Economía

El dólar blue, un clásico de la pelea electoral

Como Los Sunchos, el pueblo imaginario del protagonista de las aventuras del nieto de Juan Moreira, tiene muy pocos habitantes pero "es muy grande desde el punto de vista del padrón electoral".

Domingo 19 de Julio de 2015

La cercanía de las Paso nacionales agita las jugadas de manual en el mundo de los negocios financieros y corporativos. La guerra de guerrillas en el mercado ilegal del dólar se atizó y, de a poco, los analistas y predicadores preocupados por el atraso cambiario empiezan a batir el parche por la "impericia" del equipo económico para controlar la disparada del precio de la divisa en esa plaza pobre en operaciones pero rica en valor político. Como Los Sunchos, el pueblo imaginario del protagonista de las aventuras del nieto de Juan Moreira, tiene muy pocos habitantes pero "es muy grande desde el punto de vista del padrón electoral".

La batalla del dólar es la elegida por la entente opositora para pulsear contra el candidato oficialista en materia económica. Pese a que el Banco Central viene de un mes de buena cosecha de agrodólares, la presión de "la gente" que busca "dolarizar sus carteras" para esperar una devaluación ahora, en las elecciones o en algún momento, tuvo esta semana una sobredosis de expresión política. Coincidieron la jornada de movilización de las corporaciones ruralistas para celebrar el voto no positivo de Julio Cobos en el conflicto de la 125, la nueva resolución del juez Thomas Griesa a favor de los fondos buitres y las declaraciones de Mauricio Macri justificando la compra de divisas porque "el gobierno miente todo el tiempo".

Le dejó la pelota picando al ministro de Economía, Axel Kicillof, quien lo acusó de promover una corrida cambiaria, días después de que el gobierno incluyó a los golpes de mercado como parte de la nueva doctrina de inteligencia. En las carpas empresariales con cola de paja se encendió la alarma, como pasó hace un año con las leyes de defensa del consumidor y de abastecimiento.

El fantasma de la "represión" recorre los despachos de los hombres de negocios blue. El gobierno explota esa línea de confrontación. Interpreta que, del otro lado de la fiebre del contado con liqui, hay "otra gente" que valora el leve y gradual repunte del consumo, el cierre de las paritarias, el activismo estatal para mantener un piso de actividad económica y la batería de planes para sostener cierto nivel e ingreso a los sectores con menos excedentes.

Hace casi un lustro que la energía expansiva de la primera década del siglo abandonó la economía argentina. Y hace un año que se transita el difícil camino de salida de un ajuste que el propio gobierno piloteó a partir de la devaluación de enero de 2014. No está en la comparación con los mejores momentos de la posconvertibilidad el punto fuerte de la política económica. Tampoco tiene sentido, toda vez que el ciclo y el mundo es muy distinto. Más duro, para ser precisos.

El vaso medio lleno es que, sin el activismo estatal que se critica, sin el aumento del gasto público ni la emisión existente, sin Precios Cuidados, sin el Procrear, sin el Ahora 12 y sin el refuerzo de las asignaciones sociales (ahora actualizables automáticamente), la recesión y el desempleo golpearían de una manera más dura. Brasil, con su ajuste recesivo, es el contrajemplo de esta política frente a la contracción global.

En Argentina, el gobierno apuesta a poner plata en el bolsillo de esta "otra gente" para sostener la actividad, una preocupación constante a lo largo de todo el ciclo. No serán dólares y no será suficiente. Menos para quien tiene un excedente que busca hacer valer a través de inversiones en el mercado cambiario. Pero para el que tiene acotada esa opción, es mejor que nada. Hay una estrategia redistributiva en esa opción.

En un terreno complejísimo, por lo que se juega económica y políticamente, el ministro de Economía profundizó esta política en el terreno agropecuario, ampliando los fondos de compensación a los pequeños y medianos productores. Poco para el estilo de vida y negocios de la soja 600 dólares. Un algo, para el que se prepara a atravesar con menos excedentes un ciclo más áspero de los agronegocios, con mucha presión del contexto internacional y con feroces pujas dentro de las cadenas de valor para cargar el costo del ajuste de rentabilidad.

La caída del comercio internacional, la desaceleración del crecimiento global y las tensiones derivadas de las estrategias de salida que las naciones del globo están transitando luego de la crisis global de 2008.

Los mercados del petróleo, el acero, los productos agropecuarios, los mismos activos financieros, sienten las consecuencias de estos movimientos. Y tendrán impacto en la economía, en el nivel de actividad y en el empleo. No serán las señales de confianza hacia los "inversores", los ajustes salvajes ni las recetas mágicas los que permitirán amortiguarlo, sino la acción inteligente y protectiva del Estado, con todas sus cuentas, debates y consensos sociales pendientes.

Cuando los analistas festejan el informe de la UCA (cuya seriedad está fuera de discusión, sobre todo comparada con el Indec) porque informa un índice de probreza del 28 por ciento omiten la valoración positiva que el trabajo hace sobre la universalización de los planes sociales para morigerar el problema. Cuando los diarios económicos exaltan que el informe del FMI que pronostica que "la economía argentina seguirá estancada en 2016", ocluyen que en seis meses, ese organismo revisó dos veces al alza esos pronósticos, aun dentro de esos márgenes exiguos. Nada para festejar. Menos para el gobierno. Sólo insumos para poner la situación económica en una perspectiva más amplia, y en medio de una puja distributiva que a veces opera para capturar el resultado de un momento expansivo y otras veces para distribuir los costos de un ajuste. En la discusión política, el diagnóstico de los problemas es siempre terreno fértil para la oposición. No así el terreno de las recetas para solucionarlo.

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