó funcionar. Se le retacearon los fondos y el apoyo en la constitución del equipo de investigación que habría que haber conformado; los funcionarios no comparecieron ante la comisión, ni los históricos ni los de ese momento; hubo una definición muy expresa tanto de parte de los que eran oficialistas en ese momento como de parte de los principales opositores, una suerte de connivencia muy clara respecto a que no había voluntad de avanzar en este tema. Por lo tanto, el libro compila lo que nosotros intentamos hacer allí. Acumula mucho material de documentación sobre lo que fue el proceso de endeudamiento. Compila lo más sustantivo de las causas judiciales que se pusieron en marcha y que el poder judicial cajoneó. Y al mismo tiempo, señala las complicidades políticas que hicieron que esto no se discuta. Está precedido por un capítulo que es el que reseña lo que ocurrió con Macri y la deuda, desde que asumió hasta aquí, y que en gran medida, fue la razón por la cual decidimos publicarlo.

—¿Cómo analiza esta etapa?

—Una vez más la Argentina está con una crisis por sobreendeudamiento, y por lo tanto, nos parecía que era interesante poner en la discusión lo que se había hecho en las distintas ocasiones. En todos los casos se reveló el más absoluto fracaso. Por eso, un poco el tema es cambiar la consigna sobre la discusión de la deuda, de la idea de que hay que pagar sin beneficio de inventario y a como dé lugar y poner en escena una consigna que es «las deudas se pagan pero las estafas no». Y otra vez, el endeudamiento de Macri vuelve a dar una oportunidad para eso, porque se habrán tomado unos 130 mil millones de dólares en el curso de este gobierno, de los cuales 69 mil millones de dólares se fugaron. Además, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional tiene vicios de irregularidad e ilegalidad absolutos. Todo esto vuelve a colocar el tema para que pueda ser abordado de una manera más adulta, más madura y sobre todo, porque claramente la deuda aparece como la extorsión sobre el próximo gobierno.

—¿Por qué son recurrentes las crisis de deuda en el país? Parecía, por ejemplo en el gobierno anterior, que se había hecho un esfuerzo al menos para reducir su peso nominalmente.

—Porque precisamente nunca se tomó la decisión de abordarlo en su conjunto y políticamente y se lo redujo a un tema estrictamente financiero, como si fuera una deuda normal. Por eso es que no se resuelve. En realidad, el título del libro habla de «la deuda ilegítima», primero porque se contrajo en el contexto de una dictadura, pero además fue espuria porque, a diferencia de lo que dice buena parte del neoliberalismo, no fue una deuda que tomó el Estado, sino que tomaron los capitales privados para acumular financieramente y luego se la trasladaron al Estado argentino. Y en realidad, las deudas normales se pueden pagar cuando se toman para ampliar la capacidad económica del país y consecuentemente, y con el producto de eso, hay capacidad para afrontarla. Acá, en realidad, la deuda se tomó mientras el país se hizo «bolsa». Y cuando el Estado va a afrontar los pagos se encuentra con que no tiene ninguna posibilidad de hacerlo. Entonces, ¿cuál es el modo de resolverlo? El gobierno toma una nueva deuda para pagar la vieja y se ingresa en un circuito que es el que se mantiene hasta hoy, agigantando la bola de la deuda, que es el circuito del endeudamiento perpetuo. Tomo deuda nueva para pagar deuda vieja, hasta un momento en donde eso se corta y se ingresa en default. Y esa es la lógica que tuvo durante el gobierno de Alfonsín, con Mario Brodersohn, el plan Baker en 1987. Dijeron, «con esto la deuda está resuelta». Se pagó y la Argentina terminó en finalmente en default. Luego vino Menem con Cavallo y firmaron el Plan Brady. También supuestamente habían resuelto el tema. El país pagó, pagó y cayó en default. Luego vino la etapa de Kirchner con los canjes y supuestamente el problema de la deuda estaba resuelto. Y terminamos con el conflicto con (el juez Thomas) Griesa en el final de la gestión del último gobierno de Cristina. Luego vino (Alfonso) Prat Gay con Macri, acordaron con los fondos buitre a como dé lugar, dándole todo lo que pedían y supuestamente con eso estaba todo allanado para un camino virtuoso. Y a comienzos de 2018 el gobierno macrista puso a la Argentina otra vez al borde de la cesación de pagos y recurrió otra vez al FMI. En ese sentido, los fracasos son absolutos, porque lo que no se hizo fue tomar el tema en su complejidad. No es una deuda normal, por lo tanto, hay que poner sobre la mesa cuestiones de orden político, jurídico y demás que permitan discutir y discriminar lo que es lógico pagar y lo que no.

