Economía

Disciplinar en varios frentes

La gran movilización del 21 de febrero está lejos de ser un reclamo personal.

Domingo 25 de Febrero de 2018

La gran movilización del 21 de febrero está lejos de ser un reclamo personal. Es la síntesis de una política económica que en estos años profundizó la concentración y la transferencia de ingresos, que necesita el disciplinamiento de los gobiernos provinciales, por un lado, y, por otro, de los trabajadores en blanco y en negro.

En esta semana, el gobierno de Miguel Lifschitz comenzó las negociaciones paritarias. Aunque no se habló de cifras, lo más importante ocurrió en la trastienda de la política provincial. El gobernador les pidió a los senadores que aprueben el endeudamiento y la reforma tributaria como condición necesaria para hacer una oferta salarial a los gremios estatales. El PJ en la Cámara alta marcó la cancha. "No fueron de mi agrado las declaraciones del gobernador. El sabe que trabajamos responsablemente", disparó el senador por el departamento Las Colonias, Ruben Pirola, y dijo que "la matriz impositiva de Santa Fe alcanza para cubrir esos aumentos que están en discusión". El resultado fue que ninguna de las iniciativas fue tratada esta semana.

En forma paralela, la deuda histórica de la Nación con Santa Fe, valuada en más de 50 mil millones por el gobierno provincial fue apenas sugerida por algún funcionario nacional como tema para discutir en los próximos días. Enancados en esta promesa, los integrantes del Estado santafesino votaron el consenso fiscal que le recorta soberanía a la provincia.

Pero la política económica no sólo necesita de la resignación de los gobiernos, nacional y provinciales, sino también del disciplinamiento social. El conflicto de Cargill que esta semana tuvo una nueva audiencia en el Ministerio de Trabajo local y que seguirá la semana que viene en Buenos Aires, no tiene origen económico, ni financiero ni tampoco de reestructuración fabril. Apunta a la rendición incondicional del gremio más progresista en defensa de sus afiliados, como es el Sindicato de Trabajadores Aceiteros de Rosario. Cargill quiere despedir sin razón porque siente que el gobierno nacional lo avala y lo protege. Van por la espina dorsal del convenio colectivo del sector y por la eliminación de las pautas de producción que alguna vez fijara el gremio.

Un disciplinamiento laboral que se explica como base de sustentación de la política de transferencia de ingresos que queda tan a la vista como ocurrió esta semana cuando en medio de una paritaria peleada y a la que el gobierno pretende ponerle un techo en el 15%, la compañía Litoral Gas pide un aumento del 54% en la tarifa. Ante semejante arremetida, la marcha del 21 se llena de sentido político.

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