Domingo 19 de Diciembre de 2021
El éxito inicial de la ley de convertibilidad en contener la inflación a principios de los 90 consagró la hegemonía absoluta de los economistas de la city en los debates de la década. Ese monopolio contribuyó a extender la convertibilidad hasta el límite de la explosión.
En su libro “Cuando los economistas alcanzaron el poder”, la socióloga Mariana Heredia investiga la construcción histórica de esta suerte de casta que oponía la economía como “un orden natural, predeterminado y determinante”, contra una sociedad y la política que, por oposición, eran “ajenas y nefastas” para el equilibrio de ese orden.
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Como “portavoces del principio último de determinación, se posicionaron como un actor social que subsumió la agenda política a “los relatos legitimantes emanados de esta disciplina”.
“Los economistas son fuertes cuando la autoridad política es débil”, enfatiza Heredia. Y sigue: “Hasta diciembre de 2001, la concentración de decisiones en el equipo económico tuvo como contrapartida el vaciamiento del espacio público”.
El modelo de los 90 “devino en nuevo orden político” y el debate fue monopolizado por un tipo de economista, “el vinculado al «mainstream», a esa confianza casi irreflexiva en las virtudes de los mercados desregulados”, subrayó. Esa Fe tuvo sus consecuencias. Por ejemplo, la autocensura. “En los finales de la convertibilidad, cuando una gran cantidad de economistas consideraban que el tipo de cambio fijo no se iba a poder sostener, lo callaban porque temían que hubiera una corrida cambiaria”.
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En la campaña electoral del 99, recuerda, “sólo tenían derecho a opinar los expertos en economía y los grandes empresarios”. Y para ellos el balance de la década era virtuoso. “Dos años después todo se caía a pedazos, y se llega al paroxismo con el regreso de Cavallo, en 2001, como un salvador de la patria”, concluyó.