Como consecuencia de la medida de fuerza del sector agropecuario, se ha escrito
y hablado mucho acerca del ingreso neto del productor de soja. Para tener una visión un poco más
clara de la diferente situación en la que se encuentran los productores del sur de la provincia de
Santa Fe, tanto por sus características productivas y personales, como por las circunstancias que
les ha tocado enfrentar, es importante tener en cuenta algunos datos.
Primero, conviene identificar los distintos productores sojeros del área,
independientemente del número de hectáreas que cultiven. Ellos son los siguientes:
- El productor propietario del campo, que trabaja con maquinaria propia
aunque suele contratar la realización de algunas labores.
- El productor propietario del campo que, al no contar con maquinaria
propia o contar con equipos obsoletos, contrata la realización de todas las labores.
- El productor-arrendatario dueño del campo, que trabaja con maquinaria
propia, contrata algunas labores y además, arrienda campos de terceros pagando una cantidad fija de
producto que, para la campaña 2007/2008, oscilaba en los 16 quintales por hectárea.
- El productor-aparcero propietario del campo, que trabaja con maquinaria
propia, contrata algunas labores, y además toma en aparcería campos de terceros pagando un
porcentaje del producto cosechado que, para la campaña 2007/2008, alcanzó el 40%.
- El llamado "contratista", que cuenta con maquinarias pero no campo, por
lo que lo toma en arrendamiento o aparcería.
El costo de producción varía no sólo en función de la disponibilidad o no de
maquinaria propia por parte del agricultor, sino también según el tipo de productor. De todos
modos, es posible hacer referencia a un costo de producción que podría considerarse estándar para
el sur de Santa Fe, con precios de los insumos y de los servicios más comunes requeridos para
aplicar la tecnología de mayor uso entre los productores de la zona.
El análisis se limita a cinco tipos de productores sojeros que, en realidad, se
reducen a tres si se tienen en cuenta sus características productivas: a) los que poseen campo y lo
trabajan con maquinaria propia y contratan algunas labores; b) los que poseen campo y lo cultivan
contratando labores y c) los que trabajan tierra de terceros en arrendamiento o aparcería,
dispongan o no de campo propio.
En los cuadros anexos se pueden observar, en primer lugar, el costo de
implantación y protección correspondientes a la campaña 2007/08, para los tres tipos de productores
identificados. El costo total de producción ya no es fijo por hectárea sino que varía con el
rendimiento. Por eso, en segundo lugar, se exhibe el costo total de producción por quintal de los
distintos tipos de productores, en función de ocho niveles de rendimiento probables.
Los costos de comercialización cambian de productor a productor. A fin de
simplificar el cálculo, se supone que el grano cosechado está limpio, tiene una humedad del 14% y
el productor, que se encuentra a una distancia de 100 kilómetros del puerto, lo vende a través de
un acopiador que le cobra una comisión del 3%.
La nueva realidad
El nuevo esquema de retenciones aplica los principios de marginalidad (las
alícuotas se computan por tramos) y progresividad (son cada vez más altas) del impuesto a las
ganancias, en el que las tasas marginales se calculan sobre precios superiores. Por caso, la soja
tributará una alícuota marginal de 81%, entre los 501 y 600 dólares, pero sólo sobre ese último
tramo. La retención media es la que resulta de sumar los valores retenidos en los diferentes tramos
y calcular su incidencia sobre el total exportado. Para un precio de u$s 515/tn, la alícuota
representa el 44,1% en promedio.
Las retenciones a la exportación se establecen sobre el precio FOB, cargado en
el barco. El exportador lo traslada hacia atrás en la medida que las características del libre
juego de la oferta y la demanda se lo permiten, disminuyendo el precio FAS (libre al costado del
barco). Ese es el precio que el exportador paga al acopiador y éste toma como base para determinar
el precio al productor.
Por otra parte, el productor sojero debe afrontar los costos de estructura
(impuesto inmobiliario y la tasa comunal, gastos de movilidad, los gastos de energía y
comunicaciones, etc.) y la amortización de las maquinarias propias. Para simplificar, por tipo de
productor, los gastos de estructura y amortización se calculan para un rendimiento de 30 qq./ha y
un precio de $87,50/qq.
Casos
En un año con buenas condiciones climáticas que proporcione un rendimiento de 40
qq/ha, con un precio de $87,50/qq, le brindaría a un productor de 120 hectáreas un ingreso neto de
$245.991/campaña, con el cual podría vivir muy bien una familia tipo. Pero no todos los años serán
buenos, no en todos los años las lluvias llegarán en el momento oportuno y el rendimiento puede
disminuir a 26 o 28 qq/ha. Entonces el ingreso neto se reduciría a 127.686 ó 136.550 pesos por
campaña, respectivamente. También puede ocurrir una sequía que disminuya mucho más drásticamente
los rendimientos o tener lugar una pedrada que destruya todo o buena parte del cultivo y en ese
caso, el ingreso neto puede ser escaso o nulo porque el seguro sólo le cubriría el costo de
implantación y protección, pero no la ganancia.
La situación es muy distinta para el arrendatario que tuvo una mala cosecha y se
comprometió a pagar una cantidad fija de grano. Con un rendimiento de 26 qq/ha., si debe entregar
16 qq/ha, su ingreso neto sería apenas de $ 6.036 por campaña y en la mejor de las situaciones con
un rendimiento de 40 qq./ha llegaría a un ingreso neto de $ 136.038 por campaña, el cual no es
demasiado elevado si se considera el capital invertido en maquinarias y equipo de trabajo, así como
en capital circulante para llevar a cabo la producción. Por supuesto, los resultados de la
actividad del agricultor que trabaja campo de terceros mejorarían en forma sustancial si, en lugar
de 120 hectáreas, trabajara 200 ó 300.
(*) Cátedras de comercialización agropecuaria y administración rural de la Facultad de
Ciencias Agrarias (UNR)