Domingo 30 de Enero de 2011
Primero optimismo y luego incertidumbre. Los 1.700 altos ejecutivos que asisten al Foro Económico Mundial de Davos todavía no terminaban de celebrar la recuperación de sus beneficios empresariales, cuando los expertos los confrontaron con sus peores vaticinios para el futuro.
Ya sean los desequilibrios en las balanzas de pago, el abultado endeudamiento de los Estados, las especulaciones contra el euro, las carencias de materia prima o el aumento de los precios alimentarios y energéticos: en las discusiones entre los 2.500 invitados nadie pudo decir con certeza cuál es el mejor camino a seguir.
El éxito de Davos consistía ya en hablar de los problemas. Uno de los más reconocidos economistas, el estadounidense Nouriel Roubini, sólo alcanzó a describir la situación con una metáfora: el vaso está medio vacío y medio lleno, dijo para explicar que las oportunidades y los riesgos van actualmente de la mano.
A pesar de ello, en Davos pareció ganar al final el miedo a una nueva crisis. Uno de los responsables podría ser el fundador del foro, el alemán Klaus Schwab, que había llamado a los participantes a un “optimismo constructivo” durante la inauguración del miércoles. Después, sin embargo, el catedrático de 72 años prefirió hablar de un “macropesimismo” a nivel global, pese al “microoptimismo” de los empresarios.
El foro debía servir por lo demás para aunar las distintas posiciones. Las expectativas occidentales y asiáticas, nacionales e internacionales, así como espirituales y materiales tienen que encontrar un punto en común en Davos, había exigido también Schwab. Dos días después quedó claro que el trabajo conjunto debe demostrar aún su efectividad en la práctica.
El actual presidente del grupo de los 20 principales países industralizados y emergentes del mundo (G20), Nicolas Sarkozy, lo expresó de forma precisa. “El año pasado todos los pronósticos eran pesimistas. Ahora tenemos que mantener la cabeza fría”, dijo el mandatario francés.
La crisis, sostuvo, sólo pudo ser superada gracias a la cooperación en el seno del G20. “La legitimidad del G20 yace en su capacidad de tomar decisiones”, agregó.
La distinta evolución de la coyuntura por ejemplo en Estados Unidos y Europa occidental, donde Alemania se volvió a convertir en la locomotora económica, hace creer a la empresa internacional de asesoría Ernst & Young que ello podría derivar en una menor cooperación internacional. Cada uno por su lado, es el escenario que no descarta la firma.
Por otro lado, los llamados países Bric (Brasil, Rusia, la India y China) gozan de un “boom” económico, aunque no queda claro si al menos en el caso de China ese auge no se apoya en una “burbuja” similar a la que llevó al estallido de la crisis mundial en Estados Unidos.
La “nueva realidad” es un punto de consenso en Davos. Roubini, sin embargo, echa en falta un liderazgo claro, por ejemplo en el G20. Por ahora no está claro si Sarkozy encarna ese liderazgo en el grupo.
En Davos, el presidente de Francia se decantó por lo menos en palabras casi dramáticas por la defensa del euro.
También el mandatario ruso, Dmitri Medvedev, destacó que la globalización fuerza a todos a unir sus fuerzas. Estados Unidos, sin embargo, la principal economía del mundo, apenas si contó con representación política en Davos.