—¿La lógica del endeudamiento del gobierno de Cambiemos siguió los mismos pasos que las otras, o es una herencia más pesada para la próxima gestión?

—En realidad es bastante similar al proceso de endeudamiento de la dictadura y de los 90. Por eso mencionaba dos componentes que tiene: uno es que un importante proporción del endeudamiento se fugó, y el segundo, el papel del FMI que se parece mucho al que jugó en el final de la convertibilidad. En ambos casos, el Fondo actuó transformándose en absoluto corresponsable de la crisis argentina y violando sus propios estatutos en los cuales está establecida la imposibilidad de prestarle a los países en situación de fuga de capitales. En Argentina se fugaron casi 70 mil millones de dólares en tres años y cuatro meses . Y el Fondo prestó sino que, una y otra vez, volvió a darle concesiones al gobierno argentino violando sus propias reglas. Esto en un contexto en el que el acuerdo con el Fondo _que además tiene una magnitud enorme ya que buena parte de la cartera de créditos del FMI está concentrada en Argentina_ tiene que ver con el sostenimiento político que hace el gobierno norteamericano de Donald Trump a su aliado político en desgracia que es Macri. Esto a cambio de concesiones geopolíticas muy importantes, que incluyen la apertura del territorio a la instalación de bases de ayuda militar del comando sur de Estados Unidos sobre nuestros recursos naturales, y las concesiones petroleras en Malvinas, en un proceso que tiende a habilitarle a Gran Bretaña ser reconocida como un Estado ribereño. Son temas que están por detrás demasiado pesados. Pero el Fondo no ha cumplido con ninguno de los roles que su propio estatuto establece. Ha forzado la mano para poder sostener a una Argentina que cayó en default y lo único que hizo fue posponerlo y patearlo para que se concentren todos los vencimientos en el próximo gobierno. Con lo cual, hoy los vencimientos son absolutamente impagables, y las condicionalidades que tiene el acuerdo con el Fondo se transforman en una suerte de extorsión para lo que pueda ser la gestión del próximo gobierno.

—¿Qué análisis hace sobre cómo se van posicionando los distintos actores políticos con capacidad de dar disputa para el próximo gobierno sobre este tema?

—Hay algo que está instalado. Todo el mundo sabe que no se puede seguir con el tipo de acuerdo que se hizo con el FMI. El problema es que eso puede interpretarse simplemente en relación a los vencimientos de deuda. Argentina, prácticamente los 60 mil millones de dólares que le prestó el Fondo, los tiene que devolver en tres años. Lo cual es absolutamente imposible. Pero está instalado que lo que va a venir es una discusión que dice «podemos financiar esto, pero a cambio de que el país cumpla con darle continuidad al marco de políticas que el acuerdo con el Fondo establece», que no son pocas. Y que se parecen mucho al decálogo que presentó el gobierno para el supuesto diálogo político.

—Las “ reformas estructurales”

—Exactamente. El acuerdo contiene eso. La necesidad de la reforma laboral; la de liquidar el fondo de garantía previsional, lo cual implica, por ejemplo, quitarle al sistema las acciones que tiene sobre las principales empresas y que son fondos genuinos para sostener el financiamiento del sistema; implica la reforma previsional en términos de subir la edad jubilatoria y bajar el criterio de cálculo del haber con el único objetivo de que el peso del gasto previsional sobre el Estado sea menor, para que haya mayor cantidad de recursos que se destinan a deuda; ; la reforma impositiva; la indepedencia del Banco Central. Hay todo un conjunto de elementos que están puestos como garantía de la continuidad. El acuerdo con el Fondo se transforma en una suerte de garantía de continuidad del rumbo con independencia de quién gane.

—También es una garantía de repago para sí mismo.

