Economía

Conflicto agropecuario: por qué se rebelan los chacareros santafesinos

Los conflictos en las regiones convertidas en zonas rurales a lo largo de la historia argentina generalmente fueron liderados por los actores que se veían desplazados por el modelo productivo de su época y esta nueva disputa no parece ser la excepción.

Domingo 29 de Junio de 2008

Los conflictos en las regiones convertidas en zonas rurales a lo largo de la historia argentina generalmente fueron liderados por los actores que se veían desplazados por el modelo productivo de su época y esta nueva disputa no parece ser la excepción. Es más, el actual conflicto del agro correspondería a una especie de segunda fase de tensión de un esquema que demanda cada vez más escala y que se aceleró abruptamente cuando el gobierno nacional implementó las retenciones móviles.

Esto provocó que aquellos pequeños productores tradicionales que zafaron de su desaparición la década pasada vean ahora amenazada su continuidad, posible gracias a la devalución y a los extraordinarios precios internacionales de los comodities. Y por ello, al menos en el sur de Santa Fe, son los que se han puesto al frente de la protesta.

Esta es la mirada de una experta en el tema, Silvia Cloquell, profesora titular de Sociología Rural de la Facultad de Ciencias Agrarias e investigadora del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario, que expuso durante el congreso nacional de ingenieros agrónomos que se realizó la última semana en Rosario y profundizó posteriormente en una entrevista con LaCapital.

Cloquell y otros profesionales vienen analizando desde hace muchos años las transformaciones de la actividad agropecuaria en el sur de la provincia. Entre otros resultados, produjo el libro "Familias rurales: el fin de la historia en el inicio de una nueva agricultura", y otros trabajos de pronta publicación. De estos estudios surgen datos que permiten entender por qué son estos productores quienes decidieron conducir la más dura protesta agraria de los últimos tiempos y las diferencias con otras peleas que no lograron ubicarse al frente de la agenda pública durante tanto tiempo.

"La protesta fundamentalmente la lideran los pequeños productores del tejido agrario genuino que lograron persistir en la producción, que han renovado tecnología, aumentado la capitalización de sus empresas y alcanzado una cierta eficiencia en esa producción, pero que ahora temen retroceder y caer nuevamente a una situación en que sí estarían en peligro de desaparecer si se les restringe la posilidad de sus ingresos", explicó.

—¿Se puede cuantificar cuántos productores en la provincia se encuentran en esa zona de riesgo?

—La tendencia marca que los productores que están en riesgo de desaparecer son aquellos que tienen menos de 200 hectáreas, si es que no pueden adoptar la tecnología de última generación para la producción de soja.

En un relevamiento reciente pudimos estimar que entre los productores correspondientes a la escala de entre cero y 200 hectáreas sólo el 8% es propietario del paquete tecnológico de última generación. Son los mismos a los que se les hace difícil alquilar campos para ganar escala como demanda el modelo productivo, con más fuerza desde la devaluación. Sólo el 6% de la tierra total puesta en alquiler en la región es arrendada por estos productores. En tanto, entre los de más de 200 hectáreas, un 60% es dueño de la tecnología correspondiente a ese modelo y son los que concentran el 94% de los alquileres.

—Sin embargo, lo que hoy está en discusión en el Congreso y lo que reclaman estos productores no es un cambio de modelo productivo. Tampoco el gobierno pretende modificar el modelo.

—Es así, ellos reclaman que no se les quite de los ingresos que ellos tienen un monto tal que no les permita seguir reproduciéndose en las caracteristicas que lo han hecho: aumentando la capitalización de sus empresas y logrando mayores crecimientos de su propia producción. No plantean modificar el modelo.

—¿Es comparable esta protesta rural con alguna otra en la historia argentina?

—Creo que este es un fenómeno muy particular y muy relacionado a las características de la agricultura en la actualidad. En la cual hay un crecimiento importante de la burguesía agraria, que está defendiendo su posición en el marco de lo que es la disputa de sectores de interes dentro de la Nación. No lo veo conectado a lo que pasó con anterioridad, creo que hay que generar un lenguaje nuevo para una cosa nueva. Porque en realidad es un fenómeno digno de estudio, y muy acorde con la evolución del sector sobre cómo se selecciona cada actor viable para cada coyuntura y cada fase del capitalismo agrario. Pienso que el que salió a protestar es este actor seleccionado, es el que se quedó en la fase de este capitalismo, pero que teme perder las posiciones que consiguió y sale en defensa de sus intereses.

—¿Qué cambió para que la protesta rural tuviera una masividad que no tuvo en los noventa cuando desaparecieron 300 mil productores?

—Las protestas que hubo en los noventa también fueron fuertes, pero no involucraron el tipo de estrategia de lucha que tuvo esta, que incluyó y afectó a toda la población, por los cortes de rutas, el no abastecimiento de alimentos, la no provisión de granos a puertos. Fue muy dura en cuanto a eso y muy unificada además por parte de las cuatro corporaciones, que también aunaron sus demandas en una lucha como la que dió.

Ecos de los 90

Además, como lo resaltó la investigadora a lo largo de su charla, en el conflicto rural de la década pasada ya se observó "el proceso de diferenciación social en la fracción de medianos productores", con la ausencia de los sectores de mayor escala.

