Economía

Desigualdad, en clave de género

Corina Rodríguez Enríquez, investigadora del Conicet, analizó el mecanismo de explotación del trabajo de cuidado no remunerado.

Domingo 03 de Junio de 2018

En tiempos en los que el feminismo gana la calle y pone en cuestión las imposiciones de una sociedad ordenada bajo los dictámenes del "patriarcado", la economía feminista aporta a la discusión un dato contundente: la forma de organizar el trabajo en el modelo capitalista es inequitativa e injusta para las mujeres. Detrás de esta consigna hay una catarata de datos empíricos que se fueron acumulando a lo largo de la historia y que muestran cómo el trabajo doméstico y de cuidado fue culturalmente asignado al sexo femenino y nunca se puso en cuestión el valor económico que representa.

"El trabajo de cuidado no remunerado que se realiza dentro de los hogares, y que mayoritariamente hacen las mujeres, constituye un subsidio a la tasa de ganancia y a la acumulación del capital, y es un vector que reproduce la desigualdad de género", dijo la economista Corina Rodríguez Enríquez.

Así, puso en términos de análisis académico una postal cotidiana, el de esa mujer que no sólo parió un hijo sino además que lo alimentó, lo cuidó y en el plano de lo simbólico, le enseñó conceptos como el respeto a la autoridad o el cumplimento de los horarios cuando le explicó que era necesario bañarse con regularidad, levantarse a determinada hora para ir a la escuela o hacer las tareas si no quería reprobar.

"Sin este trabajo cotidiano que permite que el capital disponga todos los días de trabajadores y trabajadoras en condiciones de emplearse, el sistema simplemente no podría reproducirse", agregó la investigadora de Conicet y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y peor aún "para la economía ortodoxa, este trabajo se encuentra invisibilizado", agregó.

La economista, quien es titular de la cátedra "Economía y Género" de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires -una materia de grado cuyo nombre real, según dijo, es "Economía Feminista" pero por las resistencias propias de los aparatos burocráticos formalmente no se denomina de esa manera- aseguró que desde un abordaje más detallado sobre el trabajo doméstico y de cuidado y su contribución a la reproducción de la vida cotidiana, no sólo se busca visibilizar las inequidades que enfrentan las mujeres en un modelo capitalista, sino además aporta elementos para "transformar la realidad", algo que "no debería ser sólo una preocupación de las mujeres o de la lucha feminista, sino de los que quieren una sociedad más justa", dijo.

Y justamente por eso fue categórica: "La economía feminista, es una economía para la transformación", para contraponerlo a los parámetros de la ortodoxia que "está atravesada por relaciones de poder y mandatos de género" y "las decisiones de la mujer están vinculadas al mandato de la maternidad o a la culpa de no poder llevarlo adelante", dijo Rodríguez Enríquez.

Invitada para la actividad inaugural del Area de Género de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y el Area de Mujeres, Género y Diversidad Sexual de Coad, Rodríguez Enríquez - también integrante del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp)- se enfocó justamente en el análisis de los aportes de la economía feminista al abordaje de la desigualdad.

Y sus investigaciones aportan datos empíricos que van al hueso, ya que interpelan a la propia cultura, esa que da por sentado que las actividades de cuidado está destinado a las mujeres y las relega en su participación en el mercado laboral. Lo hace a través de un análisis detallado sobre el "uso del tiempo" de mujeres y varones y echa por tierra la idea de que esto es un ejercicio "de preferencias o elecciones", cuando en rigor es una forma ancestral de "división sexual del trabajo".

"¿Cómo se organiza ese trabajo?", indagó la economista y señaló que en la reproducción cotidiana de la vida intervienen el Estado, el mercado y la comunidad. Pero "la evidencia empírica muestra que la organización social del cuidado es injusta", porque hay una distribución desigual entre varones y mujeres. "El peso mayor se delega en los hogares y además, porque el consenso porque el consenso social indica que ese es el ámbito preferido para esas tareas y, dentro de eso , la responsabilidad mayor es de las mujeres", agregó y además aportó otro concepto "La organización social del cuidado es un vector de la reproducción de la desigualdad".