—Sí, pero diría que más bien lo que el Fondo alienta es que el país mantenga ese endeudamiento y que siga en la lógica del endeudamiento perpetuo. En realidad, lo que el sistema financiero le propone a nuestro país no es terminar con la deuda, es mantenerlo agarrado. Por otra parte, las lógica del endeudamiento perpetuo y del pago supone una orientación exportadora en función de la obtención más rápida de divisas posible y consecuentemente haciendo presión sobre lo que más rápidamente nuestro país puede transformar en divisas que son sus recursos naturales. Con lo cual, la contrapartida de eso es una orientación exportadora, reprimarización del patrón productivo y depredación de la base de recursos naturales. El problema es bastante complejo. Por eso es que estamos todos de acuerdo en que hay que reestructurar la deuda, que hay que revisarla, que hay que cambiar el esquema que tiene el acuerdo hoy. Pero también me parece que hay que poner muy fuertemente sobre la mesa tres condiciones a las que debería comprometerse un futuro gobierno y todavía no están planteadas: primero, bajar sustancialmente los pagos, porque de lo contrario no hay oxígeno ni en las cuentas públicas ni hay divisas disponibles para financiar la recuperación de la actividad económica; segundo, hay que recuperar autonomía para la definición de la política económica, sacarse el chaleco de fuerza de un acuerdo que te dice lo que tenés que hacer y te expropia la soberanía en materia de política económica; y tercero, hay que darse una estrategia para romper esta lógica del endeudamiento perpetuo, porque eso no se resuelve. Para hacer eso es imprescindible hacer lo que nunca se hizo: hay que revisar la deuda, discutirla. Y eso se puede hacer. No significa repudiarla. Ese es el caballito de batalla que siempre nos plantean. No es eso. Por eso la consigna es “las deudas se pagan, las estafas no”. Hay que discutir efectivamente lo que pasó, hacer un censo de quienes son nuestros acreedores, ver quiénes fueron los funcionarios que actuaron en el Ministerio de Economía, en la Secretaría de Financiamiento, en el BCRA, en el momento en que se pusieron en marcha estos créditos. Ver en qué medida se cumplieron los procedimientos legales y constitucionales para llevarlos adelante, también si hay algún vínculo entre estos funcionarios y los bancos intervinientes en esos proceso. Y por otro lado, quiénes son los que fugaron. Ahí aparecerán los elementos. En algunos casos, alguna deuda tendrá que ser discutida y habrá que ponerla en los estrados judiciales porque no puede ser asumida, y en otros se tendrá que pagar y discutir de qué manera. Lo mismo hay que hacer con el acuerdo con el Fondo. Sobre lo primero, no hay ninguna resolución del Ministerio de Hacienda y el BCRA donde consten los detalles del endeudamiento. Respecto del acuerdo con el Fondo, Macri no tenía facultades para tomar ese crédito sin pasar por el Parlamento. Y, sin embargo, lo hizo. Y el Fondo violó sus propios estatutos. Entonces, alguna discusión sobre este tema habría que dar. Esto no quiere decir que uno se aparte de la legalidad existente, todo lo contrario. Significa asumir la discusión de la deuda con toda la complejidad que tiene, poniendo todos los elementos sobre la mesa. Porque por sus características, la deuda no se resuelve exclusivamente por la vía financiera.

—Hay casos en la Justicia pendientes con el tema del FMI. Hubo algunas denuncias al respecto.

—En el libro se compilan las denuncias históricas pero además hay otras últimas, entre ellas nuestra, que incluso fue tomada por uno de los fiscales federales. Fue la que hicimos porque Macri no tenía facultades para hacer el acuerdo. Y en realidad porque el gobierno alega haberlo hecho en nombre de un artículo de la ley de administración financiera de Domingo Cavallo que está caduco, que fue eliminado por la Constitución del 94. Por lo tanto, como el gobierno no prorrogó eso, no tiene facultades. También hay denuncias sobre que no se cumplieron los pasos y ni los procedimientos, ni se tomaron las resoluciones que había que tomar. En general casi toda la deuda argentina tiene vicios, en el sentido de que el BCRA tiene que hacer un estudio cada vez que se toma un crédito para ver si el país tiene capacidad de repago y eso no se hizo nunca y los préstamos se tomaron igual. O sea que la cantidad de elementos para dar la discusión son múltiples. Es más, la deuda y los acuerdos son violatorios de todos los pactos internacionales como el de San José de Costa Rica, y otros que tienen jerarquía constitucional. Por otra parte, Argentina ante las Naciones Unidas (ONU) tuvo que comparecer, el gobierno anterior y este gobierno, y hay observaciones del organismo que el país está obligado a cumplir, pero Argentina argumenta que no puede justamente por la deuda. Claramente hay un montón de herramientas jurídicas para discutir. Por ejemplo, respecto del FMI, dada la irregularidad de lo que ha ocurrido, el país debería plantear en la ONU cuyos países son los mandantes del Fondo el caso y mostrar las irregularidades de un crédito que se planteó más para sostener a Macri que para resolver el caso argentino. Debería pedir una auditoría de como se otorgó ese crédito.

