Economía

Devaluación y ¿recesión de la actividad económica?

Si este fuera el escenario de 2018, entonces la retomada del nivel de actividad sería un objetivo lejano.

Domingo 15 de Julio de 2018

Tradicionalmente, las devaluaciones en la Argentina estuvieron asociadas a traumáticos procesos recesivos, debido a la caída del consumo y la inversión, sin que las exportaciones hayan reaccionado lo suficiente, en buena medida porque las mejoras de tipo de cambio real han sido poco duraderas. Si este fuera el escenario de 2018, entonces la retomada del nivel de actividad sería un objetivo lejano. El riesgo existe, y no puede ser ignorado.

Sin embargo, si esta crisis se encamina hacia un cambio persistente de precios relativos, habrán de aparecer vectores que permitirán una recuperación no tan distante en el tiempo. Aunque el consumo está sufriendo una caída, los indicadores de producción no necesariamente tienen que mermar en igual proporción, porque habría más salida por el lado de las exportaciones o por la sustitución temporal de importaciones. Además, una inflación finalmente bajo control le pondría un piso al deterioro de la demanda interna.

En realidad, el fiel de la balanza está en la dinámica de las inversiones, hoy frenadas por las turbulencias, pero con capacidad de reaccionar en la medida en que baje el riesgo país y que el nuevo set de precios relativos se consolide.

Uno de los autores que mejor analizó a nuestro país, Carlos Díaz Alejandro, fue también quien popularizó la idea de que, en la Argentina, devaluación y recesión son un sinónimo. Sin embargo, esa visión se elaboró a partir de la traumática experiencia de 1958/59, cuando la inflación pasó de 23 % a 130 % de un año para el otro, en buena medida porque a la devaluación de entonces se sumó un drástico sinceramiento de precios y tarifas.

La experiencia del presente es diferente, no sólo por la magnitud de la inflación esperada (30% anual a fin de diciembre, según la encuesta del BCRA), sino por los cambios en la estructura de la economía, la importancia que ahora han cobrado actividades de servicios como el turismo y el rol que pueden jugar los movimientos de capitales. En aquellos años, la canasta exportadora del país no era mucho más que trigo y carne, por lo que la devaluación pegaba de lleno en los precios locales de los alimentos. En el presente, subsiste esa ligazón, pero la oferta es mucho más diversificada y, además, en casos relevantes, mayor exportación no implica desabastecimiento local, sino lo contrario.

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