Economía

Crisis económica en tiempos de inflación

El 2018 se inicio con un dólar de $ 20 y por estas horas $40, nada menos que un 100 por ciento.

Domingo 16 de Septiembre de 2018

Ya llegamos al último cuatrimestre del año, que se va como un suspiro, rápido. El 2018 se inicio con un dólar de $ 20 y por estas horas $40, nada menos que un 100% es lo que perdió nuestra moneda (devaluación). Una inflación que se estimaba cerca del 18% y ahora si llegamos a 40% hay que "festejar". Por último y para hacer el combo bien explosivo, los salarios en promedio se ajustaron varios puntos debajo de aquella inflación perdiendo poder de compra, también rápidamente.

Este es un escenario de incertidumbre y aplica a todos los planos: social, laboral, familiar. Nos exacerba los mecanismos de alertas, nos cambia el humor y nos vuelve hipersensibles a todo. Una sensación de angustia invade a muchos al ver como el fruto de tanto esfuerzo se derrite a diario y sobre todo cuando poco se puede hacer para evitarlo. Son variables que no manejamos en su mayoría, nos condicionan y obnubilan oportunidades, dejándonos presos del presente y empobrecidos.

Los que ya vivieron varias de estas crisis, reiteran que argentina cada 10 años (o menos) tiene estas estampidas que nos dejan a todos patas para arriba. La experiencia cuenta y da templanza aunque no resuelve los problemas, porque no logramos capitalizar los errores y los volvemos a cometer de forma reiterada. Quizás no aprendemos o bien es un formato de gestión.

Los que son más nuevitos en esta economía, toman temperatura de lo que significa vivir en crisis con algunos momentos de calma. Un aprendizaje que nos desafía a desarrollar habilidades para alejarnos del estado "victimario", y nos de el empuje de asumir el "protagonismo" necesario para sobrevivir, nos convierta en hombres económicos más fuertes y responsables de nosotros mismos.

La economía es una ciencia de corte social y la psicología nos ayuda a entender el porqué de cómo nos sentimos en medio de esta bautizada "tormenta". Para ello, lo más prudente fue conversar con mi amigo el Dr. Ariel Koelbl, quien hizo hincapié en una definición: sensación de fondo.

Esta sensación de fondo, como un proceso orgánico según el cual los receptores sensoriales y el sistema nervioso recibe organiza y representa toda la energía procedente de los estímulos que vienen desde el entorno. Esto brinda información de cómo está funcionando el metabolismo interno respecto a los sistemas: nervioso, sanguíneo, hepático y cardiovascular entre otros. Esto se traduce en expresiones tales como: no me siento bien, estoy angustiado en general, estoy poco contento o me siento con poca energía. Una radiografía real y científica de los tiempos que las crisis nos obligan a reflexionar.

Eso es la sensación de fondo: cuando estoy mal en general a nivel orgánico y mental. Hacemos así una reflexión psico-social sobre la actualidad adonde el entorno (social, económico y financiero) presenta una energía cargada de tensiones e inquietudes que nos provocan desánimo, impotencia y miedo.

Estos estímulos generan un estado global de malestar general en los argentinos lo que lleva a representaciones mentales alejada de expectativas y anhelos positivos.

Vemos las cosas negativas y profecía auto cumplida, rendimos menos o arrancamos mal predispuestos.

Esta incertidumbre y el miedo a lo desconocido (para los más jóvenes) genera preocupación, ansiedad y tensión que se traduce en trastornos físicos como resultados de un proceso del que muchas variables del entorno no podemos manejar y del que no conviene pre-ocuparse, sino que o-cuparse solo de aquellas que si podemos influir.

Volviendo a los estímulos que vienen del entorno en un escenario hostil. Tenemos "problemas" de trabajo, de vivienda, los impuestos, la pérdida del poder adquisitivo, los de vida cotidiana, los gastos familiares y la lista sigue.

Las situaciones laborales nos generan angustia, mal humor, discusiones y en un marco de una sensación de fondo de irritabilidad más una baja tolerancia al que piensa diferente o quien intenta aprovecharse de la oportunidad, nos cegamos en ver lo negativo y nos limitamos a ver que también existen oportunidades a explorar y de la que enriquecernos.

Sumemos al entorno (exógeno) nuestra ansiedad genética (endógeno), otro combo que activa la predisposición y que por lo general desencadena en situaciones de pánico, ansiedad generalizada y fobia social.

Esta ansiedad en general tiene que ver con el futuro, otra variable inmanejable de nuestra realidad. La depresión en general tiene que ver con el pasado (con lo bueno y malo), pero en este momento lo que se activa es un estado ansioso, de melancolía y añoranza en de situaciones mejores "todo tiempo pasado fue mejor".

Por último, los trastornos en estas etapas se materializan en el sueño, no dormimos bien, nos alimentamos a medias, arrancamos cansados y en círculo vicioso se disparan trastornos gastrointestinales, acidez y dolores de estómago.

Lo más importante en estas situaciones, es invertir tiempos y esfuerzos en cuidar nuestra salud mental y física. Tenemos una sola máquina para todo y debemos cuidarla, repuestos no hay y el trayecto amerita estar en condiciones. No perder de vista como nos estamos sintiendo es vital, sea física como psicológicamente, consultar profesionales es lo adecuado.

Las crisis son oportunidades, el mundo la atraviesa. Debemos imponernos el prepararnos cada día para con nuestro eje de físico y mentes alineados, en fortalecer nuestras habilidades y pasar este escenario de turbulencias (ahora económicas) y llegar al otro lado del río, de la mejor manera posible, mas enriquecidos emocionalmente, mas sólidos intelectualmente y más confiados en nosotros mismos ante los desafíos.

Siempre que llovió paro, lo interesante es mojarse lo menos posible.

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