Esto es así porque reproduce las inequidades entre los sectores de menores recursos y dentro de ellos en el universo femenino. "Las mujeres que tenemos recursos económicos podemos comprar los servicios del cuidado en el mercado, por ejemplo alguien que cuide a los hijos, y por ende tenemos mayores posibilidades de hacer uso de nuestro tiempo y podemos elegir (la maternidad, por ejemplo), y eso reproduce un círculo virtuoso de posibilidades", dijo Rodríguez Enríquez. Por el contrario, "las mujeres ganan menos, no pueden comprar cuidado en el mercado, tienen menos libertad para elegir el uso de su tiempo y eso reproduce un círculo vicioso de desigualdades", agregó.

Por eso, consideró que esto "no debería ser una preocupación sólo de las mujeres o de la luchas feministas, sino de los que quieren una sociedad más justa".

Pero, además de profundizar esa brecha de género en el mercado laboral, esta forma injusta de organizar el cuidado, en términos económicos también es un problema "porque subutiliza esa fuerza de trabajo, para la cual en muchos casos el Estado o la sociedad invirtió recursos", dijo la economista. Y señaló el caso de mujeres que no trabajan pese a que dedicaron muchos años de estudio porque tienen que dedicarse - y en general con poca libertad para elegirlo - al cuidado.

Frente a eso, Rodríguez Enríquez aseguró que no se trata de que la mujer se desligue de funciones como la vida o el propio cuidado, pero sí de que tenga la libertad para elegirlo.

"La propuesta no es dejar el cuidado, sino algo más emancipador que sería crear las condiciones para que las personas puedan elegir", dijo la investigadora y detalló que hay tres caminos a través de los cuales indagar para empezar a modificar la situación actual.

El primero es plantearse seriamente que el trabajo de cuidado "sea remunerado". En ese sentido consideró que la experiencia argentina del salario para las amas de casa "fue un avance" así como el plan de inclusión previsional. "Allí se comprobó que el 80% de las que se presentaron fueron amas de casa que toda su vida se habían dedicado a hacer tareas domésticas y de cuidado no remuneradas", dijo la economista. Aunque consideró que "también fue una oportunidad perdida para plantear el tema en profundidad porque no se discutió el trabajo no remunerado de las mujeres", aseguró Rodríguez Enríquez.

Un segundo aspecto, sería avanzar en "políticas públicas para la organización social del cuidado". Allí estarían incluidas, por ejemplo, la equiparación en tiempo de las licencias de maternidad y paternidad o espacios de servicios de cuidado aportados por el Estado, como los que hoy existen en Uruguay donde funciona un sistema nacional, por ejemplo, para niños de 0 a 3 años o asistencia domiciliaria para adultos mayores o discapacitados estatal y, además, una profesionalización del trabajo de cuidado.

Y finalmente, Rodriguez Enríquez planteó un tercer punto, nodal en el abordaje del tema como "acelerar la transformación cultural y los cambios sobre los estereotipos de género que tengan una correspondencia social con el cuidado", dijo y dio un ejemplo: "Si se amplían las licencias por nacimiento para un varón pero sus compañeros de trabajo o sus superiores se burlan de las tareas que en ese tiempo realiza, poco se puede avanzar en esto".


Varios planos

El abordaje sobre la "organización social del cuidado", como definió Rodríguez Enríquez al trabajo cotidiano doméstico y de cuidado de niños, ancianos o enfermos que la sociedad asume casi naturalmente que debe ser encarado por una mujer, es solo uno de los planos de análisis de la economía feminista, que según dijo la especialista, abarca análisis, micro, meso y macroeconómico.

Desde lo micro, la economía feminista analiza "la toma de decisiones internas dentro de los hogares y discute los parámetros de la economía ortodoxa que está atravesada por relaciones de poder y mandatos de género", dijo Rodríguez Enríquez y señaló que en ese marco "las decisiones de la mujer están vinculadas con el mandato de la maternidad o la culpa por no poder llevarlo adelante", dijo.

También explica la dinámica de la oferta laboral, las condiciones de vida de los hogares (la pobreza) y la feminización de la pobreza.

Desde el punto de vista del nivel meso de análisis, la economía feminista, estudia la brecha de género en el mercado laboral y el aporte que en ese marco hace la organización social del cuidado, que es trabajo no remunerado, como también la brecha de género en la protección social.

En el enfoque macroeconómico, la economía feminista estudia la dimensión de género y busca visibilizar el impacto de la globalización económica sobre la vida de las mujeres, así como la explotación de muchas mujeres oficia de ventaja comparativa para empresas y países. Tal el caso de las industrias manufactureras orientadas a la exportación, basadas en el modo de producción de maquilas. Pero también el impacto de las políticas comerciales y de liberalización financiera, de las políticas fiscales, de gasto público y tributarias.

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