Economía

Crisis industrial: un modelo para el desierto productivo

El tipo de cambio ya ni les impacta, porque directamente no compran ni importan.

Domingo 23 de Septiembre de 2018

Hoy se vive un desierto de hambre. Hay muchas empresas metalúrgicas que están trabajando al 20% de su capacidad. El tipo de cambio ya ni les impacta, porque directamente no compran ni importan. La descripción es de Pablo Cerra, el abogado de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) que en estos dos años y medio fue testigo y actor directo de la puja por la sobrevivencia que se vive en ese sector de la actividad manufacturera.

Enrique Bertini (h), titular de la fábrica de sembradoras que lleva su nombre, describe: "En mi planta las máquinas se apilan en el patio, ocupamos el tiempo pintando y limpiando, las pymes están muy mal".

El economista Alberto Seggiaro advierte sobre "una ruptura generalizada en la cadena de pagos". Cheques rechazados, tasas de 80% en créditos personales y de 120% para el financiamiento con tarjetas. En el futuro inmediato se verá, dijo, mayor morosidad.

Las postales de una crisis que todavía no tocó fondo se cruzaron durante una reunión que se realizó a principios de semana en el Círculo Católico de Obreros, en la que estuvieron diputados nacionales y provinciales, y concejales, de diferentes partidos, aunque opositores al gobierno nacional. También participaron dirigentes sindicales, empresarios y referentes de movimientos sociales y agrupaciones barriales. Los une un diagnóstico común sobre el modelo económico y su destino, al que arribaron con sus diferentes tiempos.

"El modelo fue un gran engaño, Macri no asumió diciendo que iba a estar esto", se quejó Bertini. "No me siento engañado porque siempre pensé que el plan del gobierno era este, tampoco espero que cambie", discrepó amablemente Cerra. El economista Seggiaro aportó: "Ya en 2016 el principio el Ministerio de Producción nacional presentó un plan de transformación productiva en la que prácticamente definía cuáles eran los sectores que tenían que desaparecer y los que tenían que sobrevivir".

Los tiempos fueron, en ese intercambio de opiniones, datos menores. El desafío expuesto era otro: cómo presentar una alternativa política frente a este modelo. Y entre referentes de la UOM, mercantiles, de la CTEP y de entidades que agrupan a empresarios, los diputados nacionales Luis Contigiani y Silvina Frana, el concejal Eduardo Toniolli y el legislador provincial Jorge Henn, expusieron sus razonamientos.

"La crisis está, la decisión de presentar una alternativa es política", dijo el radical ex vicegobernador de la provincia. A su lado Toniolli, el edil peronista que preside la comisión de Producción del Concejo, la clave es sencilla. "Cambiemos llegó al poder juntando todo lo que era oposición, nosotros debemos hacer lo mismo".

Para el diputado Contigiani, ex ministro de Producción de la provincia durante el temprano primer pico de la crisis económica nacional, la convocatoria es amplia: "Volver al proceso de desarrollo nacional, con industria, empleo e inclusión, deber ser la meta de construcción política". La diputada nacional Silvina Frana, del bloque del Frente para la Victoria, lo definió por el opuesto: "El gobierno quiere que le aprobemos sin discutir un presupuesto de ajuste y centralista, y dice que si no lo votamos afectamos la gobernabilidad; que es lo mismo que decir que para el oficialismo la gobernabilidad es reducir las transferencias a las provincias, quitar vacunas del calendario, crear recesión y desempleo".

La legisladora puso en discusión una hipótesis que en medio de los debates de la crisis no fue suficientemente expuesta: "El gobierno quiere repetir lo que pasó en 2002 luego de la megadevaluación, pero no dice que la crisis previa de 2001 se desenvolvió con un desempleo del 25% y la pobreza superaba el 50%".

La fantasía oficialista de agudizar la crisis social y económica para recuperarse en base a un tipo de cambio competitivo fue analizada por Seggiaro. "El gobierno hace una lectura de la recuperación económica, la versión más optimista considera que llegará en el segundo trimestre de 2019 y espera que en ese proceso las cuentas externas vayan al equilibrio y se elimine el déficit fiscal primario, antes de intereses", dijo. Y completó: "En esa estrategia, la recesión le pondría un techo a la inflación y el tipo de cambio sería más competitivo".

Es claro que esta nueva versión de la crisis de fin de siglo tiene su contracara. El economista enumeró: redistribución regresiva del ingreso, aumento de la pobreza y desocupación, concentración económica, desaparición de empresas y extranjerización del aparato productivo. No lo mencionó Seggiaro, pero a este último respecto, cabe acotar que este año se vendieron a capitales estadounidenses y brasileños dos empresas importantes de la región, una de maquinaria agrícola y otra de turismo.

En el análisis del "Plan 2002", el economista apuntó al compromiso de política económica que no está escrito en el acuerdo con el FMI: el ajuste inflacionario. "El gobierno tiene que hacer un ajuste de 500 mil millones pero el presupuesto se queda corto, lo que va a terminar de equilibrar las cuentas es la inflación". Y en ese punto, recordó que "en 2002 el déficit fiscal era enorme, pero con inflación y sueldos congelados, la recaudación subió por encima del gasto y en 2003 ya hubo superávit".

La inflación, enfatizó, deja de ser en este punto "un objetivo de política económica, a través de su control", sino "un instrumento de política económica". Por eso, subrayó, el gobierno y el Fondo declinaron presentar una meta inflacionaria para 2018, que a su juicio superará el 50%.

En rigor, recordó, la devaluación y la apertura importadora de 2016 tenía este objetivo, pero como la inflación se comió rápidamente la mejora en el tipo de cambio, esta variable se atrasó y, sumada al endeudamiento, terminó provocando un brutal déficit de cuenta corriente de 30 mil millones de dólares por año. Con una nueva prueba de laboratorio, apunta ahora a ajustar ese desequilibrio, en un mundo más complejo en el que Argentina y Turquía ya fueron ubicados por el propio FMI, en enero, como dos economías "especialmente vulnerables". El experimento está en marcha.

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