Economía

Deuda, fuga, ajuste y palo: la batalla cultural

Los tiempos en que el ministro de Producción, Francisco Cabrera, arengaba contra la consigna de "Vivir con lo nuestro", para justificar la apertura importadora y el endeudamiento, parecen haber quedado atrás.

Martes 29 de Mayo de 2018

Los tiempos en que el ministro de Producción, Francisco Cabrera, arengaba contra la consigna de "Vivir con lo nuestro", para justificar la apertura importadora y el endeudamiento, parecen haber quedado atrás. Con el resumen de la tarjeta bajo la puerta, luego de dos años de "vivir de prestado", la nueva consigna del gobierno nacional es acelerar el ajuste fiscal y privado para componer los desequilibrios provocados por "la cultura argentina de vivir por encima de sus posibilidades".

El desplazamiento discursivo encripta otra vuelta en el giro proselitista que realizó el oficialismo luego de las elecciones de 2015. Así como los tarifazos y las megadevaluaciones sepultaron rápidamente el
juramento en contrario que realizó el debate presidencial, las medidas anunciadas para lograr una tregua en la reciente crisis externa, tensionan el contrato electoral con una base electoral que se enamoró de luchar contra las restricciones cambiarias del gobierno anterior, contra los adelantos del
impuesto a las ganancias que se aplicaban a los viajeros, contra los impuestos y gabelas a los sectores económicos de mayores ingresos y contra los cupos a la libre importación de bienes.

La liberación sin cortapisas de los "cepos" tuvo como resultado un déficit de cuenta corriente de 30 mil millones de dólares anuales, que se cubrió con deuda hasta que el crédito se cortó y ahora exige programas de ajustes en el presupuesto público y el ingreso del sector privado, adicionales a los que ya se aplicaron. Buena parte de esta entente que llevó a Macri a la Presidencia, pensaba que la penalidad por "comprar celulares y viajar al exterior con un sueldo de trabajador" era para otros. Ahora se termina de anoticiar que el apocalipsis amarillo también era para ellos.

En la ausencia de logros económicos, el gobierno apela a ganar la batalla cultural contra "nuestra costumbre de vivir por encima de nuestras posibilidades". El uso de la primera persona del plural es una concesión publicitaria en un equipo gubernamental que defiende su derecho al atesoramiento en el exterior, los blanqueos a medida, la proliferación de cuentas en paraísos fiscales, las vacaciones en destinos paradisíacos y el vínculo estrecho entre decisores de políticas públicas y las empresas para las que trabajaron o trabajan.

Más allá de las fantasías, el gobierno de los ricos no es inocuo en materia económica. Un repaso por la evolución del gasto público nacional en los últimos dos años permite ver que, en términos del PBI, se registró una caída del déficit primario, desde el 4,3% al 3,8%. Pero el rojo fiscal total subió de 5,6% a 6%. Esto se explica porque la caída del gasto primario nacional desde el 24,5% del producto al 22,8%, merced al recorte en esa participación de subsidios, gasto de capital (obras) y salarios del sector público, fue neutralizada por la reducción de ingresos fiscales producidas por bajas en Ganancias y retenciones, y por el aumento en el peso de los intereses de la deuda. En 2018, un ítem
que se había mantenido e incluso incrementado por la reparación histórica, como el de las prestaciones de seguridad social, entran en el tijeretazo a partir del cambio de régimen de la movilidad jubilatoria.

El ministro de Finanzas, Luis Caputo, se elogió en el último congreso del ejecutivos de finanzas por haberse anticipado al reciente sacudón financiero internacional tomando deuda temprana por u$s 9 mil millones. Es el mismo monto de reservas que se vendieron con un techo de 20 pesos a inversores financieros que desarmaron sus posiciones en Lebac para fugar sus divisas valorizadas con el resultado de la bicicleta financiera.

Es decir que el gasto sube por la deuda, la deuda financia la fuga, la fuga es protagonizada por quienes tienen divisas o ingresos atados al dólar, entre los cuales están los que deciden esta política. Al resto, les queda la deuda, y una suerte de mandato bíblico de pagarla con su sacrificio. Una penalización que no sólo se juega en el presupuesto público sino en el ingreso privado.

Es un dato contundente el de la Universidad de Avellaneda que midió la caída de más del 30% del salario mínimo en dólares en los últimos dos años. Por si la religión no alcanzara, están los palos. La represión a trabajadores de Cresta Roja, del Inti y del subte porteño adelantan los términos del "gran
acuerdo" para bajar el déficit.

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