Economía

"Como sociedad, debemos crear un nuevo contrato"

Domingo 12 de Mayo de 2019

La ex ministra de Economía de Néstor Kirchner fue una figura destacada que participa del Foro. En exclusiva con La Capital analizó el momento, y anticipó una borrador de programa económico para un hipotético retorno de un gobierno bajo el paradigma ideológico nacional y popular.

—Una vez sentado el nuevo gobierno en la Casa Rosada, ¿cuánto puede hacer por propia voluntad y cuánto por fuerza política?

—Un proyecto distinto, en un escenario distinto, debe tener en cuenta con qué diferencia se ganaría una elección presidencial. Si es por pocos puntos o por muchos. Eso cambia el escenario en cuanto a qué se podría realizar, o no, y a qué velocidad. El apoyo político de la sociedad a las medidas es clave.

—¿Usted transitó con Néstor Kirchner una etapa de reconstrucción luego del 2001, qué experiencia le dejó?

—Cuando fue la crisis 2001 no había nada organizado sobre qué hacer. Se fue haciendo, improvisando sobre la marcha. Sobre todo, en cuando a reconstituir un nivel de reservas aceptables. Con todo, la complejidad de 2001 fue mucho menor que la actual porque ahora tenemos al FMI como acreedor de casi 60 mil millones de dólares. En aquel momento fueron 10 mil millones. Y desde ya, la economía no creció tanto en 17 años como para que la incidencia de la deuda sea similar. Es mucho mayor la incidencia de la deuda hoy que en 2001/2002.

—¿Por dónde empezaría?

—La clave es fijar objetivos claros, prioridades. Por ejemplo, si lo principal es crecer e incluir a sectores sociales excluidos, todo lo demás debería quedar subordinado a ese objetivo. Si eso no sucede, olvidémonos de tener vida por los próximos 50 años. La pregunta es cuánto tenemos que crecer y hasta cuándo podemos pagar de deuda sin que nos afecte la posibilidad de incluir. Y cuánto es tolerable a nivel internacional, sin cometer exabruptos. Si no, cualquier fuerza que gane no podrá cumplir sus objetivos políticos. Los ejemplos los tenemos en determinados partidos políticos europeos que hicieron ajustes con exclusión y luego chau, fueron rechazados por los ciudadanos.

—De todos modos, para establecer pronósticos, faltaría saber cómo termina la película actual, en diciembre….

—Es difícil prever lo que vendrá, domina la incertidumbre. Lo único que planteamos como hipótesis de trabajo es que el gobierno cambiará en diciembre.

—¿Cómo resolver la encerrona del FMI?

—Crear una nueva relación con el FMI. En ese marco, creo que habría que pensar los peor, en el sentido de que el Fondo no se va a avenir a discutir otro programa que nos deje crecer.

—Respecto de la etapa kirchnerista anterior, ¿qué replantear?

—El tipo de control de capitales será la clave para el nuevo gobierno. Discutir qué falló en el pasado que no se pudo parar la fuga. Y, además, quién fue el responsable de la fuga, para garantizar la sustentabilidad política de lo que viene. Hay experiencias internacionales en ese sentido a tomar en cuenta.

—¿Cómo se siente entre tantos jóvenes economistas heterodoxos, es optimista?

—En los 90 éramos cinco (risas), expresando estas ideas. Ahora veo que tenemos un gran elenco de jóvenes planteando en los medios la posibilidad de aplicar un programa heterodoxo para el crecimiento, desarrollo e inclusión. Me pongo contenta cuando veo a las nuevas generaciones.

—¿Tiene el pálpito del triunfo opositor?

—Pienso en la hipótesis de que se va a ganar. Pero un gobierno nacional y popular podrá adoptar medidas de acuerdo a la correlación de fuerzas que puede tener. El problema principal es la deuda. Y estabilizar un futuro programa que el mundo lo veo como posible y ejecutable: estabilizar la macro economía. De lo contrario, el dólar tendrá mucha inestabilidad y será difícil transitar ese camino. Con esa lógica nadie invertirá. Y será necesario evitar un planteo de default como sucedió en 2002. También establecer qué se hizo con la plata del Fondo. Esto lo planteo Cristina en el Senado. El próximo gobierno no podrá ir al fondo. Esa instancia quedó agotada.

—Los liberales repiten como un mantra, todo depende de la llegada de capitales extranjeros, ¿cómo lo ve?

—Existe una parte de mito en eso. Tenemos experiencia de desarrollo importante donde los capitales externos no han tenido un rol relevante. Corea, con empresas como Daewo entre muchas otras. La Argentina no es un país sin ahorro. El problema es que la tradición argentina es ahorrar, y luego fugar.

—Luego de 2001 tampoco hubo mucha inversión extranjera….

—Correcto, y se creció sin inversión extranjera. Lo que viene será similar. La pregunta es ¿para qué vas a invertir?, si tenés casi un 50% de capacidad industrial ociosa. Lo que necesitás es capital de trabajo, y capacidad de consumo de la población para arrancar de nuevo. Cuando tenés más demanda de zapatos, ropa, bebidas, se reinicia la rueda de producción y consumo.

—Amplios sectores de clases medias y altas, incluso populares, tienen la cultura de comprar dólares, ¿qué hacer con eso?

—Salir de la cultura de “la libertad” de compra es complejo. Resulta que Macri trajo la novedad de que es posible comprar hasta cinco millones de dólares, pero parte de la clase media que pedía salir del cepo ahora no puede comprar ni un litro de leche, no puede pagar la luz ni el gas. Acá también habrá que elegir y que la gente pueda comprender cuáles son las prioridades. Incluso en defensa propia. Sin embargo, no es que el argentino promedio sea “malo” y ahorre en dólares. Es natural que la gente busque ese resguardo. Sin embargo, como sociedad, debemos crear un nuevo contrato. Se trata de uno de los enigmas que tendremos que resolver.

—¿Los economistas opositores tienen diferencias insalvables o matices?

—La diversidad de miradas que hoy tenemos en el campo opositor entiendo que son de matices, y que nos podemos poner de acuerdo. Hay miradas más radicales, tal vez rupturistas. Pero todo se relaciona a una determinada correlación de fuerzas.

—¿Hay visiones más radicales, y otras moderadas?

—El nuevo gobierno, en el caso de cambiar el signo político, no “bajará de la Sierra Maestra”. Le sucedió a Kirchner en 2003, que inicialmente perdió las elecciones con Menen, sin embargo, luego fue construyendo legitimidad y pudo avanzar con muchas transformaciones. Hubo compañeros que nos planteaban por qué no nacionalizábamos el comercio exterior, o por qué no nacionalizábamos los bancos. Sin embargo, no éramos un gobierno revolucionario, nunca tuvimos ese tipo de consenso en la sociedad. Respecto de lo que viene, se verá hasta dónde se llega en consensos que permitan profundizar medidas siempre teniendo en cuenta que se efectivas. A la gente, a los votantes, hay que explicarles las líneas económicas a seguir. No es necesario hacerles un cuentito cerrado con detalles sobre cómo será el futuro. Porque nadie tiene precisiones sobre el futuro.

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