Economía

Economía 2021: el año en el que volvió el crecimiento

Luego de tres años de profunda recesión, se afirma una recuperación heterogénea pero sostenida. Las políticas públicas en la pandemia

Domingo 12 de Septiembre de 2021

La economía argentina se encamina a cerrar el primer año de crecimiento de los últimos cuatro. De sostenerse, comenzaría a dejar atrás una doble crisis. La que derrumbó 5% el PBI entre 2016 y 2019, catapultando el desempleo, la pobreza y la inflación a partir del crac cambiario y de deuda de 2018; y la que irrumpió en 2020 con la pandemia de Covid 19.

La pandemia asestó un golpe feroz en términos económicos y sociales, consecuencia de las medidas sanitarias de restricción que se adoptaron en la mayor parte del mundo, incluido la Argentina, para enfrentarla. Sólo China creció en 2020, en un escenario de crisis global que incluyó confinamientos y trabas al comercio y circulación de mercaderías. Y también un fuerte aumento del gasto, endeudamiento y emisión.

En este contexto, la economía argentina cayó 9,9% el año pasado, en el rango de Gran Bretaña, Francia y España, pero más abajo que países vecinos, como Chile y Brasil. Una diferencia menos explicable por las estrategias sanitarias que por la espalda fiscal con la que ingresaron a la crisis y la capacidad de volcar recursos para asistir a personas y empresas. Por caso, mientras Brasil tuvo un déficit primario superior al 10% al año pasado, el rojo de la Argentina fue de 6,5%. Aun en esas condiciones, pudo evitar un escenario de conflicto social agudo como se vio en otras naciones de la región.

Sin crédito externo, agotado por Macri, y con menos ingresos tributarios, el gobierno recurrió a la emisión monetaria para financiar un paquete de ayuda que llegó a 7% del PBI, al contabilizar la recomposición del sistema de salud, las transferencias de ingresos a personas, empresas y Estados subnacionales, la ayuda alimentaria, los créditos para el sector productivo y los consumidores y el costo fiscal de las moratorias y alivios impositivos.

Ese paquete, que incluyó programas como IFE, ATP, Tarjeta Alimentar, Repro, Potenciar Trabajo, créditos a tasa cero a monotributistas y a tasa del 24% para empresas, no alcanzó para evitar que el desempleo saltara al 13,1% de la Población Económicamente Activa (PEA) en el peor momento de la pandemia y la pobreza al 42%. Tampoco que noqueara a comercios y servicios (turismo, gastronomía, hotelería y esparcimiento, entre otros, que todavía están entre un 10% y un 50% por debajo del nivel prepandemia).

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De hecho, la emergencia expuso las graves secuelas de la crisis de 2018 y 2019, cuando la pobreza y el desempleo saltaron, y se profundizó la desigualdad estructural de la economía. Ejemplo: el IFE fue pensado para 3 millones de personas y terminó cubriendo a 10 millones. En la otra punta de la pirámide, fondos correspondientes a los créditos subsidiados a empresas apenas comenzada la cuarentena terminaron en la compra de dólares en el mercado paralelo, situación que obligó al gobierno a sumar una serie de condiciones a la asistencia.

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) resaltó que la pobreza sería 9 puntos porcentuales más si no fuera por el paquete de transferencias estatales.

Otras medidas “no monetarias” contribuyeron a moderar el impacto de la crisis: prohibición de despidos, doble indemnización, congelamiento de alquileres y de desalojos, precios máximos, y moratorias de impuestos y servicios.

Esta intervención amortiguó el impacto de la crisis en el mercado de trabajo registrado, que perdió 360 mil empleos. A mediados de 2021 se habían recuperado 300 mil.

En el mercado de trabajo informal, en cambio, se agigantaron las consecuencias del Covid, las restricciones y la caída de la actividad. En el segundo trimestre de 2020, el peor momento, hubo un derrumbe vertical de la ocupación medida por el Indec, del orden de los 3 millones de puestos. A fin del año pasado se habían recuperado dos tercios y al primer trimestre de 2021 más del 90%. De hecho, en la última medición para ese período, el nivel de empleo superó al del mismo período de 2019.

La pandemia desnudó las desigualdades de género en el mercado de trabajo y puso en la agenda pública valor del trabajo doméstico no remunerado que realizan mayoritariamente las mujeres al interior de los hogares. Aún así, según datos de la Cepal, por el coronavirus “las mujeres retrocedieron más de 10 años en su participación en el mercado laboral”.

