Bajo la lupa

Caputo, el FMI y el fracaso

Si el primer acuerdo con el FMI terminó en un completo fracaso, el segundo debutó con una crisis política.

Domingo 30 de Septiembre de 2018

Si el primer acuerdo con el FMI terminó en un completo fracaso, el segundo debutó con una crisis política. La renuncia de Caputo al Banco Central no es una anécdota ni una pelea. Concentra todos los elementos del derrumbe económico macrista. Caputo comandó las operaciones de endeudamiento del gobierno en favor de los fondos especulativos. Lo hizo bordeando los dos lados del mostrador, como lo demostraron las revelaciones sobre su participación como socio o apoderado de esos fondos en paraísos fiscales.

La última de estas operaciones fue gestada en ocasión del primer acuerdo con el FMI. Entonces, Caputo convenció a varios de los principales fondos especulativos del mundo —Templeton, BlackRock, Pimco— a traer fondos a la Argentina, bajo el señuelo de que el acuerdo aseguraría una estabilidad cambiaria y —con tasas de interés del 45 por ciento— rendimientos jugosos en dólares, al menos por un período.

Pero la promesa de Caputo a sus ¿ex? socios resultó un fiasco: en apenas dos meses, el dólar subió de 24 a 40 pesos. Caputo intentó entonces contener la evolución del dólar para aminorarle a los fondos los daños de una salida de Argentina. Y lo hizo a costa de una nueva sangría de divisas: la "estabilidad" cambiaria de las últimas semanas se sostuvo sobre la venta de 200 a 300 millones de dólares por día. Caputo —¡y Macri!— aspiraban, en última instancia, a recrear un nuevo financiamiento internacional, y darle aliento a un régimen en terapia intensiva. Naturalmente, y para que esta operación prosperara, había que arrancarle al FMI un acuerdo "generoso".

Sin embargo, el FMI les cortó el rostro: el "gran" anticipo de fondos del organismo se reducirá a un monto menor. El FMI sólo auxilia para el pago de los vencimientos de deuda. Por lo demás, ha ratificado que el valor del dólar debe "fluctuar libremente", o sea que la desvalorización del peso —y por lo tanto de los salarios y jubilaciones— debe ir tan lejos como lo indique la bancarrota argentina.

Macri aprovechó su viaje a Washington para lanzar su candidatura a la reelección. Los anfitriones lo aplaudieron, pero —a través de Lagarde— le hicieron ver que primero deberá rescatar a los acreedores de Argentina. El régimen político deberá adaptarse a esa exigencia, y no al revés.

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