Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA revela que el 27,4% de los hogares recurrió a familiares, amigos, financieras u otras fuentes para sostener su economía cotidiana.
18:07 hs - Martes 08 de Septiembre de 2026
¿Quiénes son los hogares que necesitan endeudarse para cubrir sus gastos habituales y dónde se concentra esa necesidad?, se preguntaron los investigadores Agustín Salvia e Iñaki González, del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). El informe “Pedir prestado para cubrir los gastos habituales” destaca que el 27,4% de los hogares de los aglomerados urbanos relevados recurrió a familiares, amigos, financieras u otras fuentes para sostener su economía cotidiana. Esa necesidad se concentró donde los ingresos eran más bajos o insuficientes: en los hogares pobres, en aquellos que percibían que sus ingresos no alcanzaban y en los estratos socioeconómicos más bajos.
La fecha del relevamiento puede parecer distante. El análisis es en base a información del tercer trimestre de 2025, sin embargo, los investigadores advierten que el estudio permite observar un fenómeno que precede a otras expresiones del endeudamiento que ganaron protagonismo en los últimos meses, como el aumento de los atrasos en el pago de créditos. El problema comienza cuando el presupuesto corriente deja de alcanzar y el hogar debe pedir dinero prestado para afrontar los gastos habituales.
No se trata, aclara el informe, de crédito destinado a adelantar la compra de un bien durable o financiar un consumo extraordinario. Es dinero prestado para cubrir la vida cotidiana.
"Cuando el crédito deja de adelantar un consumo durable y empieza a cubrir el presupuesto ordinario, cualquier pérdida de ingreso, aumento de gastos fijos o encarecimiento de la refinanciación reduce rápidamente la capacidad de pago", subraya el informe.
Las conclusiones del Odsa contrastan con las recientes declaraciones del presidente Javier Milei sobre el creciente endeudamiento de las familias. Consultado en agosto por la situación de los hogares que recurren al crédito o tienen dificultades para llegar a fin de mes, el mandatario rechazó la posibilidad de una intervención estatal para asistir a los deudores, al considerar que se trata de “un problema entre privados”. Milei atribuyó parte del problema al consumo financiado durante el Mundial y señaló que muchas personas “se compraron televisores para ver el Mundial y después veían si pagaban o no”.
La deuda sube cuando el estrato baja
Los datos muestran con claridad dónde se concentra esa fragilidad. Entre los hogares pobres, el 44,4% tuvo que pedir dinero prestado para cubrir gastos habituales, frente al 22,4% de los hogares no pobres. La diferencia es de 22 puntos porcentuales y revela que la incidencia del endeudamiento cotidiano fue casi dos veces mayor entre quienes se encontraban bajo la línea de pobreza.
Pero el contraste más fuerte aparece cuando se analiza el denominado estrés económico, es decir, la percepción de que los ingresos del hogar no alcanzan para cubrir las necesidades básicas. En ese grupo, casi la mitad de los hogares, el 49,2%, recurrió a préstamos para sostener sus gastos, frente a apenas el 13,3% entre quienes no manifestaban esa situación.
La brecha es contundente. Los hogares con estrés económico tuvieron una incidencia 3,7 veces superior. “La magnitud de la brecha revela hasta qué punto la presión del presupuesto inmediato empuja al financiamiento”, señala el informe.
El estrés económico en los hogares
La situación también se agrava a medida que se desciende en la estructura socioeconómica. Mientras que el 11,8% de los hogares del estrato medio-alto pidió dinero prestado para gastos habituales, la proporción subió al 23,2% en el medio-bajo, al 32,5% en el bajo y alcanzó el 47,5% en el estrato muy bajo.
En otras palabras, prácticamente uno de cada dos hogares del sector socioeconómico más vulnerable tuvo que recurrir al endeudamiento para cubrir gastos corrientes. Entre los extremos de la estructura social, la incidencia fue cuatro veces mayor.
El informe también muestra cómo se acumulan las desventajas cuando la pobreza y el estrés económico coinciden. Entre los hogares pobres que además percibían que sus ingresos no alcanzaban, el 55,8% pidió dinero prestado para afrontar los gastos habituales.
También se advierte que entre los hogares no pobres el estrés económico marcó una diferencia significativa: la incidencia pasó del 12,7% entre quienes no sentían esa presión al 44,7% entre quienes sí la padecían. Entre los hogares pobres, el salto fue del 17,7% al 55,8%.
La posición socioeconómica también pesa aun cuando no existe una percepción inmediata de estrés. Entre los hogares sin estrés económico, el recurso al préstamo fue del 7,2% en el estrato medio-alto y alcanzó el 30,1% en el estrato muy bajo. Es decir que, incluso sin manifestar que los ingresos resultaban insuficientes, tres de cada diez hogares del sector más bajo tuvieron que pedir dinero para cubrir gastos cotidianos.
Diferencias en el territorio
Las diferencias también aparecen en el territorio. El denominado resto urbano registró la mayor proporción de hogares que recurrieron al endeudamiento para gastos habituales, con el 30,6%, seguido por el conurbano bonaerense, con el 29,7%, y las otras grandes áreas metropolitanas, con el 26,5%.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires presentó el nivel más bajo, con el 12,8%. Sin embargo, entre los hogares atravesados por el estrés económico las proporciones fueron elevadas en todos los grupos territoriales y alcanzaron un máximo del 56,8% en el resto urbano.
Para Salvia y González, el problema no es el acceso al crédito en sí mismo. El financiamiento puede ampliar oportunidades y permitir anticipar consumos. La señal de alerta aparece cuando se convierte en un recurso defensivo para hogares que ya no tienen margen financiero. “Cuando el crédito deja de adelantar un consumo durable y empieza a cubrir el presupuesto ordinario, cualquier pérdida de ingreso, aumento de gastos fijos o encarecimiento de la refinanciación reduce rápidamente la capacidad de pago”, advierte el informe.
La respuesta que falta
El estudio, además, aclara sus alcances. La Encuesta de la Deuda Social Argentina permite identificar qué hogares tuvieron que pedir dinero prestado y analizar su relación con la pobreza, el estrés económico, la posición socioeconómica y el territorio, pero no releva los montos solicitados, las tasas, los instrumentos utilizados, la carga financiera ni los incumplimientos posteriores. Aun con esas limitaciones, el diagnóstico permite poner cifras a una realidad cada vez más visible: una parte significativa de los hogares no se endeuda para comprar algo que no puede pagar de contado, sino para sostener lo básico.
Y es allí donde el informe ubica el núcleo del problema. La necesidad de pedir prestado para cubrir los gastos habituales se concentra donde los ingresos son más bajos o insuficientes y donde existe menor capacidad para absorber un imprevisto, una caída de los ingresos o un aumento del costo financiero.
Según los investigadores, la respuesta requiere recuperar ingresos y empleo, mejorar la evaluación de la capacidad de pago, garantizar información clara sobre el costo financiero y generar mecanismos tempranos de refinanciación que eviten que un desajuste transitorio termine convirtiéndose en un proceso persistente de sobreendeudamiento.