Curia: los riesgos del dólar bajo
Eduardo Curia fue uno de los economistas alineados con el modelo de la posdevaluación que salió primero a advertir que el gobierno debía tomar en serio el problema inflacionario. Ahora, está preocupado por la política cambiaria. El ex viceministro de Economía advirtió que la decisión del Banco Central de planchar el dólar es entendible en la medida que sea una "respuesta circunstancial"...

Domingo 22 de Junio de 2008

Eduardo Curia fue uno de los economistas alineados con el modelo de la posdevaluación que salió primero a advertir que el gobierno debía tomar en serio el problema inflacionario. Ahora, está preocupado por la política cambiaria. El ex viceministro de Economía advirtió que la decisión del Banco Central de planchar el dólar es entendible en la medida que sea una "respuesta circunstancial" a las repercusiones financieras del conflicto agropecuario. Pero advirtió que esa reacción "agrava una tendencia" de apreciación que está minando la competitividad de las empresas.

El asesor de la Unión Industrial Argentina (UIA) estuvo en Rosario para participar de los actos de celebración del 65º aniversario de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (AIM). Advirtió que la "perpetuación" del conflicto agropecuario puede "horadar las expectativas" y sugirió al gobierno "retonificarlas" a través de una política que incluya moderar la demanda nominal y evitar que el dólar se siga depreciando.

—¿Cuánto afectó el conflicto agropecuario a la economía?

—El conflicto, con los decibeles que tomó en los últimos meses, empalmó con algunos problemas que venían de arrastre. Este fenómeno llevó a contaminar bastante el paisaje económico global. Fue como una onda expansiva que afectó expectativas y tuvo repercusión en el frente cambiario y financiero, a punto tal que el Banco Central salió a responder con esta política tan particular de dólar bajo y tasas que se van para arriba. Si bien el nivel de actividad general viene con una inercia impresionante, hubo mordidas al crecimiento. Lo más grave es la perpetuación del conflicto, porque puede horadar las expectativas y tener un elemento de entropía muy grande.

—¿La inflación es la principal variable que afecta la salud del modelo?

—Es el tema urgente pero el tema importante es el cambiario. El problema de la inflación empieza porque se mide con un barómetro muy discutido. Los ajustes salariales para este año, que van del 24% al 35%, traducen una visión tácita de inflación muy alta. Cargan con esa referencia. Esto ocurre con un dólar planchado, que, nominalmente, incluso baja. Esto es muy riesgoso. Quiere decir que tenemos que accionar urgente la inflación, con metas bianuales descendentes, políticas salariales ajustadas a esas metas, políticas fiscales con más disciplina y algún trabajo sobre los subsidios. Pero también hay que dar respuesta en el frente cambiario. El tipo de cambio ya no es claramente competitivo.

—¿Esta política de dólar bajo es de largo plazo o está relacionada con la necesidad de maniobrar en el marco del conflicto con el agro?

—Hay una tendencia que viene de antes de esta situación, y que está marcando una apreciación cambiaria complicada y complicante. Uno quiere creer que frente a esta contaminación ambiental por la crisis agraria, con efectos en el mercado financiero y cambiario, el Central salió a copar la parada. Pero hay que reconocer que en función de una respuesta que suponemos circunstancial se agravó la tendencia.

—Si en algún momento se retoma la política de sostener el tipo de cambio, también impactará en la inflación.

—Estamos en un dilema. El valor de equilibrio del dólar es hoy cuatro pesos. Eso no quiere decir que aliente una macrodevaluación para llevarlo a ese nivel. Quiero marcar el desvío que hay. Hay que ir por partes. Lo urgente es atacar la inflación, luego hay que empalmar con el tema cambiario. Lo que uno tiene que hacer es no perder más paridad y, quizás marginalmente, recuperar algo. Eso se hace con una política de deslizamiento, atendiendo a la inflación interna. No es seguir cualquier inflación sino inflación ordenada. Este es el juego que hay que hacer y los más rápido que se pueda.

—Los gremios aceptaron anclar las expectativas salariales, pero los precios no tienen ancla. ¿Esto no significa que hay otros sectores que tienen resignar ingresos?

—Los gremios hicieron un análisis de la inflación anual y pactaron un salario. En lugar de pensar en un ajuste nuevo todos los meses, los convenios se hicieron al plazo más largo posible, pero cubriéndose como con una prima de riesgo. Por supuesto, si el tema inflacionario trepidara, nadie está exento de un planteo en el último trimestre. En la medida que esto suceda, el costo salarial en dólares volverá a la época de la convertibilidad. En un proceso en el cual, no hay que olvidarlo, si bien baja el desempleo, el empleo crece menos. El tema crucial es que el modelo necesita una demanda fuerte, pero hoy está sobreexpandida. Lo que muchos sectores creen que son ingresos, en rigor son ingresos nominales. Debería tratarse de podar este juego de expectativas, que se realimentan. Entonces, con una inflación esperada que baje, incluso pensando que en este proceso de afianzamiento alguien pudiera perder algo, en definitiva termina ganando. Es importante que la inflación de mañana sea menor que la de hoy. Hoy estamos en una puja de ingresos nominales. Si la sociedad se deja llevar por la alegría de esa puja, estamos fritos.

—¿El sector industrial puede resignar rentabilidad para bajar la inflación?

—Los sectores que eran ganadores del modelo tenían altos porcentajes de rentabilidad. Ahora se ha producido una caída muy clara. Por eso hay que llegar a un esquema de relativa estabilidad en los márgenes de todo tipo. Llegó el momento en que si el gobierno no hace un esfuerzo por lograr que se entienda que estas son las referencias, la puja abierta será cada vez más peligrosa.