Economía

El comportamiento del sistema distributivo

La historia refleja un patrón donde la pobreza disminuye cuando el peso se valoriza y la inflación se desacelera y aumenta con este fenómeno a la inversa

Domingo 15 de Agosto de 2021

Es notorio cómo se ha utilizado un parámetro, como es el ingreso per cápita, para reafirmar que éramos un país con semejanzas a algunos de Europa. Son cosas de economistas o de políticos, para hacerte creer que tan mal no hemos estado, que rememoran lo que fuimos y podemos ser. Hoy, que se duda de todo, podemos suponer que los datos con los que se calculaban y nos hacían presumir nuestra grandeza, pueden ser sospechosos ya que, no se medían con una metodología matemática.

El concepto es engañoso debido a que se hace una simplificación que implica suponer que cada uno recibe un mismo ingreso y, por definición, todos los grupos sociales se benefician de la misma manera ante el crecimiento económico. No obstante, es necesario saber: cómo se distribuye ese incremento y como juega el aumento de la población ya que, si la tasa del rendimiento del capital supera permanentemente la tasa de aumento de la producción y del ingreso, el sistema produce mecánicamente desigualdades (pobreza) arbitrarias en la sociedad. Esto quiere decir que el crecimiento no fue equilibrado, en el sentido que todas las magnitudes (producción, ingresos, beneficios, sueldos, etc.) no han sido beneficiadas por igual a cada grupo social o, no han crecido al mismo ritmo.

Variables

Analizando algunas variables durante un período largo (1947-2019), se pueden sacar algunas conclusiones respecto a cómo se comportó el sistema distributivo.

El año de inicio, es el momento en que se realizó el primer Censo Poblacional de la Argentina con una metodología necesaria para conocer no solo, la cantidad sino, las características de la misma. Si bien se haría en cada año terminado en cero, en algunos casos se hizo un año después y, para el 2019, fue estimado por el Indec.

Durante esos 72 años, la tasa promedio anual de crecimiento poblacional de la Argentina fue del 1,44% y, la del PBI, el 2,16%; esto quiere decir que la tasa del aumento del PBI per cápita alcanzó apenas, el 0,72%. Sin embargo, desde 1913 hasta el 2012, el incremento promedio mundial de la población fue del 1,4%, el de la producción el 3% anual y, el ingreso por habitante, el 1,6%. Pero, mejor resultó el promedio mundial de crecimiento per cápita entre 1950-1980 que alcanzó el 2,5% y, el 1,7% entre 1980-2012. Estuvimos cerca en el aumento poblacional pero, lejos del económico.

También se nota que no es lineal el crecimiento y, Argentina, no fue la excepción: entre 1947 y 1960 (segundo censo), la población creció al 1,79% anual mientras que, el PBI, lo hizo al 1,64%. En este período, el ingreso per cápita fue negativo (-0,15% anual). Peor aún, fue el período entre los censos de 1980-1991, en donde la población creció a un ritmo del 1,41% anual y el PBI al 0,07%; dado que el Ingreso per cápita tiene dos componentes: demográfico y económico, el resultado dio un incremento negativo del (-1,32%) anual. De un ingreso mensual promedio de u$s 592 para 1980, se redujo a u$s 511.-

"La desigualdad depende de los actores económicos, políticos y sociales y la relación de fuerza entre ambos” "La desigualdad depende de los actores económicos, políticos y sociales y la relación de fuerza entre ambos”

Hubo sólo dos períodos entre censos, en que la tasa de crecimiento del PBI resultó acorde al resto del mundo y fue: 1960-1970, con un promedio anual del 3,88%, destacándose el Gobierno de Illia con el 6,55% promedio anual. El otro período fue: 2001-2010, con un crecimiento promedio anual del 4,31%. En este caso, motorizado por el incremento promedio anual del 8,73% durante el Gobierno de Néstor Kirchner.

Lo más llamativo de este período largo, es que hubo 41 años de bajo o nulo crecimiento; a partir de la Democracia, 22 años. Por dar algunas referencias, además del período 1980-1991 (11 años),1997-2003 (Menem, Alianza, Peronismo) de seis años, a una tasa promedio anual del -1,33% de crecimiento del PBI ó 2011-2019 (2do.CFK-Macri) de ocho años, a tasa promedio anual del -0,3%. Más atrás, 1974-1978 con 0%, el gobierno de Guido (1962-1963) que, si bien fue un año, la economía cayó -5,31%; podemos más atrás, Frondizi, la Dictadura Libertadora y parte de los gobiernos de Perón.

Economía y población

El problema con los períodos recesivos es que, la población sigue creciendo y la economía no. Durante los 41 años de estancamiento, la población agregada, calculada a la tasa de crecimiento que hubo en cada año, suma 16.596.097 habitantes. Esto profundiza las desigualdades, debido a la baja demanda laboral que provoca el estado recesivo de la economía y, se agudiza aún más, cuando la tasa de rendimiento del capital sigue por encima del crecimiento de la producción, generando una mayor distribución regresiva.