En el sector registrado, y aunque suene extraño en medio de una retracción económica de 9,9%, los ingresos apenas perdieron con la inflación. Es que el año pasado, por la recesión y la intervención oficial, la suba del índice de precios cedió 19 puntos respecto de 2019 y cerró en 36% anual.

Deuda y provincias

En medio de la cuarentena más dura, en abril y mayo, el gobierno nacional reestructuró la deuda en dólares emitida anteriormente bajo legislación extranjera y nacional. Fueron casi u$s 100 mil millones. Logró un alivio de unos u$s 42 mil millones.

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Buena parte de las provincias siguió el mismo camino. En general, los Estados subnacionales aprovecharon la ayuda del gobierno central para hacer caja y alcanzar superávit fiscal. Las transferencias nacionales fueron mayoritariamente a asistir a personas y empresas, pero también a remendar las cuentas públicas. Hoy, parte de esos “ahorros” se vuelcan al gasto electoral.

La Nación volcó casi $ 100 mil millones en 2020 para asistir a los santafesinos y unos $ 10 mil millones fue a fortalecer la caja del Estado a través de ATN y el Fondo Fiduciario Provincial. También elevó los subsidios a servicios públicos, pagó deudas con los organismos previsionales y financió obra pública. Ya entrado 2021, Alberto Fernández anunció proyectos por $ 76 mil millones en la provincia. Rosario fue beneficiaria, aunque el intendente haya decidido profundizar su perfil opositor a la administración nacional en las últimas horas.

La reestructuración de deuda en moneda extranjera en manos de acreedores privados no neutralizó las presiones cambiarias. Aun en medio de una brutal recesión, la capacidad de un sector de la economía para dolarizar excedentes llevó a los tipos de cambio paralelos a experimentar subas pronunciadas a partir de la segunda mitad del año.

El Banco Central y el Ministerio de Economía respondieron con más restricciones para la compra de divisas. Se estableció una nueva percepción sobre la adquisición de dólares y se recalculó el programa fiscal y financiero. Hoy la base monetaria es 17% menor que la del año pasado. Para fomentar las liquidaciones de agrodivisas, se restableció el diferencial arancelario a favor de la industria aceitera, que el macrismo había eliminado.

La reactivación

El aumento en los precios internacionales de los granos, desde el segundo trimestre del año pasado, contribuyó a recomponer el frente externo y las reservas. También, junto con las políticas de apoyo al sector productivo, a traccionar la reactivación en el interior.

Así, en las provincias como Santa Fe aparecieron las primeras señales de repunte, apenas se flexibilizó la cuarentena más dura de abril y parte de mayo. Mientras la ciudad de Buenos Aires ordenaba la discusión pública en torno del derrumbe de las ramas de servicio, en la región despegaban el agro y la industria.

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La recuperación a nivel nacional se movió a dos velocidades. Los productores de bienes industriales se pusieron, ya a principios de 2021, por encima de 2019. El sector venía de perder 160 mil empleos entre 2016 y 2019. En lo que va del año, ya acumula 12 meses consecutivos de creación de puestos de trabajo, que son 32 mil más que a fines de aquel año.

En 2020, el año de la pandemia, la cartera productiva santafesina relevó inversiones por más de $ 140 mil millones, fundamentalmente en la agroindustria. La inversión es uno de los factores que tracciona la economía en 2021, con un aumento del 14% en el primer trimestre.

Ramas industriales que venían en caída desde 2016 comenzaron a resurgir, tal como la metalúrgica y la automotriz. El comercio y la construcción, que en julio volvió al nivel prepandemia, les siguieron el paso, desde atrás. Los servicios todavía están por debajo del nivel de 2019. Un verano “amigable” para la actividad económica fue sucedido por las restricciones, aunque menos severas, relacionadas con la segunda ola de Covid.

El presupuesto 2021 previó un crecimiento de 4,5%, estimación que se fue ampliando hasta el 8% actual. La vacunación, el contexto internacional y las políticas de estímulo al consumo y la inversión, cambiaron el escenario.

La recaudación subió en términos reales, se estabilizó el mercado de cambios, se implementó el aporte sobre las grandes fortunas y el Ministerio de Economía avanzó en un programa de consolidación que llevó el déficit fiscal primario a 0,7% en el primer semestre del año. Al mismo tiempo, avanzó en su objetivo de reemplazar el financiamiento monetario por deuda pública en pesos. Un mecanismo que, más allá de las chicanas, es muy distinto al alocado aumento en dólares de la época anterior.

