Economía

Brasil bajo fuego: la pelea por el cambio de ciclo

El más vulnerable de los grandes países emergentes, conocidos como Brics, es una plaza clave a conquistar por la alianza política y económica que se entusiasma con un fin de ciclo global. 

Domingo 09 de Agosto de 2015

El ataque especulativo contra el real, que articula prolijamente con la crisis política propia en Brasil, es el más reciente frente de batalla en la disputa por la reestructuración de las relaciones económicas globales.

El más vulnerable de los grandes países emergentes, conocidos como Brics, es una plaza clave a conquistar por la alianza política y económica que se entusiasma con un fin de ciclo global. Preludio del regreso de aquellos postulados que guiaron la revolución neoconservadora de los 80, con restricción monetaria, tasas de interés alta, financiarización del proceso de acumulación, ajuste, distribución regresiva del ingreso, desempleo, desregulación financiera, libre tránsito del capital pero no de las personas, erosión del poder de negociación de los sindicatos, organizaciones sociales y Estados democráticos, y la construcción de un sistema político que permita una feroz recomposición de la tasa de ganancia empresaria sin molestos arbitrajes públicos y sociales.

La caída del precio de las materias primas, los límites del modelo económico en vigencia y las consecuencias de las políticas monetarias que desplegaron los gobiernos de los países centrales para salir de la crisis de 2008, amenazan seriamente la salud del ciclo que acompañó a las economías sudamericanas desde principios de siglo. Y con ello, a la propia hegemonía política construida durante todos estos años. Va de suyo lo que significa Brasil en ese contexto político y económico de la región. En la mayoría de los casos, y el país vecino es un claro ejemplo, las medidas de reparación e inclusión económica y social fueron livianos bocetos de la fuerte institucionalización económica de los años gloriosos de la economía mundial de la segunda mitad del siglo pasado.

Pero eso bastó para alimentar una reacción restauradora que fue ganando en ferocidad y que ve ahora la oportunidad de recuperar, incluso por la vía rápida, la conducción del Estado.

El programa que está detrás de esta movida no es novedoso ni incierto. Fue desplegado con distintas versiones desde el período de los golpes de Estado de los 70 hasta las grandes crisis de fines de los 90. No hay sorpresas, más allá de los discursos, respecto de lo que se verá si tienen éxito.

Esta valoración es autónoma de la que se tenga sobre el presente de los gobiernos de la región. No se trata de reducir todo una batalla bíblica entre el bien y el mal en juego. Sí es claro que hay en juego paradigmas de políticas públicas, que tienen sus consecuencias políticas, económicas y sociales.

El gobierno de Dilma Rousseff enfrentó su peor semana. El real se devaluó sin encontrar piso, a pesar del aumento de las tasas de interés. Los datos de la economía real no dejan de evidenciar la profundización de la recesión, la fuga de capitales se agudiza y las calificadoras de riesgo, indemnes a sus papelones durante la crisis financiera internacional, se aprestan a darle el golpe final bajando la nota de deuda. La reacción política no se hizo esperar: más denuncias, juicios, rupturas parlamentarias y la preparación de un escenario para la salida anticipada del poder.

Las consecuencias para la economía argentina son enormes. Advirtió el economista Miguel Bein durante su reciente paso por Rosario: Brasil no devalúa por decisión de política económica, el real se deprecia sin control por la fuga de capitales. Ergo, las salidas facilistas basadas en atar el valor del peso a la devaluación brasileña, tienen algo de ilusión.

Ciertamente, la protección contra los efectos del fin de la burbuja de las materias primas, requerirá medidas más complejas que la manipulación del tipo de cambio. La preservación del mercado interno, por medidas de aliento a la actividad económica, la protección industrial, el control del comercio exterior y la defensa de las reservas son parte de la artillería. Muy lejos del programa que propone apilar y cumplir sin cortapisas las demandas, muchas veces contradictorias, de los sectores que tienen excedentes para valorizar. Levantar el cepo inmediatamente, devaluar para los exportadores pero subsidiar el dólar a importadores y turistas, pagar toda la deuda, tomar nueva deuda, liberar totalmente el comercio exterior pero proteger a los grandes grupos industriales, bajar impuestos, achicar el gasto, aumentar tarifas, suprimir paritarias, desmonetizar y bajar la inflación pero sin afectar la actividad y el derecho de los formadores de aumentar los precios, conforman un plan algo riesgoso para estos tiempos.

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