Los bajos ingresos de los asalariados y la pobreza no circunstancial, sino instalada (estructural), confirman que la distribución en la Argentina no tiene nada que ver con el ingreso per cápita; no obstante, en el 2019, el valor resultó u$s 740, cifra que está por debajo del promedio mundial de u$s 830 y lejos, de los u$s 2.700 de los países desarrollados.

Es llamativo que en estos 72 años, recién se hayan comenzado a realizar los estudios de la pobreza en el año 1984, a partir del censo de 1980. El fenómeno data del siglo XIX e inclusive, dada la percepción de la misma, se propuso una metodología para cuantificarla a fines de 1800 y principio del novecientos pero, no se hizo nada.

A mediados de los ochenta, el Indec realizó un diagnóstico de la necesidad de medirla ya que, según su visión, “hasta comienzos de la década del setenta, la pobreza existía pero como un fenómeno marginal o de magnitud relativa moderada”; se nota, la resistencia a no aceptar un fenómeno, que ya lo padecían muchas personas.

Los estudios que se empezaron a realizar, a partir del concepto de que es pobre, “quien carece de los bienes y servicios materiales requeridos para vivir y funcionar como miembro de la sociedad”, han demostrado que desde mediados de 1980, nunca se pudo estar por debajo del 25%. Por arriba, muchas veces, alcanzando un máximo en 2003 del 57,6%.

La historia de la pobreza de ingreso en Argentina nos dice que, posteriormente a la crisis de la hiperinflación de los noventa, la tasa se redujo hasta alcanzar un mínimo en 1993; a partir de ahí comenzó a subir, en particular, desde 1995 casi sin parar hasta el año 2003. A posteriori y hasta 2011, disminuyó el porcentaje, hasta llegar a un valor del 25,9%.

Lo que refleja la historia es un patrón de comportamiento en donde la pobreza disminuye cuando: el peso se valoriza y la inflación se desacelera; a la inversa, el porcentaje aumenta cuando: hay depreciación del peso y la inflación se acelera.

Desigualdad

Los acontecimientos que determinan las desigualdades, dependen de los actores económicos, políticos y sociales y la relación de fuerza que surge entre ellos, producto de las decisiones que asumen. No obstante, al final de cuenta, son las medidas políticas las que definen esas relaciones.

¿Y cuáles medidas? Expansión monetaria, aumento de impuestos, controles de precios, subsidios, congelamiento de tarifas y salarios, devaluación, control del tipo de cambio, aumento de salarios, descongelamiento de precios y tarifas, mini devaluaciones, control de importaciones, prohibición de exportaciones, fijación de la tasa de interés, endeudamiento, desendeudamiento y deterioro de precios relativos de algún producto en favor de la industria, asalariados o sectores pudientes. Todo esto, como instrumento de política redistributiva y un intento de frenar la inflación.

Estas decisiones ¿se están tomando ahora? Sí, las hizo el gobierno de Macri, también con Cristina Fernández, Néstor Kirchner, Duhalde, De la Rúa, también; los años 90, Alfonsín, el gobierno militar con Martínez de Hoz, y podemos seguir más atrás, hasta llegar a 1947. Los instrumentos de política se han repetido.

“Cuando haces siempre lo mismo y crees que va a pasar algo diferente” (decía A.Einstein), los resultados están a la vista: pobreza, distribución regresiva, alta inflación, poco crecimiento. Para iniciar un período de aquí a 20 años, es necesario dar certezas porque lo único que garantiza crecimiento y empleo es la inversión, hacer acuerdos sobre cuestiones institucionales como establecer el Estado de Derecho; otro, que evite crear nuevos impuestos y congele las tasas que gravan los mismos ya sean nacionales, provinciales o los municipales e incluso las comisiones bancarias. Con esto, se evita un financiamiento inflacionario pues todo termina en los precios. Cada uno debe hacerse cargo de ejecutar responsablemente su propio presupuesto.

Ya que tanto gusta el modelo Alemán, la central sindical, los empresarios y el Estado, se deberían juntar para decidir cómo solucionan los inconvenientes que se presentan, por caso: la crisis del 2008. Se bajaron los sueldos, las ganancias y se implementó un plan de inversión pública. En quince días, resolvieron el problema. Y ya se puede empezar con las empresas del Estado. En Alemania sólo piensan en beneficiar a los contribuyentes y, para eso exigen eficiencia para que el precio que debe pagar el usuario sea el mínimo posible. La gestión de las empresas debe responder a los estándares internacionales. No se les ocurre utilizarlas para emplear o favorecer a familiares y amigos.

Es imprescindible el ahorro nacional, en la moneda propia; el financiamiento de China, Taiwán, Japón, Corea no se realizó por inversiones extranjeras masivas sino que lo hicieron por sí mismos.

La inversión en capital humano y nuevos conocimientos es imprescindible ya que, desde la década de 1950-1960, es bien conocido el hecho de que el crecimiento de la productividad a largo plazo se explica por estos motivos como así, por la acumulación de capital.

Si seguimos pensando en la teoría de “cuanto peor, mejor” y sólo interesa ganar las elecciones cada dos años, nos tendremos que conformar con ver a la nueva clase trabajadora que anda en bicicleta repartiendo pizzas y es remunerada solidariamente por el consumidor.

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