—Con el tema de los holdouts Argentina recurrió a la ONU, pero finalmente tuvo un duro revés de la Justicia de EEUU, con embargo y demás ¿Es viable recurrir a esa instancia?

—Sí. Cuando Argentina fue a la ONU por los holdouts salió a favor. Lo que pasa es que eso no tenía un efecto jurídico porque había muchas otras cosas que el país no había hecho que la complicaban. En el marco de los canjes que hizo el gobierno kirchnerista nunca se cuestionó a las acreencias por ilegítimas, cosa que debía haberse hecho. El gobierno anterior mantuvo lo que se denomina prórroga de jurisdicción en el sentido de ceder potestad a jurisdicciones extranjeras para que te puedan juzgar. Y otras cosas más. Entonces, había problemas de fondo. Pero Argentina fue a la ONU, planteó el cuestionamiento a lo que estaba haciendo Griesa y hubo aval de la mayor parte de los países y diría que hoy tenemos muchos más elementos respecto a que el FMI no cumplió con su rol. Porque en verdad, cuando Argentina va al FMI, va en default. Lo cual es importante decirlo porque ahora está toda la discusión que alerta sobre que el gobierno que viene no defaultee. El default ya está. Estamos en default. Argentina no tiene un dólar partido al medio para afrontar los vencimientos. Lo único que está en discusión es cómo se blanquea eso y qué se hace. No es que va a defaultear el próximo gobierno, este gobierno defaulteó. Y frente a ese default el FMI debió haber obligado al gobierno a reestructurar la deuda y plantear un programa de largo plazo para resolverlo. Pero no lo hizo eso porque era imposible que Macri, si quería ganar las elecciones en 2019, reconociera en 2018 que el mejor equipo de los 50 años había defaulteado la Argentina. Entonces, en lugar de eso el FMI le dio un préstamo de 60 mil millones de dólares, por lo cual le incrementó la deuda, le concentró todos los vencimientos en el otro gobierno y le sostuvo la canilla para que pague hasta que termine la elección. Y en el medio, pusieron en marcha una ajuste brutal sobre el conjunto de la sociedad que además no resuelve nada porque lo único que se hizo fue posponer el default que habría que haber discutido en ese momento. O sea, el FMI hizo todo al revés de lo que su propias reglas indicaban, y no digo que sean las correctas. Hizo cualquier cosa en función de respaldar políticamente al gobierno de Macri. O sea, fue un crédito a Macri, no a la Argentina. Y la mejor jefa de campaña fue Christine Lagarde, sostenida por el gobierno de Trump, que en función de la situación regional bancó a más no poder la perspectiva del macrismo en el poder.

—¿Y ese plan para llegar con el mercado cambiario calmo a las elecciones tiene posibilidades de funcionar?

—El gobierno tiene la posibilidad. Le dieron todos los elementos para que se liquiden todos los pocos dólares que tiene, sosteniendo el dólar hasta las elecciones, para ver si así pueden «arrimar el bochín». Hoy el dólar está calmo porque hay liquidación de los exportadores, porque están vendiendo 60 millones de dólares diarios, y porque pueden intervenir donde tenían prohibido hacerlo. Eso no resuelve nada del funcionamiento de la economía argentina. Además, el dólar está calmo después de haber subido 130%, de haber destrozado todo y la economía sigue como está en términos de caída de actividad, sin recomposición de ingresos, sin que se recupere nada. Eso no va a cambiar en absoluto y habrá que ver cómo se da la situación en las Paso (elecciones primarias), porque depende de ese resultado, entre agosto y octubre la cosa puede complicarse aún más. Pero el Fondo les dio las herramientas una vez más para resolver ahora la situación, complicando el futuro. Porque los dólares que van a utilizar ahora, debilitan la posibilidad de negociación de la Argentina a futuro.

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