De hecho, la fuerte reducción en el peso de las partidas para pagar intereses de la deuda externa permitió reorientar el gasto público a reforzar programas sociales, subsidios y obras. Según el Iaraf, al mes de julio, la ejecución de partidas asociadas a este último rubro estaba ya 9% por encima de 2019.

Con ese margen fiscal, una “rebelión” interna que puso el acento en la pérdida del poder adquisitivo, impulsó a las autoridades económicas a aflojar el ajuste. Desde mediados de año, la política se volvió más expansiva.

Salarios y precios

Si el pronóstico de crecimiento se quedó corto, el de la inflación también. El gobierno presupuestó en base a una proyección de 29% en 2021, y en torno de esa cifra fijó el mapa de las paritarias, con “algunos puntos más”. El objetivo: lograr que el salario real mejore luego de cinco años. Es más, desde 2018 hubo un sólo trimestre en el que le ganaron a los precios: el primero de 2020, por el efecto de los decretos de Fernández. Entre 2016 y 2019 la reducción fue del 20%.

Distinto a otros tiempos, el gobierno reaccionó promoviendo la reapertura de los acuerdos salariales. Hoy, la mayoría, con sus diferentes versiones en torno a tramos, porcentajes, montos y fechas, supera el 45%. Para reforzar los ingresos en la base de la pirámide, se aumentó el salario mínimo, los montos de la Tarjeta Alimentar y del Potenciar Trabajo. También hubo bonos para sumar a los aumentos jubilatorios.

Con mayor cepo y más reservas, el gobierno retrasó la devaluación del peso para moderar su traslado a los precios. Limitó los aumentos de tarifas y elevó el piso del impuesto a las ganancias que pagan los trabajadores. En mayo comenzó a restringirse parcialmente la exportación de carne vacuna, luego de una suba mayor al 80% interanual.

La inflación comenzó a acelerarse en septiembre de 2020 y llegó a su pico en marzo, cuando arañó el 5%. A partir de ahí desaceleró mes a mes, aunque sin perforar el piso del 3%. Se espera que eso haya sucedido en agosto y así quede reflejado en los indicadores que difundirá en los próximos días el Indec.

Proyecciones como la del Cetyd Unsam dan cuenta de una pérdida de 3,8% del salario real en 2021, algo menor que la de 2019. No son pocos los economistas del oficialismo que reclaman un aumento por decreto, similar al de 2020, para redondear aunque sea un empate con la inflación.

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Lo cierto es que desde la crisis que enmarcó el cambio de gobierno, y tras transitar el peor momento de la recesión por la pandemia y la corrida cambiaria del tercer trimestre de 2020, la economía logró llegar a un puerto relativamente amigable. La llegada de los u$s 4.300 millones del Fondo Monetario Internacional por Derechos Especiales de Giro despejó dudas sobre los vencimientos más próximos con el organismo y hasta impulsaron un veranito en acciones y bonos. El cambio de clima económico ser reforzó con los programas de ingresos y aliento al consumo, que pusieron algo más de plata en la calle, y con la mayor movilidad por la baja de casos de Covid.

Durante la semana de la industria, desde clusters productivos como el de Armstrong, en el que las fábricas trabajan a su máxima capacidad, las autoridades del Ministerio de Desarrollo Productivo remarcaron que el cambio de ciclo, luego de tres años largos de padecimiento, no es ajeno a las políticas públicas que se pusieron en marcha. “Mientras asistimos en la crisis, sembramos la semilla de la estrategia de desarrollo industrial”, señaló el secretario del área, Ariel Schale. Algo que reconocieron los sindicatos industriales más importantes y la mayoría de las entidades del sector.

En esa línea, durante el Congreso de la Producción y el Trabajo se presentaron los lineamientos de “nuevas familias” de actividad productiva, como la electromovilidad, y los planes para conectar esas fronteras con los nuevos empleos.

Como la vieja historia del vaso medio vacío y el vaso medio lleno, sobre un presente duro se afirma una perspectiva de recuperación con anclaje concreto, construido sobre una fuerte intervención pública en medio de una de las más grandes crisis internacionales y dentro de un contexto cambiante y riesgoso, que difícilmente admita una política basada en la premisa de “vamos viendo”.

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