Economía

El calendario electoral nacional ocupa la escena

Con las elecciones del domingo próximo, larga el cronograma fuerte de decisiones electorales en 2015.

Domingo 07 de Junio de 2015

Con las elecciones del domingo próximo, larga el cronograma fuerte de decisiones electorales en 2015.

Poca huella hay en los candidatos con posibilidades reales de acceder a los cargos ejecutivos nacionales o locales de aquella energía política liberada durante la salida de la crisis de fin de siglo pasado y principios del actual. Un proceso histórico fundacional en múltiples sentidos, que repuso el valor social, cultural, económico y político de principios arrasados durante la experiencia neoliberal de los ‘90.

La inclusión social, la producción nacional y el empleo decente como ejes de un modelo económico sustentable, el rol activo e indelegable del Estado como garante de un proceso de integración y desarrollo equilibrado, y el papel de las políticas públicas en la defensa y realización de derechos fundamentales, constituyen en trazos gruesos el núcleo del programa que trazó la hoja de ruta de la posconvertibilidad.

No es una ruta lineal sino más bien un campo de acción que alberga múltiples conflictos, disputas ideológicas, avances, retrocesos, agachadas y también aviesas coartadas destinadas a encubrir con los argumentos discursivos más nobles las peores fechorías.

Las tensiones, contradicciones y pujas dentro de ese paradigma son, a su vez, su alimento. No es casual la explosión de militancia y discusión política que caracterizó a la última década. El modelo, por ponerle un nombre, no se despliega limpiamente sobre el terreno. Como ningún otro. Pero las ideas fuerza que lo sostienen no se manchan. Y la condición de posibilidad para realizarlas es lo que, en buena medida, se pone en juego con cada elección de cargos ejecutivos.

Los candidatos competitivos a ocuparlos, en todos los niveles territoriales, aparecen hoy bastante lejos del imaginario pos 2001. Más bien comparten su coqueteo con la teoría del fin de ciclo, los tics restauradores y, persona por persona, declaración por declaración, hasta podrían intercambiar partidos sin levantar sospecha alguna. Sus diferencias no provienen de su voluntad sino del contexto. Devienen de la trayectoria de los espacios en los que actúan, de la historia, aunque sea remota, de su propia gestión y, en definitiva, de los grandes colectivos politicos que, más allá de la oferta electoral, siguen identificándose en base a un núcleo de ideas sobre lo que se pretende para un país, una sociedad y para sí mismo.

Los postulantes oficialistas en la Nación y en los comicios locales disputan sus votos en el espacio electoral que en la última década defendió el modelo. Aun a su pesar. La identificación con ese espacio no parte de ellos sino del fenómeno de crecimiento del PRO. Una oferta política de derecha con fuerte competitividad electoral que se afinca en la experiencia política y económica de los ‘90 y que confronta en toda la línea con el modelo de la posconvertibilidad. El territorio provincial es la próxima frontera de este espacio político. Su gestión fue bien valorada por los electores porteños, satisfechos con una serie de medidas de ordenamiento urbano que en Rosario fueron ya políticas de Estado desde los primeros años de la recuperación de la democracia. El avance de esta fuerza política en el territorio santafesino expone el choque de modelos.

No es ningún misterio. Los referentes territoriales, los políticos y empresarios que lo respaldan y los equipos técnicos fueron protagonistas públicos y activos del proceso político que culminó con la crisis de 2001, la cual se resolvió de una forma especialmente sangrienta en Santa Fe.

Junto a la reparación histórica del reutemismo, la oferta de ese espacio se completa con la promesa de un desembarco del gabinete porteño de Mauricio Macri. Una promesa que, dicho sea de paso, pone a prueba, junto con la expectativa de un retorno del patriciado santafesino a la conducción del Estado provincial, la existencia y consistencia de una identidad política propiamente rosarina.

El PRO opera en la política santafesina como un parteaguas, divide campos políticos y le ahorra al candidato del oficialismo las definiciones ideológicas que lo perturban. El test es indudablemente un campo de ensayo de cara a la elección nacional, en las que el intríngulis no es tan distinto.

Las elecciones ejecutivas tienen esa característica: reducen las opciones. La derecha ya tiene su candidato. El resto deberá articular si quiere mantener la conducción política del Estado. La combinación con las legislativas permite, como ya se vio en la posconvertibilidad, construir un puente entre la oferta electoral posible y el programa político deseable.

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