Economía

El ajuste en Brasil y los grandes interrogantes

Entre los factores estructurales más relevantes se destaca la baja tasa de inversión de Brasil (en torno al 18 por ciento), que de hecho es la menor de todo Latinoamérica.

Domingo 25 de Enero de 2015

La economía brasilera marcó en 2014 su cuarto año de bajo crecimiento. Detrás de este pobre comportamiento aparecen principalmente un mix de política económica desequilibrado y la ausencia de cambios estructurales, a lo que se suma un escenario externo que se ha tornado menos favorable. Entre los factores estructurales más relevantes se destaca la baja tasa de inversión de Brasil (en torno al 18 por ciento), que de hecho es la menor de todo Latinoamérica. La contracara de la falta de inversiones es una infraestructura deficiente, con importantes atrasos en caminos, puertos, aeropuertos y transporte urbano, lo que impacta de lleno en la competitividad de la mayor economía de Latinoamérica.

En este contexto, y tras una ajustada victoria, el gobierno reelecto de Dilma Roussef parece haber comprendido que, más allá del discurso que sostiene que se abre un período de "continuidad con cambios", un cambio de rumbo en materia de política económica resulta imprescindible para reanimar la economía y recuperar el liderazgo en la región. En particular, la presidente definió dos prioridades centrales en esta estrategia: recuperar el equilibrio fiscal, y generar un ambiente atractivo para los negocios y la inversión.

Desde la óptica de Argentina, los cambios que se están sucediendo en Brasil pueden interpretarse, por un lado, como una mala y una buena noticia en materia económica, y por otro, despiertan algunos interrogantes de cara al futuro de la relación bilateral.

Primero la mala noticia: en 2015 Argentina enfrentará un Brasil en pleno ajuste. Las correcciones de política económica que estará implementando este año el país vecino significarán que la economía brasilera volverá a mostrarse poco dinámica. Como consecuencia, nuestras exportaciones industriales deberán atravesar un nuevo año de demanda débil de parte de nuestro principal socio comercial.

Pero la buena noticia es que, según el éxito con que se implemente el giro en la política económica, podría esperarse una recuperación brasilera sobre el final de 2015, cuando Argentina ya habrá elegido a su próximo presidente. Así, el cambio en la política económica que deberá ser implementado inevitablemente a nivel local en 2016 estará enmarcado en un escenario brasilero algo más favorable, dado que el "ajuste" de la economía vecina debería haber quedado atrás para aquel entonces.

Finalmente, el interrogante pasa por cómo se desenvolverá este año la relación bilateral, cuyo estado actual no parece sostenible. Los crecientes reclamos de los industriales brasileros sobre la "paciencia estratégica" que ha caracterizado a Dilma Rousseff frente a las trabas y distorsiones ocasionadas por Argentina en materia comercial, obligarán a la presidente reelecta a endurecer su posición.

De todos modos, un cambio drástico en este sentido es difícil de esperar. De hecho, lo más probable es que las discusiones bilaterales se posterguen hasta la llegada de un nuevo gobierno en Argentina, dado que la administración local seguirá concentrada en administrar los desequilibrios internos, especialmente teniendo en cuenta la naturaleza electoral de 2015.

En cualquier caso, lo cierto es que este año Argentina perderá, nuevamente, la oportunidad de discutir temas estructurales fundamentales en la relación bilateral con Brasil, como el acuerdo con la Unión Europea o el que rige para el sector automotriz. Y hasta podría exponerse al riesgo de pérdida de mercados ya conquistados, si es que el país vecino comienza a adoptar una posición más abierta en materia comercial y de inversiones.

(*) Director de abeceb.com

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