"Es en esa época que el Movimiento de Mujeres en Lucha se hace presente defendiendo sus chacras endeudadas, del remate", señaló. Y agregó que "para completar someramente la imagen de globalización, liberal, aperturista, concentradora y excluyente, se da en ese escenario la desaparición de la producción de agentes sociales no viables al sistema".

Ante esa situación los productores familiares apelan como forma de persistencia a la combinación de actividades para sostener sus explotaciones. "Son estrategias que se despliegan para seguir estando, estrategias que son posibles porque no se paga salario y por ende no se calcula la retribución de la tasa media de ganancia", señaló.

Estas explotaciones quedan "cada vez más alejadas del interés técnico y del asesoramiento para su inclusión en la agricultura capitalista" pero poseen "el recurso más demandado a fines de la década y en la posdevaluación, la tierra". Sus dueños son "los agentes sociales agrarios que mayoritariamente se convierten en rentistas".

Mientras que "otros segmentos o fracciones de la burguesía rural crecerán en el marco del modelo".

Cloquell indicó que hacia la mitad de la década del 90 se consolida lo que comienza a denominarse como territorio sojero. "Con la caída de la convertibilidad la expansión del cultivo es posible por varias razones: la introducción de un nuevo paquete tecnológico (semilla transgénica, siembra directa y glifosato) y la consolidación del agente social con capacidad económica para capitalizarse. Ya se había eliminado buena parte de los agentes no compatibles con la construcción de ese territorio y esta eliminación, cabe recordarlo, posibilitó la expansión de otros agentes sociales al liberar tierras de alta calidad en el mercado de alquiler y potenciar los beneficios que otorgaba la devaluación en el tipo de cambio", reseñó.

Al mismo tiempo, la socióloga señaló se difunden en la sociedad nuevas imágenes del campo, "esta vez del campo sojero que se exhibe como una nueva versión de riqueza en el ámbito nacional, visión que oculta todavía la persistencia de actores que están en ese modelo pero cuya pobreza no se exhibe".

"La descomposición de la producción familiar brinda al capital financiero la estrategia de trabajo que necesita, la mano de obra y el capital fijo a través del contrato por labor en cada localidad, convirtiéndose en clases subalternas al proyecto, reservándose los nuevos grupos económicos la inversión de capital variable, comercialización y transporte", apuntó.

Con todos estos antecedentes, la investigadora consideró que "el análisis demuestra que el territorio de producción de soja bajo la modalidad de monocultivo es incompatible con la presencia de las pequeñas explotaciones familiares sin producción a escala en una economía de mercado".

Impresión que compartieron, aunque desde otra posición, los grandes jugadores del sector esta semana durante el Precoloquio de Idea Centro que se realizó en Rosario. Allí la mayoría de los directivos y empresarios agroindustriales consultados reconocieron que de cara a la "optimización" y "eficientización" de la agroeconomía debe pasar por la profundización del modelo de escala y la verticalización e integración de la producción con la industrialización.

Cloquell apuntó que desde el inicio de la modernización rural, la fracción de propietarios pequeños rentistas de tierra se viene manifestando como una característica estructural del sistema. "Estos agentes sociales son productores agropecuarios que han decidido abandonar la producción, fundamentalmente por razones económicas, familiares y por jubilación de los titulares de la producción, en su mayor parte. Otra fracción de estos propietarios es externa al sector, inversores en tierra que no viven en las localidades", detalló.

"La magnitud del excedente económico que se genera es tan importante que la existencia de la renta no puede negarse a pesar de las dificultades para medirse", fenómeno que se despliega fundamentalmente en el sur santafesino desde la devaluación de 2001, dijo.

Los pequeños rentistas

Todo configura un nuevo escenario para los propietarios de tierra en general y para el incremento de los pequeños rentistas en particular. En un relevamiento realizado en el sur provincial por el Grupo de Estudios Agrarios (GEA), del cual la socióloga forma parte, se advierte que la mayoría de los rentistas corresponde al estrato de cero a 50 hectáreas. La variante más relevante para tomar la decisión de ceder tierra es la edad: hay una importante proporción de mayores de 66 años entre los pequeños rentistas, 45% de la población que cede la tierra. "En este caso el ingreso por renta opera como una suerte de ingreso por retiro", dijo.

Otras de las causas más importantes para la decisión de ceder sus campos en arrendamiento (el 48% de las respuestas) es "la falta de herramientas y maquinarias, la imposibilidad de afrontar la inversión, falta de dinero y otros problemas económicos". La mayoría son productores con bajo nivel de capitalización o en proceso de descapitalización.

"Esta matriz contractual (el denominado contrato accidental) limita la viabilidad de las explotaciones que no pueden realizar producción a escala", aseguró Cloquell.

Por lo que estimó que "el límite de tierras aptas para la agricultura y la baja posibilidad de expansión de la frontera agrícola santafesina debería hacerse sobre terrenos frágiles, lo que permite suponer que aumentará la presión sobre las tierras fértiles que quedan dentro de la frontera".

"Esto plantea un sesgo hacia la estrategia de escala, aumento de la renta por mayor demanda de tierras y menor grado de autonomía por parte de los productores en actividad para poner en práctica el cuidado del suelo", consideró, y estimó que "queda claro que al hablar del ambiente y sustentabilidad agroecológico es necesario la implementación de políticas activas y organización institucional requerida para viabilizarlas", además que "la organización de la producción y la razón instrumental que orienta a los agentes requiere de políticas y legislación adecuada para garantizar la sustentabilidad.

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