Economía

Claves para comprender cómo funciona la cadena frutihortícola

El precio de las frutas y especialmente el de las hortalizas ha dado que hablar en los últimos tiempos, tanto por el desabastecimiento que ha ocurrido hace unos meses, como por el excedente que hay actualmente.

Domingo 27 de Enero de 2008

El precio de las frutas y especialmente el de las hortalizas ha dado que hablar en los últimos tiempos, tanto por el desabastecimiento que ha ocurrido hace unos meses, como por el excedente que hay actualmente. Ambas situaciones producen precios muy altos y muy bajos, perjudicando a los consumidores, productores y otros eslabones de la cadena.

En primer lugar es necesario tener en cuenta que las frutas y hortalizas son productos perecederos y su precio está en función de la oferta y de la demanda. Pequeños excesos de producción hacen que los precios bajen excesivamente, pues el público no podrá consumir más aunque los precios sean bajos; tampoco puede almacenarlos dado que son productos perecederos. Cuando la oferta es escasa los precios son altos; algunos productos principales como, por ejemplo, la lechuga y el tomate, son difíciles de ser sustituidos por otros, principalmente en el canal Horeca (hotelería, restaurante y catering), haciendo que los precios no bajen.

Hay distintas causas que explican las grandes variaciones de los volúmenes y precios como, por ejemplo, las condiciones climáticas, tales como las lluvias, vientos, heladas y granizos afectan a los cultivos hortícolas y por las características de los mismos, el impacto en los niveles de producción son mayores que en otras actividades agropecuarias (ganadería, agricultura extensiva, etc.).

Cultivos como la lechuga pueden ser afectados en su totalidad—un ejemplo de ello fueron las lluvias excesivas otoñales del año pasado, que luego se continuó con un invierno muy frío— lo que produjo precios muy altos durante el otoño, invierno y parte de la primavera.

Estas heladas muy intensas en todo el país, aún en regiones del norte, redujo la superficie y producción de las tomateras, con precios muy altos durante toda la primavera. Por otro lado, para esta misma especie, la mayor superficie cultivada y las adecuadas condiciones climáticas han dado como resultado una mayor producción a fines del año pasado y en el presente, con precios que no permiten cubrir los costos. A modo de ejemplo, el costo promedio (mayorista) de un kilogramo de tomate producido bajo invernadero, suponiendo altos niveles de rendimientos y gastos normales, son superiores a $1 el kilo y desde hace unos meses no es posible obtener este precio a nivel de los mercados concentradores.

Una forma de reducir los daños causados por el clima, es a través de las producciones bajo invernaderos. Sin embargo son pocos los productos que puedan tener rentabilidad con este sistema productivo y requieren altas inversiones (alrededor de 150.000 $/ha) a las que el productor generalmente no puede acceder, por problemas económicos o financieros (falta de crédito).

La decisión de siembra

Otra causa de la oscilación de los precios es la decisión de siembra. La misma no está programada a nivel de país, región o finca, ya que los precios adecuados en algunas hortalizas estimulan a aumentar la superficie de siembra por lo que al momento de la cosecha la superproducción produce un efecto contrario.

En algunas hortalizas de ciclo muy corto (zapallito, lechuga, rúcula, etcétera), los precios pueden tener grandes oscilaciones en pocos días o aún en el día. Una de las formas de ordenar las siembras para mantener la estabilidad de la producción, es a través de la centralización por algún organismo oficial, como ocurre en Japón, con una economía más centralizada, de mayores controles y con mayor información; en nuestro país parece inviable.

En países europeos se logra mayor estabilidad de la superficie sembrada por la participación de las plantas de empaque, estas negocian anticipadamente grandes volúmenes de producción con la gran distribución y las siembras se hacen en función a estos contratos.

Lo cierto es que las variaciones de precios perjudican a productores y consumidores que son la variable de ajuste de los desórdenes producidos en la cadena. Cuando los precios son altos, los productores generalmente no tienen producción (sólo unos pocos favorecidos por las condiciones climáticas o el azar) y cuando sus cosechas son abundantes, los precios son tan bajos que no cubren los costos. A su vez los bajos precios a nivel mayorista no se reflejan a nivel del consumidor, explicados por una serie de puntos, entre ellos: las altas pérdidas poscosecha y los altos márgenes que aplican la distribución mayoristas y minoristas para generar ingreso suficiente y sostener competitivo el negocio.

Una mayor organización será necesaria para la cadena frutihortícolas, con un papel importante de las instituciones públicas y privadas, con mayor información y capacitación. Solo de esta manera el productor podrá lograr competitividad para seguir haciendo su trabajo y el consumidor recibir los productos con la calidad y precio que se merece.

 (*) Docente e Investigador de la UNR y director del Proyecto Hortícola de Rosario

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